‘Diez años después del Acuerdo de Belfast’

 

Trascripción de la conferencia titulada ‘Diez años después del Acuerdo de Belfast: Irlanda del Norte y las víctimas del terrorismo’, a cargo de Michael Gallagher, del ‘Grupo de Apoyo a las Víctimas de Omagh’ (Irlanda del Norte), y Rogelio Alonso, profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y ensayista. Acto organizado por la Fundación para la Libertad el 9 de abril de 2008.

Javier Elorrieta

Nicolás Redondo era el que iba a presentar esta conferencia pero me ha tocado a mí porque han hospitalizado a su madre, un tema importante. Me toca hacer el recado de suplantarle. Quisiera hacer un poco de publicidad de la web de nuestra fundación, que queremos darle amplitud. Tras la conferencia de valoración de las elecciones generales, a cargo de Paco Llera, director del Euskobarómetro, hemos puesto una nota importante en la web porque lo que hacemos es reanudar nuestro compromiso con el apoyo al Estado de derecho y la lucha por las libertades y por un compromiso cívico con los valores democráticos en el País Vasco. En esta ampliación hemos tomado iniciativas en el campo de las relaciones exteriores, en el sentido de intentar transmitir una realidad de la política en España y la situación política en el País Vasco frente a cierto tipo de visiones muy sesgadas por parte del nacionalismo. Les transmitimos a ustedes nuestra satisfacción por el éxito de la conferencia de Joseba Arregi, dando réplica a la visión que el señor lehendakari Ibarrextxe había dado en Stanford. La propia Universidad, el periódico de la universidad, ha recogido ese sesgo más positivo de la intervención de Joseba Arregi en cuanto a una valoración más razonable o creíble o acorde a los criterios políticos de sensatez y convivencia, e incluso destacando el valor de haber respondido a todas las preguntas del público de la Universidad, cosa que no hizo el señor Ibarretxe.

Paso a presentar a los dos conferenciantes de hoy. Son el señor Michael Gallagher, portavoz de las víctimas de Omagh. Quizá hayan leído la entrevista que venía hoy en El Correo sobre su figura. Es un hombre cuyo hermano menor fue asesinado en 1984 por el IRA, posteriormente en 1998 en Omagh, en el atentado en el que hubo 29 asesinatos y entre ellos dos personas españolas, murió su hijo. El terrorismo, en tiempos diferentes, le ha hecho doblemente víctima. Tuve ocasión de conocer el relato de su experiencia en Madrid en el Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo y era un relato muy lúcido y estremecedor que hoy podrán escuchar de primera mano. Esa visión de la situación de Irlanda. Respecto al profesor Rogelio Alonso, de la Universidad Rey Juan Carlos, es un viejo conocido porque ha participado ya en algunas de nuestras conferencias. Es un hombre que conoce la realidad irlandesa y vasca, experto en el terrorismo, uno de los estudiosos más importantes, si no el más, de España. Colabora con diferentes medios nacionales, ABC, El Correo, quizá hayan leído alguno de sus magníficos artículos. Con ellos dos les dejo, le doy la palabra a Rogelio Alonso. Normalmente aquí interviene el último el que tiene más importancia y consideramos que esta vez la tiene Michael Gallagher.

Rogelio Alonso

Muchísimas gracias por esa presentación tan cariñosa, amable y exagerada. Gracias también a la Fundación por su invitación y por poder disfrutar de la compañía de Michael Gallagher, a quien tuve la enorme fortuna de conocer hace diez años por circunstancias muy desgraciadas, en aquel atentado en el que falleció su hijo. Quiero agradecerle otra vez lo que he aprendido de él. Como Michael repetirá en su intervención seguramente, las víctimas en Irlanda del Norte han sido olvidadas y ese es el gran déficit del proceso de paz tan ensalzado allí y aquí por el nacionalismo y algunos sectores del socialismo. Desgraciadamente, están ignoradas y yo tengo una gran deuda de gratitud hacia quienes como él me han enseñado muchísimo.

