Después de París

IGNACIO CAMACHO, ABC – 13/01/15

· El combate antiterrorista abre dos debates del diablo en una sociedad debilitada por el pensamiento indoloro.

En las manifestaciones de duelo todo el mundo sale estupendo y más si son en París, siempre tan fotogénica. Rara vez, sin embargo, la unidad de esas marchas de repulsa se prolonga más allá del momento en que se disuelven. En España lo conseguimos durante el «espíritu de Ermua», del que salió el germen del pacto anti ETA, pero luego nos arrepentimos de hacerlo bien y dimos el espectáculo del 11-M, la única ocasión en que un atentado terrorista generó una protesta contra el Gobierno atacado.

Francia consiguió el domingo una gran respuesta emotiva, llena de vibración universal y sentido histórico, pero está por ver que de ella surja un «espíritu del boulevar Voltaire». Ante una masacre como la de la semana pasada es fácil construir un frente de rechazo moral; hay que ser muy fanático –y no faltan en los países islámicos– para no sumarse. Lo que ya resulta más complicado es prolongar la comunión emocional en una respuesta política. Ahí entran en juego los intereses electorales, las alianzas particulares, los prejuicios ideológicos. Y en ésas estamos. Guardados los hermosos cartelitos de «Yo soy Charlie» toca ver qué se puede intentar para no volver a serlo.

Esto ya es otra asignatura que no se aprueba poniendo caritas funerales. Hay que arremangarse y hacer política, forjar acuerdos, establecer medidas, tomar decisiones que pueden costar votos. En este caso se trata además de pisar un par de cables de alta tensión social: el de la inmigración, con su secuela de multiculturalismo, y el de la seguridad, con sus repercusiones sobre las libertades públicas. Dos debates del diablo en una sociedad debilitada por el pensamiento indoloro y desacostumbrada al concepto de la amenaza. De momento ya ha empezado la discrepancia en torno a las medidas de control de viajeros, con parte de la izquierda europea reticente a entender que la autoprotección va a exigir ciertos sacrificios incómodos. La sacudida del horror parisino ha generado un entendimiento efímero y elemental pero ha llegado la hora de discutir matices. El tiempo del pesimismo.

Porque no se trata sólo de los registros de pasajeros. Hablamos del tratamiento de las comunidades islámicas y de su inserción en los países de acogida. Hablamos del combate contra la allá donde se forja y hace fuerte, en territorios que hemos abandonado porque las opiniones públicas occidentales no soportaban el coste de la presencia militar en zonas de conflicto. Hablamos de la connivencia con monarquías y emiratos wahabitas, los dueños del petróleo que con una mano sostienen el terrorismo y con la otra financian obras públicas, mezquitas, fondos de inversión y hasta equipos de fútbol.

Hablamos de una revisión completa, por dentro y por fuera, de la conciencia estratégica de amigos y enemigos. Y eso comporta descubrimientos desagradables que no se pueden camuflar bajo la solemnidad luctuosa de las pancartas.

IGNACIO CAMACHO, ABC – 13/01/15