La hora de la verdad

 

Es la hora de aclarar si en democracia se pueden defender proyectos políticos que buscan eliminar la pluralidad de la sociedad vasca; la hora de decir que Euskadi o es plural en el sentimiento de pertenencia, o no es democrática. Es la hora de exigir la reconversión democrática del nacionalismo.

No es fácil, ni conveniente, perderse en pronósticos acerca del final de ETA. Todavía puede dar muchos sustos y está claro que ellos no se dan por vencidos, ni aceptan su desaparición. Quizá nunca lo hagan y nos tengamos que contentar -Kepa Aulestia- con un fin imperfecto de la historia.

Por otro lado, sin embargo, se pueden percibir en el mundo nacionalista signos claros de que algo se mueve. Los partidos nacionalistas se están recolocando para el tiempo que se puede denominar post-ETA, que no quiere decir un tiempo sin ETA, pero sí un tiempo en el que ETA ya no juegue un papel político decisivo en la política vasca.

Ese tiempo post-ETA está caracterizado por la supuesta o real voluntad de Batasuna de romper ataduras con la organización terrorista: bien porque ésta renuncie a la violencia, bien porque aquélla esté dispuesta a romper con la historia de terror. Aquí también, cautela: si no es fácil pronosticar el fin de ETA, tampoco saber si Batasuna será capaz de romper con la historia de terror de ETA.

Como los movimientos de reubicación en el mundo nacionalista sí son ciertos, es necesario analizar cuidadosamente lo que está sucediendo y la nueva argumentación adecuada a la situación post-ETA, pues nos podemos encontrar con que aquella petición que no pocos planteaban hace algunos años de hacer política en Euskadi como si ETA no existiera, sin dejarse condicionar por ella, se convierta ahora en hacer política en Euskadi como si ETA no hubiera existido nunca, como si fuera posible hacer política en Euskadi obviando lo que el ejercicio del terror en defensa de un proyecto para Euskadi ha supuesto para la política vasca.

Los movimientos de reubicación en el mundo nacionalista, y los cambios en la forma de argumentar de los nacionalistas, obligan a quienes no lo son a estar muy atentos, no vaya a ser que el no pagar precio político para que ETA desapareciera se convierta en pagarlo porque ETA ha desaparecido. Ante esta posible circunstancia será preciso preguntarse qué ha pasado para poder pasar de afirmar que la aceptación del plan Ibarretxe era necesaria para que ETA desapareciera, a decir que la desaparición de ETA es la condición para el cumplimento de sus fines.

Se podría decir que está llegando la hora de la verdad. La posible desaparición de ETA, tanto si decide dejar de matar como si termina por ser incapaz de hacerlo, o porque Batasuna corta amarras creíblemente con ella, está creando un nerviosismo perceptible en el mundo nacionalista. No saben cómo va a quedar su mundo tras la desaparición de ETA. No saben cuánto vale ese mundo sin ETA. No saben cómo va a pesar la historia de ETA matando en nombre de la autodeterminación y la territorialidad en la defensa de esos principios sin ETA.

El nerviosismo es claro en Batasuna: la argamasa que los ha unido han sido ETA y sus presos. Sin ETA y sin presos -porque se han desvinculado de las órdenes de ETA-, ¿cuánto vale Batasuna? ¿Cuál será la argamasa que los una? ¿Seguirán siendo tomados tan en serio como lo han sido hasta ahora sin la presencia de ETA detrás?

Para el PNV ha llegado la hora de recordar que ETA y Batasuna nacieron para sustituir a su viejo nacionalismo. El enemigo de una Batasuna sin ETA es, sobre todo, el PNV. Y el enemigo del PNV, una vez desaparecida ETA como actor político, es Batasuna. El PNV tiene que competir en radicalidad con Batasuna para no perder la guerra dentro del mundo nacionalista. Pero tampoco puede ganar esa guerra si no quiere perder a un buen número de votantes por su radicalidad manifiesta.

También para los no nacionalistas ha llegado la hora. El argumentario preparado para el tiempo en el que ETA condicionaba la vida política vasca puede no ser ya adecuado del todo. Frases e ideas que han funcionado a la perfección estos últimos años deben ser sometidas a un análisis crítico. La frase que dice que Batasuna debe elegir entre bombas y votos ha sido adecuada mientras Batasuna no se distanciaba de una ETA activa. La frase de que sin violencia cualquier proyecto político es legítimo y se puede defender ha tenido sentido mientras ETA era omnipresente en la política vasca. La frase exigiendo que Batasuna condene el próximo atentado de ETA puede haber parecido suficiente mientras no se contaba con la posible desaparición de la organización terrorista.

Pero ahora es preciso plantearse nuevos argumentos. Porque lo que se debe exigir a Batasuna no es una condena del próximo atentado, sino de la historia de terror de ETA. Porque la alternativa en un Estado de Derecho no puede ser simplemente entre votos y bombas, sino entre proyectos democráticamente legítimos y proyectos no legítimos en democracia. Porque no es verdad, sin más, que sin violencia se pueda defender cualquier proyecto político: ni la esclavitud, ni el machismo, ni el racismo, ni siquiera un capitalismo desaforado se pueden defender legítimamente en un Estado de Derecho que impone determinadas obligaciones al Estado, cosas que no puede dejar de hacer si quiere cumplir seriamente con los derechos humanos.

En realidad el gran cambio que va a producir la desaparición de ETA como actor condicionante de la vida política vasca es que va a llegar la hora de la verdad en la confrontación con el nacionalismo en su conjunto. Comenzando por la pregunta de si es posible que la historia de violencia terrorista de ETA matando en nombre de la autodeterminación y de la territorialidad pase por esos fines sin consecuencias. Comenzando por la pregunta de si no será necesario preguntar si es posible plantear en los mismos términos los fines por los que ETA ha asesinado a más de ochocientas personas, los fines que han servido a ETA para motivar sus asesinatos. Si la respuesta fuera un claro sí, los asesinatos habrían merecido la pena.

La hora de la verdad significa aclarar si en democracia se pueden defender proyectos políticos cuya finalidad es eliminar la pluralidad y la complejidad de la sociedad vasca. La hora de la verdad es la hora en la que hay que decir que Euskadi o es plural en el sentimiento de pertenencia, o no es democrática. Ha llegado la hora de exigir la reconversión democrática del nacionalismo.

Joseba Arregi, EL CORREO, 11/4/2010