Voy a plantear tres ideas que giran en torno a esa primera tesis, el problema fundamental del proceso de paz en Irlanda del Norte: el proceso ha garantizado una paz sin justicia, no es verdadero proceso de paz, es un eufemismo que se ha sostenido en un chantaje muy sencillo. El chantaje es presentar como un dilema político y moral la necesidad de garantizar una impunidad política, histórica, jurídica y moral para el supuesto avance de la sociedad. Creo que la experiencia, diez años después de los acuerdos de Viernes Santo, nos demuestra que no puede construirse una sociedad democrática y pacífica sobre esos pilares. No puede construirse sobre ese chantaje que condiciona o somete la aplicación de la justicia a criterios políticos. Es la conclusión fundamental.

Para sustentar esta tesis planteo dos o tres ideas, también desde la perspectiva de nuestro propio contexto, el de la organización terrorista ETA. Es muy importante cuestionar los costes tan altos que el proceso de paz en Irlanda del Norte ha tenido, en primer lugar, porque constantemente se insiste en que debemos emularlo porque ha garantizado el final feliz del final de la violencia. Pero insisto, creo que hay que cuestionar eso del final feliz, porque no lo es tanto. Se ha sustentado en una impunidad que hoy está teniendo consecuencias muy claras y ha llevado a reivindicaciones como la de aplicar justicia por los crímenes cometidos en el pasado, algo que hoy parece muy complejo si no imposible. Recordemos que el proceso se construyó sobre la impunidad de la excarcelación de los presos por delitos de terrorismo. Es enormemente importante enfatizar los costes tan elevados de ee proceso y cuestionar el supuesto final feliz. No es un proceso tan exitoso.

Si cuestionamos ese precio tan elevado, nos podremos plantear si se puede aplicar el modelo al contexto español. Se insiste, se asume desde algunos sectores políticos, los que abogan por ese proceso en nuestro país, que hay que emularlo. La conclusión derivada del primer planteamiento es clara. ¿Por qué vamos a aplicar un modelo defectuoso, de costes tan elevados? Y debemos considerar que no es apropiado aplicarlo porque hay factores diferenciales entre el contexto norirlandés y el español. Incluso aunque valoráramos los beneficios del proceso de Irlanda del Norte sobre sus defectos, tampoco tendríamos que asumirlo en nuestro contexto. Entre otras cosas, porque en nuestro contexto hemos aplicado otro modelo que sí ha garantizado éxitos: una política antiterrorista en un periodo, de 2000 a 2004, con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que sustentado en una presión desde distintos frentes –político, social, judicial, ideológico- consiguió que la organización terrorista llegara a sumir la posibilidad de su derrota. La documentación interna de ETA deja claro que la presión fue eficaz y llevó a la organización a considerar la posibilidad de su derrota. Cuando tenemos ese modelo eficaz en el pasado que es abandonado por aplicar otro defectuoso, el norirlandés, que se sustenta en la negociación con terroristas y en una impunidad, la lección que emerge es que no tiene sentido aplicar un modelo así.

Hay rasgos diferenciadores que ustedes conocen. En Irlanda del Norte no había instituciones autonómicas y democráticas que había que defender como hay en nuestro contexto; la sociedad civil aquí siempre ha respondido de manera pacífica frente al terrorismo, la propia organización y movilización de las víctimas es mayor en nuestro contexto. Por eso existen resortes para que la impunidad que ha prosperado en Irlanda no prospere. Esa impunidad de todo tipo está entrelazada y es muy importante subrayarla hoy, diez años después, porque se insiste en que las organizaciones terroristas han abandonado la violencia y que por tanto debemos valorar positivamente el proceso de paz. Pero se ignoran esas contraprestaciones, tan serias, se ignora que se ha fortalecido a los representantes políticos de organizaciones terroristas, han aceptado el chantaje moral y político y han debilitado a quienes han respetado la legalidad y jamás han recurrido al terrorismo durante 30 años.

