¿Qué es la verdad?

ABC 01/09/13
JUAN CARLOS GIRAUTA

En cuanto seamos independientes, los catalanes podremos optar a la doble nacionalidad catalana y española, mantendremos el castellano como lengua cooficial y nuestra relación con España mejorará gracias al trato entre iguales. Nuestro índice de paro se igualará con la media comunitaria, creándose 300.000 empleos como resultado del fin del déficit fiscal que nos asfixia, del expolio. También tendremos una renta per cápita de 30.416 euros, la séptima de la Unión Europea, club al que seguiremos perteneciendo.
He aquí los beneficios del Estado soberano catalán, según folleto confeccionado por Convergència y difundido entre sus bases. Se espera que la militancia exprima los anteriores argumentos allá donde alcancen sus contactos; el objetivo declarado es disuadir a los que piensan votar «no» en la consulta secesionista, que ya cuenta hasta con su partida de treinta millones de euros.
Más allá de la deliberada confusión nacionalista entre consulta y secesión, más allá de la erección de estructuras de Estado que CiU se lleva entre manos tras su pacto de legislatura con ERC y que es previa a cualquier pronunciamiento del pueblo catalán, más allá de la evidencia de que el movimiento nacionalistasecesionista ha descontado el resultado de la hipotética (pero presupuestada) consulta, y más allá de que todas estas cosas convierten el «derecho a decidir» en «derecho a decidir que sí», todo el entramado propagandístico de Mas se apoya en una falsedad ridícula: que Cataluña, una vez desgajada de España, seguiría formando parte de la Unión Europea. Por supuesto, no es verdad, pero, como dijo Poncio Pilatos: ¿Qué es la verdad?
El relativismo avant la lettre de Pilatos no impresionó lo más mínimo al gobierno británico cuando se encontró con que los secesionistas escoceses intentaban colar esa misma trola a sus conciudadanos: la Escocia independiente seguirá en la Unión Europea. Lo afirmaban tres documentos oficiales del gobierno e s c o c é s . Así r e z a ba uno de e l l o s : «Bajo la independencia, Escocia tendría los derechos y responsabilidades de cualquier Estado normal y soberano y mantendría su pertenencia a la Unión Europea». La Convergència del lago Ness.
Si TVE fuera la BBC, alguien le habría pedido ya a Artur Mas lo mismo que el periodista Andrew Neil le pidió a Alex Salmond: las pruebas que avalaban tal afirmación. Fíjense en la respuesta de Salmond, porque tuvo consecuencias: «Sabes que no puedo darte el informe legal o desvelar los consejos de nuestros asesores legales, lo sabes, Andrew; pero sí se puede decir que todo lo que publicamos es acorde a los informes legales que hemos recibido».
Las consecuencias: ante el parlamento de Escocia, el número dos de Salmond se vio obligado a reconocer que habían mentido, que no existía informe legal alguno que permitiera sostener la permanencia en Europa, tan crucial para las expectativas del secesionismo escocés como para las del catalán. Lo que permitió resumir así la cuestión a una diputada laborista de la cámara escocesa, Catherine Stihler, la misma que había requerido el informe amparándose en la Ley de Transparencia (Ay, la transparencia): «Son mentiras, mentiras y más malditas mentiras.» La representante de los conservadores, Ruth Davidson, se pronunció en el mismo sentido: Salmond trató de engañar a los escoceses.
El documento conque Convergència se dispone a adoctrinar a los suyos para que, a su vez, adoctrinen a familiares, amigos, compañeros de trabajo y socios de su club de petanca, está construido sobre mentiras, mentiras y más malditas mentiras. Pero, ¿qué es la verdad? Una visita inquisitoria a la alta, desbordante filosofía de los escoceses, nos abrumaría. Tampoco se la merecen los creadores de Cataluñas virtuales. Para ello: la verdad es un engorro.