Mecano

Ignacio Camacho, ABC, 3/10/12

El problema esencial es el colapso del modelo autonómico, la avería causada por la crisis en un sistema hipertrofiado

LA conferencia de presidentes regionales fue otro invento fallido de Zapatero, que intentaba con ella camuflar el descalzaperros que él mismo había armado en el mapa territorial al autorizar el Estatuto de Cataluña. Celebró cinco ediciones sin sacar de ellas nada en claro, en parte porque los barones del PP se aplicaron con denuedo a boicotearlas y sobre todo porque la idea carecía de proyecto y de estructura; lo único que le importaba al posmoderno gobernante era la foto, la apariencia de una inexistente coordinación en un Estado convertido por él en un mecano con las piezas desajustadas. No han cambiado mucho las cosas desde entonces salvo el signo político de la mayor parte de las autonomías, que ahora se mueven en sintonía (relativa) con el Gobierno. Para Rajoy esta clase de reuniones más bien deslavazadas constituyen sin duda un tedioso fastidio pero su sentido pragmático ha tratado de sacarle algún partido para disciplinar, siquiera de modo superficial, el desbarajuste de las cuentas autonómicas. La sesión de ayer venía pintada con tan mala traza que a pesar de sus escasos acuerdos ha parecido casi bien parada por el simple hecho de no haber terminado a farolazos como el rosario de la aurora.

Convocada para proyectar la imagen de una cierta cohesión financiera frente a las fundadas sospechas de que las autonomías son un sumidero de la estabilidad fiscal, la conferencia se precipitó en la fecha menos oportuna. El demarraje secesionista catalán, la improvisación federalista del PSOE, la triple cita electoral del otoño y el malestar por el reparto de los Presupuestos —patente incluso en algunos presidentes pepe

ros— se habían cruzado en la agenda como volquetes derrapando en una pista mojada. Aunque los roces eran inevitables no hubo colisiones graves; con la chequera del rescate en la mano el Gobierno ha logrado atemperar los ímpetus de unos virreyes cuya deuda pública está degradada a bono basura. Hasta Artur Mas se ahorró la soflama soberanista y se avino a discutir de lo que interesaba a todos, que es la pasta. Escasa, pero pasta al fin y al cabo.

Al fondo sigue plantado, no obstante, el problema esencial, que es el colapso del modelo autonómico vigente, el bloqueo que ha provocado la crisis en un diseño político y territorial hipertrofiado sin planificación, equilibrio, orden ni método. El sistema se ha resquebrajado y exige un replanteamiento más profundo que los parches de emergencia; hay que sentarse a reformular y recomponer las bases del reparto competencial, con o sin reforma de la Constitución. Mejor sin ella, pero eso exige mucho diálogo, mucha paciencia y mucho acuerdo, requisitos impensables en un momento de tensiones desquiciadas. La alternativa consiste en dejar que el Estado se desplome por inviabilidad de su propia estructura y por el desquiciado empeño de algunos en desguazar por su cuenta las vigas maestras.

Ignacio Camacho, ABC, 3/10/12