Se está construyendo así una narrativa legitimadora de la violencia, y eso no es metafísica, tiene una plasmación concreta. Se plasma en el hecho de que hoy en día hay un deseo de políticos y destacadas figuras y víctimas de Irlanda del Norte por que se aplique la justicia. Se entiende que la impunidad no ha sido beneficiosa, que no puede ser procesada individual y colectivamente. Tienen consecuencias enormemente negativas para una sociedad que se desea democrática. Ha generado ese planteamiento de que si los crímenes prescriben, si no son punibles y si no perciben sanción, qué impide que haya más crímenes. Se ha generado el germen para problemas del futuro. Hoy no todas las organizaciones terroristas han abandonado su violencia, hoy continúan activas algunas minoritarias y entre ellas la responsable del asesinato del hijo de Michael. Es decir, esa narrativa que se ha construido, esa prostitución de la historia al aceptar como verdad oficial la memoria subjetiva de quienes establecen que había una justificación para la violencia y por lo tanto había que aceptar concesiones para quienes la practicaron, esa prostitución tiene unas consecuencias sociales y políticas. Por eso hoy Irlanda del Norte es una sociedad aparentemente normalizada en la que subyacen una serie de carencias muy importantes.

El Gobierno de la región está administrado hoy por los extremos políticos que 30 años atrás no aceptaron lo que 30 años después con el coste de 4000 vidas sí han aceptado, tras un cansancio considerable. Y al fortalecerse los extremos gracias a las concesiones del Gobierno británico y el irlandés, que entendían que se debía hacer así para garantizar el silencio de las armas, lo que se ha hecho es debilitar a los moderados y a los demócratas que respetaron la ley durante esos 30 años. Han debilitado ese discurso que intentó deslegitimar la violencia terrorista. Desde la perspectiva nacionalista, en la que se recurre constantemente a ese referente, se me podría plantear que al final es necesario ese precio para que callen las armas. Sin embargo, el nacionalismo muy sutilmente recurre a razonamientos manipulados, recurriendo a modelos de pacificación que son manipulados convenientemente. Quiero decir, y cito las palabras de Jesús Eguiguren el pasado domingo en una entrevista en la que justificaba una estrategia fracasada como se ha demostrado, la de la negociación, apelando a esa teoría de la resolución de conflictos y a esos referentes externos que decía él que habían estudiado y se habían encargado de emular para que tuviéramos en nuestro propio contexto un proceso de finalización de la violencia. Ese supuesto estudio que han llevado a cabo estas personas es a todas luces incorrecto, manipulado y tergiversado, porque lo que el análisis riguroso de otras experiencias y escenarios violentos nos muestra es que la impunidad, insisto, y el relegar la aplicación de la justicia no satisface a un sector social importante y no contribuye a la normalización. Esa es la lección que emerge en numerosos contextos. Como Latinoamérica, Sudáfrica e incluso el propio de Europa.

Entre las apelaciones a esos contextos se escucha pocas veces cómo el primer ministro de Kosovo, en marzo de 2005, tuvo que dimitir porque aceptaba que tenía que rendir cuentas ante el Tribunal Penal Internacional por los crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia. El presidente de la Unión Serbobosnia, en esas mismas fechas, de nuevo reconocía que debía saldar sus deudas con el pasado y que se debía entregar a los responsables de la violación de los derechos humanos. Las negociaciones con la UE mantenidas por Croacia y por Serbia también se retrasaron y se condicionaron a la entrega de esas personas. Fíjense cómo en contextos muy cercanos y muy recientes se adopta el mecanismo inverso, no se acepta el someter la aplicación de la justicia a criterios políticos, sino que se vinculan variables políticas, morales y jurídicas. Me gustaría citar al filósofo Reyes Mate, que en un informe de la Fundación Alternativas de 2006, explicitaba esa interrelación de estas variables, que la justicia a las víctimas del pasado es una condición necesaria para una vida política sin víctimas en el futuro y para la normalización política. No se puede aceptar el chantaje moral y político, si se acepta se hace un flaco favor al avance y a la normalización política.

