Mientras ustedes duermen tranquilos

EL MUNDO 30/07/13
ANTONIO SALVÁ VERD

Han pasado cuatro años desde el asesinato de Carlos y Diego, y el dicho de que el tiempo todo lo borra, en este caso puedo afirmar que el tiempo no borra nada, la herida perdura y no se cierra, y pienso que nunca se cerrará. Por ello, aprovechando el nefasto aniversario, quiero hacer una serie de consideraciones.
1. En este tiempo he tenido que soportar excarcelaciones de etarras, pero la más llamativa, sin duda alguna, es la de Bolinaga, que haciendo un paréntesis, tengo que decir que mis pacientes terminales de cáncer de riñón se mueren. Sin embargo, los terminales avalados por el Ministerio del Interior resulta que se van de chiquitos, homenajes y duran más que las pilas de alta tecnología. Desde aquí aprovecho para pedirle al ministro del Interior que monte un gabinete de enfermos terminales de urología. El éxito sería sin precedentes. Repito, sólo conozco los dichos pacientes terminales avalados por la sanidad vasca –en contra del forense– irse de copas, y menos mal que no fichan por un equipo de fútbol. Entonces les darían el premio Nobel. A usted, señor Fernández Díaz, a usted, señor Ángel Yuste y a usted, señor Castro, juez de vigilancia penitenciaria, les hago un desafío público, una prueba para demostrar su capacidad y valores: ¿se atreverían a mirar a los ojos al señor Ortega Lara? ¿Y por cuánto tiempo serían capaces de mantener la mirada? O por el contrario, ¿mirarían a otro lado? La verdad, es todo un desafío. Si se ven con agallas de hacerlo, por favor, no me lo quiero perder, avísenme. No sé si ustedes saben que, con este acto, otra vez han enviado al zulo de Mondragón, donde estaba encarcelado, a Ortega Lara, y le han hecho recordar. Estoy seguro de que cada día que este enfermo terminal está en la calle es un día más de secuestro para él, mientras que ustedes duermen tan tranquilos. Es como si de nuevo ponen otra bomba a Carlos y Diego.
2. A nadie le deseo que pase por donde hemos pasado, ni a los etarras, pues si así fuera, el odio sería terrible. No obstante, ustedes tienen la obligación de velar por nosotros, y a mi entender, se les ha olvidado el deber de aplicar justicia.
3. Unos comentarios sobre la famosa vía Nanclares. Aplíquenla correctamente, que el arrepentimiento sea de verdad, y que, por supuesto, colaboren con la justicia, que eso de que tengan amnesia de lo sucedido no se lo creen ni ellos. Depende sólo de los responsables de ponerlos en la calle, y encima, con humillaciones tales como que lamentan lo sucedido, pero no veo arrepentimiento ni nada. Ustedes, los citados, ¿se atreverían a mirar a los ojos a las víctimas del etarra Sistiaga o del etarra Lasarte?
4. Para finalizar, aprovecho para dar las gracias a todos aquellos que se han solidarizado con mi familia, y para recordar a todo el mundo que o se está con las víctimas o se está con ETA, no cabe el término medio al que los políticos nos tienen acostumbrados, es decir, a la rendición del Estado de Derecho frente a ETA.

Antonio Salvá Verd es el padre de Diego Salvá, asesinado por ETA el 30 de julio de 2009, y médico-urólogo.