EMILIA LANDALUCE-El Mundo

NO SÉ por qué pero muchos tienen la costumbre de no creer a Albert Rivera. Por eso, pese a que se hartó de advertir de que no apoyaría al PSOE, algunos le votaron para que Pedro Sánchez no tuviera que pactar con Podemos y los independentistas. Es lógico que el presidente quiera serlo con otro tipo de socios. ¿Cómo meter en el Gobierno a quien dice que en España hay presos políticos y te monta una contracumbre del G7? Por eso, como explica Guillem Martínez, Sánchez quiso llamar a Rivera después de conocer el resultado del 28-A. «Que llame él», le aconsejó Iván Redondo. Y Pedro se quedó esperando como una novia especialmente impaciente. Con razón anda despechado.

Es bastante improbable que en las previsibles elecciones el reparto de escaños vaya a variar los dos bloques que ya se han formado en el Parlamento. Subirá Pedro. Subirá Casado. (En escaños, porque habrá bastante abstención). Los más fieles, los cafeteros (que hay muchos), aguantarán con Santi Abascal y Pablo Iglesias. ¿Y los votantes de Ciudadanos? El partido que lidera Rivera ya se ha afianzado en el bloque de la derecha si bien algunos de sus votantes podrían plantearse una cuestión. Si por (muy remotísima) casualidad suman mayoría PP, Cs y Vox y ganara como en abril Pablo Casado, ¿apoyaría Rivera un Gobierno de derechas?

Los más inocentones pensarán que sí, dado que Cs ha entrado en los Gobiernos del PP en Murcia y sobre todo de Madrid. Pero su apoyo, por ejemplo, a la absurda (en el caso del préstamo al padre Isabel Ayuso) comisión de investigación de Avalmadrid revela la estrategia de Rivera. En dos años, mociones de censura para después superar al PP a nivel autonómico. El problema es que Albert contaba con que «Sanchez y su banda» formaran Gobierno y que tendría al menos dos años por delante para consolidarse como líder de la derecha.

No imaginaba que Sánchez, que es tan pragmático como él, tampoco querría mandar con Podemos y que, pese a los «¡Con Rivera no!» que le gritaban en Ferraz, se quedaría esperando su llamada.

Al final, la conclusión del votante de Ciudadanos solo puede ser desconcertante. ¿Votaría Rivera a algún candidato que no fuera Rivera? Es difícil de saber. Por este motivo, además de preguntarle si apoyará a Sánchez para evitar un Gobierno con Podemos también nos debería decir si sería capaz de votar a Casado en el caso de que sumara la derecha. Le creeremos. O no.