Por tanto, esas diferentes dimensiones están enormemente ligadas. Les podría citar testimonios de personas que han trabajado en esos modelos de pacificación o procesos de paz en Latinoamérica, en los que se insiste constantemente en plantear argumentos diferentes a los que el nacionalismo plantea en nuestro país y a los que han defendido en Irlanda del Norte. Todo lo contrario a lo que se defiende aquí, esa idea de que no se puede abrir nuevas heridas y que para cerrar las viejas hay que clausurar el pasado. Esos principios se aplican en procesos de paz que usa el nacionalismo pero que no son eficaces. Porque la experiencia nos dice que no se puede clausurar el pasado apelando a la impunidad y al olvido, no es posible ni satisfactorio. Lo necesario es, para cerrar las heridas, hacer justicia. Cito el testimonio de una de estas personas, que explicita muy bien la exigencia en contextos no considerados por el nacionalismo cuando apela a referentes externos. Es el testimonio de Luis Pérez Aguirre en 1996, director del Servicio de Paz y Justicia de Uruguay: “Se ha dicho que hurgar en estos acontecimientos del pasado es abrir nuevamente las heridas. Nosotros nos preguntamos por quién y cuándo se cerraron estas heridas. Estas heridas están abiertas y la única manera de cerrarlas será logrando una verdadera reconciliación nacional que se asiente sobre la verdad y la justicia respecto a lo sucedido. La reconciliación tiene estas mínimas y básicas condiciones”.

Estos principios se repiten constantemente en otros contextos. Es una de las reglas básicas que el nacionalismo ignora. Lo que hace es manipular otras realidades para defender la impunidad en nuestro contexto, como es la negociación con terroristas. La negociación con terroristas per se es una injusticia que afecta a la normalización de una sociedad democrática. Es una injusticia en el sentido de que facilita la legitimación de quienes han desafiado las instituciones, el diálogo en una sociedad democrática sólo debe tener lugar en las instituciones, no más allá. Por lo tanto en estos años de proceso de paz, entre comillas, en nuestro propio país se ha facilitado una impunidad política que tiene unos costes. También se quería dar una impunidad jurídica, la organización terrorista se plantea que eso va a ser así, no hay discusión sobre sus presos porque entiende que van a salir. Se plantea una negociación política y en eso estaba implicada.

La aplicación del referente norirlandés es incorrecta, interesada y pierde de vista las lecciones que emergen. Para ir concluyendo, hoy vemos en Irlanda del Norte cómo hay reivindicaciones constantes de las víctimas y de dirigentes políticos, que plantean que esa impunidad no ha sido satisfactoria, que el acuerdo de Belfast prometía mucho para las víctimas pero que lo que prometía era básicamente un nuevo chantaje, se decía que las víctimas recibirían atenciones cuando no es reconocimiento lo que quieren, sino justicia. No necesitan que les recuerden su victimización, eso lo saben constantemente, lo que desean es justicia. Y el acuerdo de Viernes Santo simplemente les ofrecía reconocimiento. Diez años después se demuestra enormemente insuficiente. No es un debate sobre sentimientos, sino sobre justicia. No sobre compasión, sino sobre justicia. Como no se ha satisfecho, hoy hay una insatisfacción que se quiere crear, emulando a esos conflictos de pacificación, mecanismo para enfrentarse al pasado de una manera que se permita cerrar heridas y divisiones. Pero es de nuevo insuficiente porque sólo se ofrecen mecanismos con los que clausurar un pasado sin la satisfacción de la justicia. De nuevo una concesión insuficiente. Hay un conflicto evidente en esa sociedad que está aparentemente pacificada. Subyacen numerosas carencias y numerosos problemas. Muchísimas gracias.

