El novel Paul Krugman

JOSÉ MARÍA CARRASCAL, ABC – 11/05/15

José María Carrascal
José María Carrascal

· Estos salvadores de los pueblos con fórmulas mágicas arremeten contra el pueblo si decide no seguirlos.

Sentía curiosidad por lo que iba a decir Paul Krugman sobre las elecciones británicas. Krugman, ya saben, el gurú de la economía del gasto público, el azote del «austericidio» practicado, entre otros, por Cameron. Aunque sabía lo que iba a decir: que él no se había equivocado, que quienes se habían equivocado eran los otros y, en último término, el pueblo británico. Como hace siempre la izquierda. Nunca se equivoca porque tiene la «razón moral» superior a todas las demás razones, incluidas la realidad y el sentido común.

El contraataque de Krugman llega en su columna del «New York Times» Triumph of the unthinking, «Triunfo de lo impensable», aunque en el lenguaje de la calle significa más bien «Triunfo de la estupidez». Para demostrarlo, invoca a Obama, que sacó a la economía norteamericana de la crisis que sus propias finanzas habían creado a base de estímulos. Pero como Krugman se ha hartado de criticar a Obama por no gastar tanto como él quisiera, echa la culpa a los republicanos por haberlo frenado, como se la echa a los laboristas ingleses por no haber sido lo bastante críticos con la política conservadora de Cameron y no defender con más energía la del gasto público, la única que considera verdadera.

Los éxitos de Cameron se deben, según él, «a una pausa en la política de austeridad, tras los dos primeros años de ajuste». ¿Por qué se echaron atrás, entonces, los laboristas? Pues por temor a la prensa, «dado que la mayoría de los medios de comunicación británicos decían que la mala economía es buena». Así, tergiversando los hechos y disparando contra el mensajero despacha este santón de la izquierda la victoria de Cameron que ha conmovido la política internacional. Si se fijan bien, no hay mucha diferencia entre lo que dice Krugman y lo que dice Varufakis. Sólo que este se queda en árbitro de la moda, y aquel, en premio Nobel de Economía, aunque parezca un novel en Economía.

Como último argumento para defender sus posiciones, Krugman utiliza el recurso supremo de la izquierda: ya que mis principios son verdades inalterables, si el pueblo se pronuncia contra ellos, el equivocado es el pueblo, no mis principios. «El pensar profundo ha sido virtualmente excluido del debate público británico», termina despectivamente su columna. Ya verán ustedes cómo Pablo Iglesias dice lo mismo si sufre un revolcón en las próximas elecciones. Estos salvadores de los pueblos con fórmulas mágicas arremeten contra el pueblo si decide no seguirlos. En estos días que se cumple el 70 aniversario del hundimiento del Tercer Reich, me recuerda, con las debidas distancias, a Hitler en el búnker echando la culpa al pueblo alemán «por no haber sido capaz de hacer frente a un pueblo inferior».

Sólo hay alguien más cerril que un integrista de derechas: un integrista de izquierdas.

JOSÉ MARÍA CARRASCAL, ABC – 11/05/15