La agonía de la transición

IGNACIO CAMACHO – ABC – 05/09/16

· La destrucción del consenso no la ha logrado el adanismo de la nueva política sino el trastorno de un partido dinástico.

Ahora sí: la Transición agoniza. Su herida crítica, quizá mortal, no la ha causado la llamada nueva política, con su enfoque adanista y su discurso inflamado de nihilismo, sino el desencuentro insalvable de los viejos partidos, de las fuerzas dinásticas que han gobernado España los últimos cuarenta años. Y ha sido en particular el PSOE, la organización que más tiempo ha estado en el poder, el autor de la puñalada que desangra los órganos vitales del sistema.

La de la ruptura de los consensos de Estado que evitaron el enfrentamiento civil y el desparrame de los demonios históricos. La de la destrucción del bipartidismo como garantía de estabilidad. La de la intentona frentista. La del antagonismo ideológico frente al pragmatismo político.

Pedro Sánchez ha logrado lo que ni siquiera Zapatero pudo o se atrevió a consumar: la aniquilación del pacto tácito de transversalidad que funcionaba como mecanismo de emergencia en las grandes crisis nacionales.

Y no lo ha hecho porque tenga un proyecto mejor, ni siquiera distinto, sino porque carece de objetivos estratégicos más allá de la mera supervivencia provisional de su liderazgo. Situado al frente de un partido en el que ya no dispone de mayoría interna, ha convertido su huida adelante en una desaprensiva operación de tierra quemada. Ha calcinado cualquier espacio de entendimiento entre los dos grandes segmentos de la sociedad española, despreciando la bisagra precaria de Ciudadanos y orillando a la socialdemocracia hacia una suicida deriva radical.

Ha rechazado la ocupación del centro desde el que el PSOE articuló su antigua hegemonía. Y ha volado todos los puentes de compromiso que los pactos fundacionales de este régimen construyeron como vía de encuentro ante las tensiones de cainismo social. Los ha sustituido por trincheras de simpleza ideológica en las que parapetar su triste falta de sentido de Estado, su ausencia de visión panorámica.

Lo más llamativo de este ataque letal al espíritu liminar de la modélica Transición española es que no procede del revisionismo populista, ni del reformismo narcisista que al fin al cabo busca en el legado de Suárez un vago referente memorial. La nueva política no ha traído nuevas soluciones y además ha empeorado las antiguas.

El componente dramático de esta acometida contra los consensos básicos que sostenían el país consiste en que proviene de dentro del sistema, del interior de sus fundamentos, de uno de sus pilares estructurales. Bajo la dirección de un líder sin estrategia, el Partido Socialista se ha rebelado contra su propia tradición para lanzarse en busca de una legitimidad diferente. Justo la que señalan sus rivales extremistas de Podemos: la que conduce a la demolición de las pautas de convivencia. La que sustituye el modelo normalizado de alternancia democrática por una disputa terminal de bloques sociales enfrentados. La de las dos Españas.

IGNACIO CAMACHO – ABC – 05/09/16