Michael Gallagher

Gracias a la Fundación por haberme invitado y creo que es importante que todos en el País Vasco oigan a otras personas, además de las dos que ya han venido de Irlanda del Norte. Yo no estoy aquí para darles una respuesta a sus problemas, nadie de ningún sitio tiene derecho a hacerlo. Pero como Rogelio acaba de decir, creo que hay algunas lecciones que se pueden aprender de nuestro proceso de paz y si es posible no repetir los errores. Quiero darles algunos antecedentes, hablando un poco de mi historia y una idea de dónde estamos. Mi primer contacto con el terrorismo fue el 13 de junio de 1984. Mi hermano pequeño, de 26 años, casado y con dos hijos, había sido miembro de las fuerzas de seguridad y un sábado por la noche fue asesinado. El IRA en esa época tenía una política muy específica de asesinar a católicos que formaban parte de las fuerzas de seguridad, como un elemento de disuasión para que otros no lo hicieran. Fue una experiencia muy traumática para mí y me costó cinco años aceptarlo. Cuando iba a misa, los domingos, yo sentía que la mayoría de la gente estaba en contra de mí y de mi familia, de nuestros principios. Yo no formé parte de las fuerzas de seguridad, fue mi hermano y pagó un precio muy alto. En este tipo de sociedad cerrada en la que vivíamos, tú eres responsable directa o indirectamente, y quienes fueron tus amigos ya no lo son. Muy difícil.

Casi hace diez años, con el alto el fuego del IRA y la negociación con el Gobierno irlandés y sospecho con el de los EE UU para un alto el fuego permanente que dio lugar al acuerdo de Viernes Santo, hubo muchas negociaciones a puerta cerrada y al público en general no se le contaba nada. Había algo publicado, un libro titulado ‘El acuerdo’, de 15 páginas y que no tocaba todos los asuntos. No entendíamos muy bien de qué se trataba. Hubo un referéndum por toda Irlanda y salió que sí, el 78% de los irlandeses apoyaban el acuerdo, pero lo difícil era que unos 350 terroristas convictos, no presos de conciencias sino personas que habían sido condenadas por algunos de los crímenes más terribles de la Europa de los últimos tiempos, iban a ser liberados. Incluía miembros de IRA provisional, de organizaciones protestantes y diferentes grupos. Este fue el precio que tuvimos que pagar para normalizar la sociedad en la que vivíamos. Tengo tres hijos y mi mujer fue a favor del acuerdo, porque creíamos que tal vez estos sacrificios fueran necesarios para lograr la paz. Habíamos visto 30 años de violencia. El resultado del acuerdo fue que los del centro político desaparecieron y nos quedamos con los dos extremos que llenaban el vacío, y llegábamos al punto de que teníamos dos partidos extremos, el del doctor Paisley y el Sinn Fein de Gerry Adams, que estaban ya gobernando el país. Estamos gobernados por extremistas religiosos y ex terroristas. Estos fueron quienes nos dieron lo peor en el pasado y ahora nos están ofreciendo el futuro.

Es muy difícil. Pero si voy más adelante, al 15 de agosto de 1998, Gerry Adams llega a un acuerdo con el Gobierno británico para parar el conflicto, la violencia. Había personas en su organización que no estaban de acuerdo, que querían seguir con las armas. Como parte del IRA provisional tenían armas y formaron el IRA auténtico. En 1998 lanzaron una campaña de atentados que culminó el 15 de agosto con una de las atrocidades más terroríficas de todo el conflicto: en una tarde 31 personas murieron, incluyendo a mi hijo pequeño, de 21 años. Fue terrorífico, muy bien planificado, la Policía recibió tres avisos y ninguno de los tres decía exactamente dónde estaba la bomba. Decían que en otra zona del centro comercial, y la Policía movió a la gente a lo que creían una zona segura y era el lugar de la bomba. En Donnegal, a 70 kilómetros de Omagh, había un grupo de jóvenes de Madrid, en intercambio, y llegaron a Omagh justo en este momento, cuando explotó la bomba. Murieron dos de ellos y once resultaron heridos. Algunos volvieron en avión inmediatamente para recibir asistencia médica.

