Santiago González-El Mundo

El último monarca de Portugal, Manuel II, tenía que recibir a un embajador sudamericano llamado Raúl Porras y Porras. El ayuda de cámara del Rey le hizo saber con alguna timidez el nombre del visitante, ya que Porras es en portugués vulgar pollas. El Rey notó la incomodidad de su asistente y respondió: «Bueno, lo que molesta es la insistencia».

Algo parecido me pasaba a mí con la retahíla de calificativos que empleó Pablo Casado para referirse al presidente Sánchez: «Felón, traidor, incapaz, incompetente, mediocre, mentiroso compulsivo, ilegítimo y okupa», entre otras lindezas, sustentadas en los hechos, todas y cada una de ellas, pero hombre, la insistencia… Hace unos años escribí que Zapatero había sido el peor gobernante español después de Fernando VII y Largo Caballero. Pedro Sánchez ha superado de largo a Zapatero y a Largo y se mide de tú a tú con Fernando VII, el Rey Felón, sin que sus circunstancias de Gobierno puedan compararse.

Los historiadores son unánimes y faltones al enjuiciar al rey al que también llegó a llamarse el Deseado, los españoles, a veces, son así. Era «un tipo sin escrúpulos, vengativo y traicionero». También cobarde. Traicionó a su padre, Carlos IV, y lo hizo dos veces. Primero en el complot de El Escorial, que fracasó, a finales de 1807. El felón escribió una carta abyecta al Rey en estos términos: «Señor, papá mío: he delinquido; he faltado a Vuestra Majestad como Rey y como Padre, pero me arrepiento y ofrezco a Vuestra Majestad la obediencia más humilde». Luego denunció a todos sus cómplices. Carlos IV le perdonó (no hacerlo le saldría mucho más caro), pero él insistió unos meses más tarde, en el motín de Aranjuez, que este sí le salió bien, aunque duró apenas dos meses. Por la senda constitucional o por el absolutismo su único deseo era la permanencia en el poder. (¿A qué me sonará esto?)

Hay que leer las memorias de Napoleón en Santa Elena para calibrar la bajeza de este rey, que le pedía al emperador que le buscara esposa, además de escribirle cosas como la que sigue: «Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de S. M., el emperador nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta adopción que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por mi amor y afecto a la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y entera obediencia a sus intenciones y deseos». Y todo en este plan, para terminar con la vuelta al absolutismo y las tres guerras carlistas.

Ayer se produjo una reacción contra nuestro presidente más felón. Hubo mucha gente, 45.000 según la Delegación del Gobierno, quizá asesorada por Tezanos, 200.000 según los organizadores. Lo de Colón fue un clamor, aunque también en el manifiesto compartido por tres portavoces hubo insistencia, especialmente por María Claver, que le acusó de haber cedido en los 21 puntos de Torra, lo que no era cierto: sólo le dejó creer a Torra que los negociarían.

Qué papelón para el PSOE. Los socialistas de hoy van a soportar mal el día de mañana la pregunta de sus hijos: «¿Y tú qué hacías durante el sanchismo?». No todos podrán responder con la dignidad de José Luis Corcuera: «Compré una bandera española y me fui un 10 de febrero a la concentración de la plaza de Colón».