Verificaciones

ABC 02/03/14
JON JUARISTI

· Es alarmante que González Pons haya confundido la actividad de los «verificadores internacionales» con una forma de trabajo

LOS verificadores trabajan para ETA»: nada me ha producido tanto estupor, esta pasada semana, como la taxativa afirmación de Esteban González Pons acerca de la respetable banda de Ram Manikkalingam y Ronnie Kasrils, también conocida como Comisión Internacional de Verificación. Lo que dicha banda perpetra puede favorecer a ETA, pero ¿qué tiene que ver eso con trabajar? Los verificadores viajan, se alojan en hoteles de cinco estrellas, cobran un pastón de no se sabe quién, desayunan con el lendakari y se graban en vídeos con etarras disfrazados de etarras. ¿Dónde entra el trabajo en esta variada serie de actividades? Mal, muy mal debe de andar el trabajo en España para que González Pons lo confunda con aquello a lo que se dedican Ram y Ronnie, o sea, los Dixie y Pixie de la Verificación Internacional, como los habría llamado mi añorada Carmen Calvo Poyatos, a quien no le habrían engatusado tan fácilmente Ram y Ron con sus pretensiones laborales y proletarias, porque Carmen Calvo sabía distinguir muy bien entre el trabajo y el hiphop o lo que ella hiciera en el Ministerio de Cultura.

El vídeo de la Verificación Internacional de la Entrega del Arsenal o de ETA a ETA y tiro porque me peta, que es todo lo que conocemos de las hazañas de la Comisión, no podría en ningún caso ser calificado de testimonio o prueba de una actividad laboral. Si acaso, atestiguaría un prolegómeno, un parergon, que dirían los clásicos. Estaríamos, según tal hipótesis, ante un acontecimiento preliminar, previo al trabajo propiamente dicho. En efecto, lo grabado en el famoso vídeo parece ser, según todos los indicios, un casting en el que Ram y Ron tratan de convencer a la audiencia o a quien corresponda, no tanto de la improbable conversión de ETA al pacifismo y a la democracia parlamentaria como de la idoneidad de los propios verificadores para actuar en una película de, pongamos por caso, Quentin Tarantino.

Porque la escena de Ram y Ron con los dos etarras de Toulouse parece sacada de aquel episodio de «Pulp Fiction» en el que el boxeador Butch Coolidge (Bruce Willis) y el gánster Marsellus Wallace (Ving Rhames), secuestrados por los sádicos Maynard (Duane Whitaker) y Zed (Peter Greene), comparten minutos de angustia en el sótano de una tienda de antigüedades llena de armas con «el Tarado», un esclavo sexual de sus captores. Los etarras del vídeo tuvieron incluso el detalle de cambiar la indumentaria habitual de los portavoces de la banda (pasamontañas con boina) por sendas versiones muy logradas de las mallas y capucha de «el Tarado», probablemente a petición de los propios verificadores.

Es indudable que la semejanza entre ambas secuencias nada tiene de casual, e incluso hay un toque de genialidad en el homenaje que rinde el vídeo de Toulouse a su modelo cinematográfico, porque juega no solamente con el parecido físico entre Ram Manikkalingam y Ving Rhames (y con la paronomasia entre el nombre del primero y el apellido del segundo), sino también con el hecho de que el guión de «Pulp Fiction» fuera concebido y escrito por Tarantino en Ámsterdam, ciudad donde tiene su domicilio Ram Manikkalingam y la fuente principal de sus finanzas, según dicen ellos, la Comisión Internacional de Verificación.

Posiblemente, en un futuro no muy lejano, Ram y Ronnie, los Dixie y Pixie o los Butch y Wallace de la Verificación Internacional, trabajarán en algo, a lo mejor en el cine. No hay que preocuparse por ellos. No han sido menos ministros en otro tiempo que la estupenda Carmen Calvo Poyatos, y seguro que sabrán salir adelante en esta vida, trabajando o haciendo lo de siempre.