Izquierda civilizada

ABC 01/04/15
IGNACIO CAMACHO

· Tanto Ciudadanos como UPyD podrían encarnar a esa izquierda moderada que el PSOE dejó de ser a partir del zapaterismo

EN su arrogante actitud de superioridad moral que le permite apropiarse de un relato del mundo, la izquierda ha logrado el éxito principalísimo de connotar peyorativamente a la derecha hasta el punto de crearle un complejo culpable. Esta supremacía narrativa se percibe aún más cuando aparece la etiqueta extremista, que aplicada a la derecha provoca espantosas asociaciones con la barbarie nazifascista y sin embargo resulta tolerable en una izquierda que ni siquiera se ha tomado la molestia retórica de condenar los genocidios maoístas, camboyanos o soviéticos. El marco mental favorable permite también gestos de condescendencia paternalista como el de rotular de «derecha civilizada» a organizaciones y personas con las que los izquierdistas entienden que pueden tener trato razonable… sin que comprometan su esencial hegemonía. Salvoconductos de aprobación concedidos desde un consciente sentimiento de liderazgo y preeminencia; el que proporciona la certidumbre de hallarse en el lado correcto de la vida.

Esto es lo que ha hecho Pedro Sánchez al otorgar su indulgente beneplácito al partido Ciudadanos, despachado con el mentado remoquete de derecha civilizada para integrarlo en la órbita de acogida del PSOE y de paso levantar un cortafuegos moral en torno al PP. Si lo primero es un gesto de prepotente aquiescencia, lo segundo constituye un inaceptable intento de exclusión que se autoadjudica el derecho a extender certificados de buena conducta democrática. En uno y otro caso el líder socialista pretende afirmar una primacía que de momento las urnas están lejos de concederle. Sánchez suspira por pactar con C’s y necesita blanquearlos para permitir su aproximación al olimpo ventajista en que se declara encaramado.

Por su posición centrista, o al menos basculante e incluso ambigua, Ciudadanos puede encarnar tanto a una derecha moderada como a esa izquierda pragmática que el PSOE dejó de ser durante el zapaterismo. Más o menos como la ahora zurrada UPyD de Rosa Díez, formación de talante socialdemócrata que nació y creció a expensas del proyecto nacional abandonado por los socialistas. También Albert Rivera cimentó su auge en la encarnación de los valores de unidad democrática traicionados por la franquicia catalana del PSC. Ambos partidos podrían representar esa «izquierda civilizada» y moderantista que dejó vacante la renuncia del PSOE al concepto de nación de ciudadanos libres e iguales, una idea que si Pedro Sánchez desea retomar tiene trabajo por delante. El primero, el de desmarcarse con tajante claridad de Podemos, diáfana organización de extrema izquierda rupturista a la que no parece ofrecer remilgos para aliarse.

La civilidad política consiste en participar de los valores democráticos. La izquierda se ha acostumbrado a expropiar el dinero de los demás, pero ningún demócrata decente puede disponer también de los derechos ajenos.