La pérdida de la inocencia

LIBERTAD DIGITAL 07/06/17
JOSÉ MARÍA ALBERT DE PACO

· Los debates a que dará lugar el terrorismo serán aún más incómodos que quitarse los zapatos y el cinturón. La tenencia de armas, por ejemplo.

El yihadista que ha atacado a un policía en París ha sido neutralizado de un disparo en el tórax por otro agente. Iba a escribir abatido en lugar de neutralizado, pero el agresor no ha muerto. Y me temo que agresor no pesa lo suficiente para designar a alguien que, después de todo, ha intentado matar a un hombre. Hace diez o quince años, menos incluso, el uso por parte de la prensa de un lenguaje beligerante habría provocado la estupefacción no ya de cualquier deontólogo, también del público lector. Basta releer algunas de las noticias que informaron de la muerte de etarras para constatar la exquisitez con que los periódicos les solían dar sepultura: “Tres presuntos activistas de ETA Militar perdieron la vida”; “Dos presuntos miembros del comando Vizcaya fallecieron esta madrugada en un tiroteo con agentes de la Guardia Civil”; “Los activistas respondieron a la voz de alto haciendo uso de sus armas”. Haciendo uso. Salvo por el grotesco relativismo de cierta izquierda y algún que otro equilibrismo retórico, a ningún yihadista se le trata de activista; menos aún de activista nivel usuario. “Abatido”, decimos sin inmutarnos, cuando hay libros de estilo que todavía prescriben que, al informar de una carga policial, no se diga que “la policía tuvo que cargar”, sino simplemente que “cargó”. Así el terrorismo ahorma la vida. Sigue habiendo chasquidos de fastidio a la hora de someterse a un control en el aeropuerto, pero son cada vez menos, y lo que ya no hay, desde luego, son articulistas que recreen su enojo ante tamaño atropello en las páginas de un dominical. Los debates a que dará lugar el terrorismo serán aún más incómodos que quitarse los zapatos y el cinturón. La tenencia de armas, por ejemplo. El Reino Unido habrá de elegir entre dotar de pistolas a sus policías o salvaguardar el folklore. En cualquier caso, no siempre hay un policía a pocos metros, como hoy lo ha habido en Notre Dame. ¿Debemos empezar a armar a la población civil? Militarizarla, dícese. A esas incomodidades me refiero.