El incierto futuro de CDC sin Mas

ALEX SÁLMON – EL MUNDO – 01/11/15

· Convergència es un partido en descomposición aunque sus protagonistas miren para otro lado. Con su presidente fundador, Jordi Pujol, perseguido por la Justicia, las sedes embargadas, su tesorero entre rejas y un descenso de diputados en el Parlament que ha ido de los 62 de 2010 a los 50 de 2012, acabando con los 30 representados en la candidatura presentada junto a ERC, los problemas de imagen y prestigio se acumulan.

A ello debemos sumarle el escepticismo de todos los que fueron diputados y de los que, todavía consellers, ven su futuro lejos tanto de un nuevo Govern como de la sede de la calle Còrsega.

Para entender lo que está pasando en CDC hay que hacer algo de historia cercana. Siempre ha sido un partido de autor, o sea de líder único e indivisible, y que ha entendido la disciplina como un hecho patriótico. Como una forma de entender Cataluña y de servirla.

Así se explica que todas las voces tímidamente disidentes con la dirección, o sea con el Pujol de antes, cayeran en desgracia casi de forma inmediata. Fue el caso de Miquel Roca o de Duran Lleida. También lo fue Artur Mas, pero la victoria de 2010 le salvó por los pelos. Entonces el fundador del partido pensó en su hijo Oriol Pujol como heredero del liderazgo político. Han pasado tantas cosas desde aquellos días que ahora parece que la primacía de Mas en CDC venga de muy, muy lejos.

Los convergents, como ahora se hacen llamar en un proceso de refundación, no han crecido a partir de la discusión política. Tanto es así que, a pesar de las voces contrarias a muchas de las decisiones impulsadas por su presidente, éstas se han mantenido con la boca cerrada. El paradigma es el siguiente: cuando atacas al partido, lo haces a Cataluña. No hay que ser muy despierto para entender que muchos de los silencios descarados sobre los negocios de los hijos de Pujol fueron provocados por esa rutina casi enfermiza.

Ahora el escepticismo se ha apoderado de la mayoría de sus dirigentes. Una parte importante sigue sin aceptar que un partido que había demostrado inteligencia a la hora de negociar en Cataluña y en el resto de España, como fueron los pactos con Felipe González y José María Aznar, acuerdos prácticos y pragmáticos, un partido donde convergían el liberalismo más vetusto con la socialdemocracia más moderna, tenga que estar ahora negociando con una formación que se denomina a sí misma anticapitalista. Todo ello es algo completamente inconcebible en una formación que pretendió hace sólo cinco años formar «el Gobierno de los mejores». Palabras del propio Artur Mas. Autonómicas de 2010.

La vieja guardia pujolista está escondida o desaparecida. Los que no han desaparecido ahora son considerados masistas. Acompañan al presidente en funciones en todo lo que hace. Y una cosa tienen muy clara: sólo existe una posibilidad de futuro para la Presidencia de la Generalitat en esta nueva legislatura y se llama Artur Mas. O es president o se convocan nuevas elecciones. Eso piensan.

La rebelión de su Gobierno relatada el viernes en una crónica de La Vanguardia, que parecía de ficción para los que han seguido históricamente las informaciones de Convergència, delataba dos cuestiones: la distancia que existe entre los hombres que han acompañado a Mas en su Gabinete y el desconocimiento que tenía la mayoría sobre la resolución pactada entre Junts pel Sí y la CUP de ruptura con la legalidad vigente. Este alejamiento lo resumía el sénior de ese Gobierno y el más respetable de todos, el conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, con la exclamación: «Però, això què és?» (¿Pero, esto qué es?).

Hay que recordar que aquella mañana se despertaban todos con los registros en diferentes domicilios o empresas de la familia Pujol. Uno de ellos, para ser más exacto, era en el domicilio donde ha residido toda la vida Jordi Pujol, una residencia emblemática en la Barcelona política.

Aunque el escrito de la resolución presentada en el Parlament había sido redactado hacía días por los equipos de Junts pel Sí y de la CUP y consensuada en la reunión secreta realizada el lunes, o sea el día antes, entre Mas y dirigentes de la CUP, lo cierto es que aquella mañana no parecía el día idóneo para su presentación en público. Todavía estaba caliente el discurso de la recién elegida presidenta del Parlament, Carme Forcadell. Otro ejemplo más de la improvisación a la que se están viendo obligados los dirigentes de la nueva CDC.

Según algunos miembros consultados de la dirección del partido venida a menos –son un total de 45–, el ciclo de Mas finaliza. ¿Quién liderará el siguiente si algo queda? Felip Puig y Germà Gordò, consellers de Empresa y Justicia, están bien situados entre lo antiguo y lo nuevo. Santi Vila, el conseller que mejor relación ha tenido con el Gobierno de España, en concreto con la ministra Ana Pastor, es la opción de los que querrían volver al catalanismo negociador.

Ese tipo de perfil, de momento, se expone poco, pero la bolsa de dirigentes dispuestos a ello es amplia. «El votante convergente catalanista existe. Está ahí. Algunos se irán a Unió y hasta a Ciutadans, pero todos suspiran por volver al sentido común. Sienten ridículo de que las decisiones de ahora las tome la CUP», asegura un ex conseller y diputado nacionalista hasta no hace mucho.

Un temor de todos: llegar tarde. Que esta deriva no tenga una vuelta atrás.

ALEX SÁLMON – EL MUNDO – 01/11/15