Hijos sin padre

EL CORREO 22/04/14
FLORENCIO DOMÍNGUEZ

El primer golpe lo soltó ETA en el comunicado aparecido el domingo al acusar al PNV de incongruente por hablar del derecho a decidir y, al mismo tiempo, defender el marco autonómico al lado de los que no son nacionalistas. La banda terrorista revivía el enfrentamiento que ha mantenido con el PNV desde el inicio de la democracia, cuando esta formación apostó por el Estatuto y ETA siguió matando para dinamitar ese marco político respaldado por el partido jeltzale y por las urnas.

La respuesta a las críticas del comunicado la dio el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, en el mitin del Aberri Eguna. Ortuzar fue contundente en la réplica al reivindicar los logros de su partido frente a la trayectoria sangrienta de ETA y el resto de la izquierda abertzale. Presumió, con motivo, del desarrollo institucional alcanzado en Euskadi, del nivel de la protección social existente, de la Sanidad, la Educación o el desarrollo del euskera. Y frente a estos logros se preguntó qué ha hecho la izquierda abertzale, de qué ha servido ETA y a dónde han conducido estrategias como la alternativa KAS o la socialización del sufrimiento. Lanzó las preguntas buscando respuesta al campo de la izquierda abertzale.

La reivindicación de lo conseguido, sin embargo, omitió el reconocimiento expreso de que todos esos logros habían sido posibles gracias al Estatuto que ha proporcionado los instrumentos políticos, jurídicos y económicos para que pudieran alcanzarse las metas de las que ahora presume el PNV y que parecen hijos sin padre, como si hubieran salido de la nada.

La pugna por justificar las diferentes trayectorias que mantienen el PNV, por un lado, con ETA y el resto de la izquierda abertzale, por otro, tiene en el Estatuto el eje que separa la historia de unos y de otros. Los nacionalistas de Andoni Ortuzar e Iñigo Urkullu no pueden legitimar esa trayectoria si ponen sordina a lo que ha significado el marco estatutario porque estarían concediendo bazas a quienes se opusieron a él desde el primer día. Sólo reivindicando el Estatuto, el PNV puede reivindicar su historia reciente frente a ETA.

Puede que la reivindicación abierta del éxito del Estatuto sea inconveniente en un momento en el que el PNV ha pasado a defender un nuevo estatus político, cuyo contenido preciso todavía no ha desvelado. La ambigüedad con la que el PNV se mueve a la hora de concretar su propuesta para ese nuevo estatus es, quizás, una forma de hacer tiempo esperando a ver cómo terminan los acontecimientos en Escocia o Cataluña por si hay que escarmentar en cabeza ajena. Tal vez sea la lección aprendida del fracaso del ‘plan Ibarretxe’ o una mezcla de ambas cosas, pero el nuevo estatus que predica el PNV carece, hoy por hoy, de contenido, más allá de la reclamación de una relación bilateral con el Estado, de difícil aplicación.