En aquel momento, Blair dijo que los responsables responderían ante la justicia. Desgraciadamente diez años después nadie lo ha hecho. Han sido diez años muy duros. Con un sentimiento muy fuerte de que las fuerzas de seguridad y del gobierno no tuvieron voluntad de encontrar a los actores porque eso podría sacar a la luz la implicación de personas del proceso de paz y eso sería un obstáculo. Es la sensación que tenemos. Nos convertimos así en víctimas dos veces. Tres años después hubo una investigación pero se vio que la Policía no hacía todo lo que estaba en su poder. Un grupo de familias nos juntamos y decidimos interponer una demanda civil en contar de los culpables. Es la primera vez que alguien presenta una demanda de este tipo contra los presuntos autores, y digo presuntos porque tengo que hacerlo legalmente, nosotros estamos convencidos de quiénes fueron los autores del atentado. El lunes de esta semana hemos ido por primera vez al juzgado. Es importante porque como víctimas por fin tenemos el poder de hacer algo. Durante los últimos diez años hemos tendido a centrarnos en los terroristas y los gobiernos que no los llevan ante la Justicia y veo muchos paralelismos entre nuestra situación ya la del País Vasco. Los Gobiernos negocian con demasiada rapidez, llegan a acuerdos rápidos.

El Gobierno de Irlanda del Norte no tiene una base segura porque la justicia es un pilar fundamental de cualquier democracia, y no la tenemos. Los liberados tenían que haber cumplido su sentencia. Muchos de ellos han vuelto a infringir la ley y no ha pasado nada. Son terroristas convictos, involucrados en crímenes diferentes, robos de bancos, son una mafia al fin y al cabo. Y como hemos oído aquí, se habla del modelo sudafricano. Allí se hablaba de él y yo pensaba que era un poco raro, no muy similar, no hubo una democracia en Sudáfrica y en Irlanda y en España sí la hay. Una de las cosas que me convenció aún más, es que en una reunión en Irlanda conocí a uno de los comisionados de paz que era responsable de juzgados en Sudáfrica. Me dijo que a los responsables de atentados se les pagaba para ir a contar su historia y a las víctimas se les pagaba ir a escuchar. Cuando el gobierno se dio cuenta de que no tenía dinero suficiente, comenzó a pagar sólo a los terroristas. Victimización doble. Lo difícil es que aunque todo el mundo quiere la paz pero la ilusión de una sociedad sin violencia, lo que todos queremos, tiene su precio y es demasiado alto si se deja que los terroristas no respondan de sus crímenes. Yo creo que sus crímenes deberían ser tratados como crímenes de guerra porque son personas que se llaman a sí mismos soldados, dicen que son parte de un ejército. Si es así, habría que juzgarles como tras la Segunda Guerra Mundial y que respondan de sus crímenes de guerra. A las familias que quieran iniciar una demanda civil, les diría que se necesitan menos pruebas que por la penal. El Gobierno puede hacer que los criminales respondan ante la justicia de distintas maneras. Quizá quitándoles sus fondos, sus hogares. Hay muchas maneras.

