Banderas reversibles

IGNACIO CAMACHO – ABC – 13/08/15

· Un partido no puede enarbolar al mismo tiempo la bandera de la igualdad social y la de la desigualdad territorial.

El Partido Socialista debe su abultada pérdida de relevancia en Cataluña a un doble fenómeno retroalimentado. De un lado, la deriva soberanista emprendida por Maragall y las élites barcelonesas trató de disputarle la hegemonía a Convergencia por el procedimiento suicida de competir con ella en aspiraciones identitarias. Por otra parte y de manera simultánea, la quiebra social de la crisis provocó que los jóvenes inmigrantes de tercera generación se hicieran independentistas sin pasar por el nacionalismo.

Comenzaron a votar a ERC como una forma de protesta radical, casi antisistema, aunque ahora estén desplazando hacia Podemos ese voto de rechazo poniendo en peligro la mayoría del bloque de secesión. Todo ese proceso se produjo de forma acumulativa en este siglo, sin que el éxito catalán de Zapatero fuese otra cosa que un espejismo efímero debido a su insostenible apoyo al delirio estatutario. Cuando el Constitucional frenó –y sólo en parte– el dislate se produjo un desplome inevitable. La confusa quimera maragalliana no le alcanzó siquiera para ganar unas autonómicas; el precio del tripartito fue la liquidación de la vía catalanista y socialdemócrata para acomodar al partido como realquilado en el marco mental de un pensamiento único.

Así se destruyó la mayor fuerza transversal de la política catalana, que abarcaba desde las clases acomodadas de Sant Gervasi a las populares del cinturón industrial. La aparición de Ciudadanos le birló una buena cuota de voto españolista y muchos obreros de Badalona acabaron respaldando a García Albiol. Simplemente el socialismo se quedó sin sitio en Cataluña, jibarizado en un achique de espacios del que sólo lo puede consolar la mala perspectiva del PP. Pero es que el desnorte catalán ha perjudicado también, y de qué modo, al proyecto nacional del PSOE arrebatándole cohesión y creándole graves problemas de credibilidad. El mantra federalista es la abstracta cobertura teórica de esa dificultad para presentarse ante los españoles como un partido unitario con una idea común de país y de Estado. Sin embargo, ante la tensión soberanista, la estrategia de Pedro Sánchez vuelve a las concesiones al particularismo. La asimetría federal es un oxímoron retórico, una contradicción semántica y un desatino político. Una milonga.

Resulta una inmensa paradoja que un partido que enarbola la bandera de la igualdad social pretenda levantar al mismo tiempo la de la desigualdad territorial. La nación de ciudadanos iguales no es compatible con las ventajas identitarias, ni la solidaridad fiscal con los conciertos financieros. Sucede que Sánchez sigue buscando improbables vías intermedias para diferenciarse del PP y, sobre todo, para abrir hueco a posibles entendimientos de investidura con el nacionalismo. Y quizá no piense tanto en los escaños del PSC en el Parlament como en los de Convergencia y ERC en el Congreso.

IGNACIO CAMACHO – ABC – 13/08/15