Mas entona su adiós para facilitar la independencia

EDITORIAL EL MUNDO – 10/01/16

· No habrá elecciones en Cataluña. Lo que en cien días no se pudo conseguir en unas negociaciones envenenadas entre Junts pel Sí y la CUP, se pudo lograr ayer en unas pocas horas. El precio del acuerdo entre ambas partes es la cabeza de Artur Mas, que, fuertemente presionado por los dirigentes de su partido, aceptó retirarse de la escena, para evitar que unas nuevas elecciones frenasen el proceso de independencia iniciado por el Parlament tras los comicios del 27-S.

Artur Mas era quien había creado este embrollo al forzar unas elecciones plebiscitarias en las que pedía una mayoría absoluta para su hoja de ruta independentista. Fracasó en el intento y quedó a expensas de la CUP para ser investido. La formación anti-sistema ha mantenido el veto hasta el último momento, como en una jugada de póker, y al final Mas ha tenido que tirar las cartas. Un irónico final para un dirigente que siempre se ha creído por encima del bien y del mal y que en su despedida ha tenido la desfachatez de reconocer que han conseguido en una negociación lo que no le concedieron las urnas, un insulto a los ciudadanos de Cataluña y a la democracia.

El acuerdo in extremis para evitar unas nuevas elecciones tiene una poderosa lógica: que tanto CDC como la CUP hubieran sacado peores resultados y que el soberanismo en su conjunto habría quedado debilitado. Ése es el escenario que querían evitar a toda costa y al que les había conducido su intransigencia. El acuerdo, por tanto, es producto de la debilidad de unos y otros y por el que ambos tendrán que hacer «sacrificios», como reconoció ayer Artur Mas. Además de su retirada, «un paso al lado», dijo textualmente, dos diputados de la CUP se incorporarán a «la dinámica del grupo parlamentario de Junts pel Sí», según el compromiso que firmaron por escrito ayer por la tarde ambas organizaciones, y otros tendrán que dimitir y ceder su puesto a nuevos miembros de la organización anti-sistema para «visualizar un cambio de etapa y asumir implícitamente la parte de autocrítica que le corresponde en la gestión del proceso negociador». Pero lo más llamativo del documento es la renuncia expresa de la CUP a hacer oposición, no votar nunca «en el mismo sentido que los grupos parlamentarios contrarios al proceso y/o el derecho a decidir» y plegarse al nuevo President para «garantizar la estabilidad parlamentaria y fortalecer la acción de gobierno durante esta legislatura».

En su última comparencia del pasado martes, la estrategia de Artur Mas fue forzar las elecciones, haciendo imposible el acuerdo al que se llegó ayer por la tarde. Por un lado, Mas respondió a la dramática petición de Oriol Junqueras, presidente de ERC, con una negativa tajante a negociar. Por otro, descalificó y ninguneó a la CUP, haciéndola responsable de la falta de acuerdo. Su estrategia era casi perfecta: crear una situación de hechos consumados para ir a unas nuevas elecciones como cabeza de lista de la coalición o de su partido. Pero lo que Mas no podía calcular era que en su propia formación no iban a cerrar filas con él y que sus fieles se iban a prestar a negociar con la CUP y con ERC un nuevo presidente de la Generalitat para no ir a las urnas.

Contra su propósito, Mas ha tenido que ceder en el último momento ya sea por un ataque de lucidez, ya sea porque las presiones han sido insoportables. Seguramente, por ambas cosas a la vez. Pero ello no le exime de su responsabilidad en la situación creada ni del patético espectáculo de las últimas semanas. Él decía que no se iba a prestar «a una subasta de pescado» y esto es lo que ha sucedido en las últimas horas: que los partidos independentistas han tenido que maniobrar entre bastidores, pero para fijar y ajustar el precio de su cabeza. Él ha sido el que ha sido subastado por una cruel ironía del destino para que el proceso para alcanzar la independencia de Cataluña continúe con el calendario fijado.

En su comparecencia de ayer, Mas aseguró que fue él quien decidió el nombre de su sustituto como candidato a la presidencia, alguien en que tiene, reiteró, la máxima confianza. Carles Puigdemont, periodista de largo recorrido (fue redactor jefe del diario catalanista El Punt y director de la agencia de noticias pública de la Generalitat), parlamentario autonómico de CiU en tres legislaturas y alcalde de Gerona desde 2011, ha utilizado la presidencia de la Asociación de Municipios para la Independencia (AMI) para labrarse un perfil de independentista radical y sin fisuras dispuesto a desafiar al Estado para conseguir sus propósitos. Esta tarde será investido con el respaldo suficiente de la CUP, que, pese a su radicalismo político, ha comprendido que a veces vale la pena sacrificar los principios por los intereses porque la verdadera razón por la que esta formación ha cedido es el vértigo a unos nuevos comicios y el temor a un fuerte castigo electoral.

El acuerdo alcanzado en el último momento supone el final de Artur Mas, el político más nefasto y más irresponsable que ha habido en este país desde la instauración de la democracia. Es imposible encontrar otro dirigente que haya hecho más daño a Cataluña y a España. El gran legado que deja es una profunda fractura en la sociedad catalana tras haber instigado durante muchos años el odio hacia España con un discurso falaz y manipulador. Suyo es el «España nos roba» que tanto daño ha hecho. Mas no supo manejar los resultados del 27 de septiembre, atribuyéndose una victoria que no había alcanzado con los votos, y cometió el error de querer impulsar el proceso soberanista sin una mayoría política y social. Ese error explica lo que ha sucedido en estos cien días de bloqueo de la gobernabilidad de Cataluña.

Al final, el líder de CDC ha sido víctima de su estrategia de querer comprar los votos de la CUP a toda costa, ofreciendo unas condiciones humillantes que no fueron suficientes porque los anti-sistema querían su renuncia al cargo. Aunque en su comparecencia de ayer repitió varias veces que su decisión no significa un abandono de la política, ya que conservará su escaño y el liderazgo de su maltrecho partido, será muy difícil que Mas vuelva a ocupar algún cargo público.

Ahora se abre una nueva etapa llena de incógnitas porque no sabemos el rumbo que el nuevo Gobierno va a emprender, aunque todo indica que los independentistas van a mantener su desafío que pasa por la desobediencia de las leyes, el inicio de un proceso constituyente y la creación de instituciones soberanistas que den lugar a la construcción de un Estado catalán. Si es así y no hay una rectificación, el Gobierno de la nación tendrá que actuar con serenidad y firmeza. Es muy probable que los independentistas pretendan aprovecharse de la situación de interinidad de Rajoy, lo que supone otra poderosa razón para un entendimiento entre PP, PSOE y Ciudadanos, que tienen la obligación de estar a la altura del reto.

La convocatoria de elecciones en Cataluña era un mala solución en la medida en que suponía no respetar la voluntad popular expresada en las urnas hace tres meses, pero puede que la alternativa sea peor ya que este nuevo Gobierno va a nacer muy tocado, sin mayoría absoluta, sin un liderazgo claro y, sobre todo, con la fractura evidenciada entre CDC y ERC, que anticipa una legislatura tormentosa.

EDITORIAL EL MUNDO – 10/01/16