Otegi y la hipocresía del Constitucional

LIBERTAD DIGITAL  06/05/14
GUILLERMO DUPUY

Es cierto que hay multitud de presos que han sido excarcelados en nuestro país por el mero hecho de haber ya cumplido las tres cuartas partes de su condena. Sin embargo, no es esta la principal razón por la que considero que el Tribunal Constitucional ha sido sumamente hipócrita al denegar la excarcelación de Arnaldo Otegi sobre la base de que el “mero transcurso del tiempo no es suficiente” para acordar la medida cautelar consistente en la suspensión de la condena.

El auténtico homenaje que el vicio rinde a la virtud en esta sentencia del Constitucional es la misma decisión de mantener una condena a Otegi por tratar de reconstituir la ilegal Batasuna, algo que el batasuno no habría podido hacer sin la decisiva colaboración de ese mismo Tribunal, que consideró acorde a la Ley de Partidos y a la sentencia de ilegalización de Batasuna la irrupción en escena de Sortu, Bildu y Amaiur.

La plataforma Bateragune solo fue un embrión, un punto de encuentro entre los batasunos, sectores de EA, Aralar y el sindicato ELA para poner en marcha lo que luego se plasmaría en diferentes siglas, como Sortu, Bildu y Amaiur. Este cambio de siglas ha sido una constante práctica del brazo político de ETA desde los tiempos de Herri Batasuna, y ya en 2005 Arnaldo Otegi lo justificaba en un libro entrevista, Mañana, Euskal Herria:

Nosotros no vamos a regalar nuestra base electoral a nadie. Nos ha costado mucho esfuerzo construir esa base popular. En segundo lugar, para demostrarle al enemigo lo inútil de su estrategia. Y eso ha quedado demostrado.

De hecho, fueron los magníficos resultados cosechados por Bildu -formación legalizada por el mismo hipócrita tribunal que mantiene encarcelado a Otegi- lo que llevó a la encapuchada dirección de ETA a celebrar públicamente en 2011 el haber “ganado la batalla de la ilegalización”. De hecho, fueron estos mismos resultados lo que llevaron al encarcelado Otegi a celebrar públicamente: “Empezamos siendo cuatro o cinco y ya somos 313.000”. De hecho, Arnaldo Otegi es desde hace poco secretario general de la legalizada Sortu.

Algunos dirán, con todo, que la permanencia de Otegi en prisión es un consuelo para las víctimas. Sin embargo, lo auténticamente insultante para las victimas debería ser esta mascarada que trata de disimular el decisivo papel que ha tenido nuestra clase política y nuestro muy politizado Tribunal Constitucional en el hecho de que ETA haya podido reconstituir, una vez más, su supuestamente ilegalizado brazo político.