La telaraña de Pujol

EL MUNDO 02/08/14
CARLOS CUESTA

La telaraña. Así se ha denominado al entramado de enchufes y corrupción tejido en Andalucía tras años de socialismo. Décadas en las que hermanos, sobrinos, cuñados o socios han controlado los puestos clave, subvenciones y organismos hasta resultar imposible discernir lo público de lo privado.

Pero esa telaraña no ha sido un modelo exclusivo de Andalucía ni del PSOE. Cataluña y CiU son la mayor muestra de que todo aspirante a cacique sueña con crear su propia telaraña. Especialmente cuando un cargo público llega a confundir la crítica a su despotismo con el ataque a su pueblo.

Y ese es el caso de Jordi Pujol. Poco se habla de los orígenes de su fortuna familiar. Poco, porque nada les interesa recordar a quienes hoy acusan a España de robar a Cataluña que algunos de los ensalzados como luchadores anti Franco, vieron medrar sus ahorros familiares en aquellos años gracias a movimientos de divisas cuando menos dudosos. Unos años en los que el lobby de la patronal textil contrató los servicios de Florencio, padre de Jordi, y que han quedado perfectamente retratados en los escritos del ex consejero Manuel Ortínez.

Por aquella época, ya aparecía la figura de David Tennenbaum en la órbita de los Pujol, financiero con el que fundarían Banca Catalana. O la del propio Josep Andreu i Abelló, dirigente histórico del socialismo catalán y, cómo no, de Banca Catalana. Figuras necesarias en determinados negocios, especialmente porque la principal plaza de cambio de divisas era Tánger, donde casualmente Abelló era el principal accionista del Banco Inmobiliario y Mercantil de Marruecos.

Aquellos lazos fueron cultivados con esmero por Jordi. Con tanto esmero que nada le importó llegar al escándalo de Banca Catalana de la mano del mismo Abelló, aunque ya por aquellos años corriese de lado a lado la denuncia de miembros de UGT sobre la implicación de Abelló en el despiste del yate Vita, barco que partió hacia México cargado de oro y riquezas procedentes de la Guerra Civil y que nunca retornó.

Todo esto no se cuenta. O, como ha insinuado Margarita Robles, hasta se entierra con tal de conseguir un buen pacto político con los afectados.

Pero así empezó la historia de los Pujol. Una historia de la que tan sólo hemos empezado a ver los primeros coletazos de un enorme escándalo. Y una historia que demuestra que los pactos de no actuación judicial y de soterramiento de la corrupción sólo pueden acabar en un enorme desastre.