Sabemos lo que hizo Rusia. Lo que tenemos que entender es por qué

EL CONFIDENCIAL 11/01/17
FAREED ZAKARIA. (NUEVA YORK)

· Vladímir Putin ha visto con temor cómo movimientos opositores derrocaban a los presidentes del mundo árabe. Los mismos movimientos a los que Hillary Clinton apoyó en la propia Rusia

Me alegro de que Donald Trump vaya a recibir finalmente un informe con las conclusiones unánimes de las agencias de inteligencia de EEUU sobre que el Gobierno ruso está detrás del ‘hackeo’ del Comité Nacional Demócrata y el jefe de campaña de Hillary Clinton. Pero debería pedir y recibir también un informe político sobre Rusia que pueda arrojar luz acerca del contexto de sus acciones. Tenemos que entender por qué Rusia se ha comportado de esta manera.

Todo empezó con la Primavera Árabe. Las repentinas manifestaciones de masas y peticiones de democracia tomaron a todo el mundo por sorpresa. En particular, sacudieron Moscú en un momento precario. El Kremlin estaba metido en el manejo del futuro político del país, y preocupado por la oposición en casa. Había elecciones parlamentarias previstas en menos de un año, a las que seguirían unas presidenciales. Vladímir Putin no era entonces presidente, al haber dejado el cargo tal y como ordenaba la constitución rusa, permitiendo que lo ocupase Dimitri Medvédev.

Roland Dannreuther, de la Universidad de Westminster de Londres, señala que las “crisis en Libia y Siria coincidieron con el auge de la oposición a la reelección de Putin, con manifestaciones opositoras como nunca se habían visto en Moscú y otras ciudades de Rusia durante 2011-12”. Argumenta que el Kremlin observó cómo en dichos países las protestas callejeras se convirtieron en una oposición más amplia, crearon inestabilidad y posteriormente atrajeron la atención y la intervención de las potencias occidentales. Moscú estaba decidido a que no se reprodujese ese escenario en Rusia o en ninguno de sus países vecinos, como Ucrania.

De hecho, se produjo un raro desacuerdo entre Putin y Medvédev sobre cómo responder a lo de Libia. Putin atacó amargamente a su propio presidente por no vetar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autorizaba una intervención en Libia y arremetió contra Occidente por lanzar “una cruzada” contra un país musulmán. Medvédev, que técnicamente estaba al cargo de la política exterior, le contradijo de forma directa, calificando su retórica de “inexcusable”. Algunas voces rusas creen que este desacuerdo pudo haber sellado el destino de Medvédev, garantizando que sirviese por un solo mandato y después abriese el camino para el regreso de Putin a la presidencia. En cualquier caso, como escribe Dannreuther, “para las élites conservadoras rusas, la evidencia de la Primavera Árabe confirma que dichas divisiones en facciones disfrazadas de promoción de la democracia solo llevan al desorden interno, al conflicto social y a la pérdida de la integridad soberana del Estado”. (El hecho de que Clinton animase a los manifestantes prodemocracia en Rusia en este momento tan sensible la convirtió en una archienemiga a ojos de la élite del Kremlin).

Más o menos un año después, en 2013, el jefe del estado mayor de las Fuerzas Armadas rusas, el general Valery Gerasimov, escribió un artículo que sugería que el desafío principal para Rusia era responder a las dinámicas subyacentes de la Primavera Árabe y las “revoluciones de colores” del norte de África. Instaba a que no se las viese como eventos no militares porque “un Estado perfectamente capaz puede, en cuestión de meses e incluso días, ser transformado en una arena de intenso conflicto armado, convertido en una víctima de una intervención extranjera, y hundido en una red de caos, catástrofe humanitaria y guerra civil”. Gerasimov promovía que Rusia comprenda mejor y desarrolle los métodos no militares y asimétricos, incluyendo las operaciones especiales, la guerra informativa y el uso de oposición interna para mutilar una sociedad.

Desde entonces, Moscú ha convertido la guerra asimétrica y de la información en el centro de su política extranjera y militar. Al reafirmarse en Georgia y Ucrania, Rusia ha usado una estrategia híbrida que implica la financiación de políticos y milicias locales, las falsas noticias y los ciberataques. Importantes políticos alemanes y polacos aseguran que Rusia también está desarrollando ciertas actividades en sus países. Y ahora está la aparente implicación en las elecciones estadounidenses.

La idea de la guerra de la información no es nueva. La URSS desarrolló y practicó una estrategia de ‘desinformación’ durante la Guerra Fría, completada con falsas noticias y la penetración de partidos políticos y medios de comunicación occidentales. Pero el renacimiento de esta estrategia y la forma agresiva y sofisticada en que se lleva a cabo ahora en el paisaje de las redes sociales marca una nueva y peligrosa tendencia en geopolítica.

Este es el marco político tras la evidencia técnica de que Rusia interfirió en las elecciones de noviembre. Tiene que ser alejado de la lucha partidista y visto en un contexto mucho más amplio. Desde el final de la Guerra Fría, ningún país importante ha desafiado el sistema internacional emergente. Pero ahora, una estrategia de gran potencia, diseñada para trabajar de forma insidiosa, podría tener éxito a la hora de sembrar la duda, la división, el desacuerdo y, finalmente, la destrucción en Occidente.