Pez piloto

EL MUNDO 25/11/14
ARCADI ESPADA

DON JOSÉ Montilla, ex presidente de la Generalidad y miembro del Senado de España, se ha puesto a disposición del actual presidente Mas como testigo, dice, de su defensa ante la querella interpuesta por la fiscalía. Es difícil saber en qué puede ayudar, concretamente, don José Montilla. Pero, en cambio, no hay duda alguna de hasta qué punto le asiste la legitimidad para intentarlo. El delito fundamental de que se acusa al presidente Mas es el de incumplir la ley y don

José Montilla fue en este punto pionero. Uno de los más escabrosos documentos que ha producido modernamente el nacionalismo gobernante es la declaración institucional que firmó el 28 de junio de 2010, a las pocas horas de que el Tribunal Constitucional declarara que algunos artículos del Estatuto eran incompatibles con la ley. La declaración es una muestra herida e hiriente de hasta qué punto aquel mandato se desarrolló en la indigencia intelectual: sus contradicciones lógicas, sus amaños semánticos y sus pleitos con la épica, siempre sentenciados por la habitual falta de carácter del socialdemócrata, son memorables. Pero la declaración incluye frases asombrosamente insurreccionales: «Un Tribunal Constitucional que, como hemos dicho de forma reiterada, está lamentablemente desacreditado y moralmente deslegitimado para dictar esta sentencia». «No hay tribunal que pueda juzgar ni nuestros sentimientos ni nuestra voluntad. Somos una nación».

A los niños habrá que enseñarles que esta rendición de la ley a los sentimientos, puramente paramilitar, solo tuvo en la devastada Cataluña moderna el antecedente de Banca Catalana. Valga el ejemplo, entre miles de aquellos innobles días, de Josep Rahola d’Espona, otro miembro del Senado de España, que escribió esta frase eucarística: «Digamos no a la dictadura de las leyes». En lo que luego destacaría don José Montilla. No estaba solo en el Partido Socialista.

Meses antes de la declaración institucional, Pasqual Maragall, ya ex presidente, había impulsado aquel manifiesto de Juneda donde se instaba a los catalanes a dejar de pagar impuestos si la sentencia del Tribunal Constitucional no les convenía.

Por lo tanto la legitimidad y la instrucción de don José Montilla y de la globalidad de los socialistas catalanes en desacatamientos, desobediencias e ilegalidades más o menos sentimentales está plenamente demostrada y exhibida. Fueron el pez piloto, y ahora yacen justamente deglutidos en el fondo de la sucia barriga.