Sí creo que va a llegar la paz al País Vasco, y espero que sea una paz honrada, en la que las víctimas no se sientan víctimas otra vez y que no se sientan alejadas de lo que está ocurriendo. En Irlanda del Norte como era un conflicto religioso, entre protestantes y católicos, ha sido muy fácil manipular a las víctimas. No es tan fácil aquí. Creo que hay diferencias entre los distintos grupos de víctimas y a mí me parece fundamental trabajar para encontrar lo que hay en común. Sabemos que no estarán de acuerdo en todo, pero la unión dará miedo al gobierno de Madrid y al de Vitoria, si ven que se pueden juntar y salir adelante y pedir juntos una sociedad justa de la que todos formemos parte. No es lo que tenemos en Irlanda del Norte, pero creo que eso llegará al País Vasco. Todos respetamos el valor de la vida humana y eso es lo que nos separa de los terroristas. Ese es mi mensaje. Estaré encantado de responder a sus preguntas.

Coloquio

Pregunta: –Yo quisiera decir que el catedrático de Madrid tiene toda la razón. Pero hay una diferencia. Usted requiere la aplicación de la justicia pero históricamente se ha solucionado siempre con medidas de fuerza, con la guerra. Si unos señores que no tienen ningún elemento de razón se dedican a la violencia, el gobierno no tiene más vía que aplicar más fuerza y más violencia. Si no, no hay solución. Tiene usted la razón, pero sólo en el campo teórico.

Rogelio Alonso: –Cuando se analiza la política antiterrorista del Gobierno británico e irlandés, vemos que hay índices de eficacia muy considerables. El IRA asume en un momento su derrota, su fracaso ante políticas legales antiterroristas. Aplicando la legalidad hay una buena eficacia. Es cierto que hay una serie de variables que no se dan en nuestro contexto y que influyen en lo que se esbozaba en su pregunta. Hoy se ha demostrado que miembros de agencias de seguridad han estado involucrados en grupos terroristas contra el IRA como brazos operativos. Hay implicaciones que no han sido juzgadas, de connivencia con grupos terroristas. Son delictivas y que no hayan sido juzgadas es un déficit. Pero los índices de eficacia de la política antiterrorista legal han forzado a los terroristas a renunciar al maximalismo. Eso aún no lo tenemos en nuestro contexto, ETA sigue sin renunciar al absolutismo.

Pregunta: –Acláreme los antecedentes de cuando se inicia una violencia muy organizada. Tengo entendido que, bueno que en 1967 en el condado del Ulster había dos clases de ciudadanos, todos blancos y no como en Sudáfrica. Unos tenían todos los derechos y otros, de familias católicas, no tenían derecho a voto. Por otro lado, lo extraoficial, resulta que se mantuvieron una ostentación de la prepotencia del lado que tenía los derechos, esos famosos desfiles con bombín y escarapelas, lo de Orange. Se lo frotaban por las narices a los de los barrios católicos. El Gobierno de Londres y estos estaban fomentando el odio, ¿no? Como Isarel y EE UU fomentan el odio en Palestina. ¿Y en qué fecha concedieron el voto a los católicos en el Ulster?

Michael Gallagher: –Su análisis es correctísimo. El voto dependía de la propiedad más que de la religión y los católicos eran pobres. Era una sociedad con muchos prejuicios. Yo me uní a los movimientos por los derechos civiles en esa época. Pero fue adoptado por otros grupos y de ahí salió el IRA provisional. Es irónico porque entonces en Belfast había muchos protestantes que estaban desalojando a los católicos y el IRA se formó para defender a éstos. Es el comienzo del terrorismo. Luego se concedió el voto. Pero yo no sé si se puede justificar la violencia de esta forma. Dos miembros de mi familia fueron asesinados, mi hermano y mi hijo, y jamás cogeré un arma para vengarlos porque eso sería deshonrarlos. Se cometieron muchos crímenes en nombre del catolicismo y de los protestantes y eso no se puede justificar. Hoy todavía se hacen esas procesiones de las que habla, sin tantos problemas, pero si miramos hacia atrás es difícil creer que sólo han pasado 40 años. Es increíble.

Rogelio Alonso: –Quienes tenían más renta, votaban más, en más elecciones. Todos tenían derecho al voto pero no en todos los comicios. Esa forma de discriminación es importante remarcarla.

