ABC-IGNACIO CAMACHO

El fraude de los ERE y la lista de Huévar son parte de los planos de un sistema neocaciquil omnímodo y compacto

ANTES de que se quemara la trituradora de papel, exhausta de sobreesfuerzo, en el Ayuntamiento de Huévar del Aljarafe se debió de estropear la calculadora con la que la anterior Corporación socialista elaboraba el presupuesto. Porque un municipio de 2.800 habitantes, en el que se han instalado importantes empresas –Mercadona estableció allí un centro logístico gigantesco–, tiene una deuda de alrededor de treinta millones de euros, hazaña de gestión por la que su ex alcalde fue recompensado en la Junta de Andalucía con el nombramiento de director general de Empleo. Se lo merecía: llegó a colocar a un veinte por ciento de la población de la localidad, todo un récord que proyectaba su brillante carrera más allá del horizonte del pueblo. Como Susana Díaz perdió el poder al poco tiempo no se puede saber, por el momento, si el tipo llegó a exportar al nuevo cargo su viejo método: elaborar un estadillo con la filiación ideológica de todo el censo y contratar a los más adictos a dedo para que el resto aprendiese a situarse en el bando correcto.

Con los documentos que la achicharrada trituradora dejó vivos ha elaborado en ABC Alberto García Reyes la cartografía-piloto del clientelismo. Allí están los nombres y los apellidos de los hervenses que podían ser reclutados en la nómina oficial, con sus correspondientes domicilios: calle por calle, casa por casa y hoja por hoja, esos manuscritos contienen un inquietante catálogo de las inclinaciones políticas de los vecinos. Con su número de hijos y los apodos familiares –El Calambre, Manolito Trenes– con que son conocidos. Todo al detalle; había que conseguir mil votos, el listón de la mayoría absoluta, y cada familia era un objetivo. Más que calambre, el procedimiento provoca un escalofrío.

La pregunta inevitable es la de hasta dónde estará extendido el sistema. Porque sólo con éstas o similares técnicas un partido puede perpetuarse en el Gobierno durante tres décadas y media. Cuando se habla de la maquinaria electoral del PSOE andaluz no se piensa sólo en la destreza propagandística sino en una capacidad de movilización arrolladora y experta, con todos los recursos públicos a su alcance desplegados en una exhaustiva demostración de fuerza. El fraude de los ERE es el paradigma de esa estrategia de compraventa de voluntades en comarcas enteras. Pero el pasado diciembre se produjo una circunstancia inédita: el artefacto clientelar se averió o sus responsables se echaron la siesta y la derecha se coló por la gatera. Cinco meses después, en los comicios de mayo, la lista de Huévar demuestra que alguien decidió tomar medidas –¿a escala local o a otra mayor?– para evitar sorpresas.

Lo sorprendente es que al menos allí no lo lograron. Y la pérdida de esa pequeña Alcaldía ha permitido recuperar los planos del modelo neocaciquil que convirtió la autonomía andaluza en un latifundio de poder compacto.