Pregunta: –Señor Alonso, ¿cuánto cree que hay que retrotraerse en la memoria para que se haga justicia? Aquí alguien puede pedir que se abarque más o menos años. A mister Gallagher, ¿cuál es la diferencia entre ir por lo civil o por lo penal? Son necesarias menos pruebas, ¿y la sentencia?

Michael Gallagher: –La diferencia se vio bien en el caso de OJ Simpson. Quedó libre por vía penal pero los padres fueron por lo civil. La carga de evidencia es 51% y no del 95%. Elegimos la civil porque la Policía no tenía suficientes pruebas y no íbamos a tenerlas nosotros. Hay otro caso interesante. En alguno de los estados del sur de EE UU, un joven negro fue atacado por dos blancos. Fueron llevados ante la Justicia y en el juicio quedó claro que les había mandado un líder del KKK. La madre del joven negro presentó una demanda civil contra el KKK y el resultado fue que le condenaron por asesinato y el clan pagó una multa de 10.000 dólares. Perdieron muchas propiedades y el grupo quedó eliminado. Tenemos que hacer lo mismo, si queremos éxito. Hemos presentado la demanda contra cinco individuos y contra el IRA auténtico como entidad y si ganamos, van a tener que pensar en la víctima. Yo quiero que estén en la cárcel, pero es la realidad que no va a ocurrir. Como padre es lo mejor que puedo hacer.

Rogelio Alonso: –No creo que sea pragmática la prescripción de los delitos. Utilizo varios ejemplos de Irlanda del Norte. Hace diez años se aprueba la excarcelación de personas con crímenes terribles en su haber. Se acuerda su salida. Diez años después, los familiares de asesinados reciben todo el apoyo de las autoridades en los medios para que se haga justicia. Hemos visto un caso hace dos años. Hay una reivindicación de justicia. El hecho criminal es el mismo: el asesinato. ¿Por qué en unos se justifica la aplicación de la justicia y en otros no? Por criterios políticos. Pero la víctima no puede procesar esa diferencia. Numerosas víctimas reclaman que si ahora hay pruebas para juzgar a los asesinos de entonces se haga. Es una reivindicación constante y choca con los problemas lógicos. El jefe de Policía decía el año pasado que sólo podía garantizar la seguridad del presente y que no podía juzgar el pasado. Estaba desbordado ante unas demandas que surgen de las dificultades de la sociedad para procesar injusticias. Hay un desajuste considerable. Creo que cuando existen instituciones democráticas y mecanismos, hay que aplicarlos y no es posible relegarlos. No es que haya que retrotraerse, hay que aplicar la justicia cuando existen los instrumentos. Y en el caso norirlandés han existido esas herramientas desde hace tiempo. Hay una unidad especializada en casos históricos, de eventos del pasado. No han marcado un límite pero no se materializa en sentencias firmes con gente excarcelada con una sentencia firme. Si en Irlanda del Norte no ha funcionado, está claro que aquí tampoco. Hay una demanda de justicia, de no clausurar el pasado con la recompensa al terrorismo. Qué valores transmite eso, cómo hablar de fin del terrorismo cuando realimentamos la subcultura de la violencia al no penar los actos criminales. No desactivamos esa subcultura con la excarcelación y el pago de un precio. Les sale rentable.

Michael Gallagher: –4.000 personas asesinadas en Irlanda del Norte. 2.000 casos no resueltos. Casi todos del IRA provisional. Ellos decían que estaban protegiendo a la sociedad. Católicos asesinados, aquellos a quienes querían proteger. Hubo un momento en que no podíamos hacer nada sin su aprobación, seríamos asesinados. Usaban el nombre acción contra droga, y decían que mataban a un traficante. Pero no era verdad: le mataban porque no estaba pagando el dinero que le pedían. Esa es la subcultura que se crea con todos estos grupos armados.

Editores, 14/4/2008