Vicio

DAVID GISTAU – ABC – 21/06/16

· La izquierda ha conseguido, a lo largo de los tiempos, atribuirse una patente moral sin por ello dejar de pasar por «tolerante» y «plural».

Las sociedades europeas siempre cultivaron un complejo de superioridad respecto de la norteamericana que en parte pretendía ser la altivez de Grecia sobre Roma. Los gringos debían pasar por patanes aptos sólo para la guerra, sin un ápice de inteligencia ni de cultura, que además, en el ámbito de las costumbres, eran unos reaccionarios tremendos incapaces de consentir una ínfima desviación sexual. «Es que es una sociedad muy puritana, no como la nuestra»: ésta era la frase hecha que volvía cada vez que un político americano veía arruinada su carrera por un escándalo sexual.

David de Gea, portero de la selección española, tiene que agradecer que la nuestra, a diferencia de la norteamericana, no sea una sociedad puritana ni vigile la vida privada de las personas y sus apetitos íntimos (los no delictivos). Porque, de ser la nuestra una sociedad así, David de Gea ya habría sido ahorcado en una grúa, como en Teherán. La policía de la moral pública insiste en arrojar a De Gea al lodazal de la campaña electoral, como si el muchacho ocupara un cargo público incompatible con la afición al sexo en grupo, suponiendo que la tenga, y allá él. En el otro artículo dedicado a este tema, ya dijimos que la estupidez de la ejemplaridad ante los niños había impuesto a los futbolistas unas restricciones de conducta y unos votos inasumibles incluso para los caballeros andantes que aspiraran a una virtud artúrica.

Pero es que De Gea es víctima además, en un tiempo electoral, de otro puritanismo, el de la izquierda, que se arroga credenciales morales para corregir aquellas vidas privadas en las que ni siquiera la Policía ha encontrado indicio de delito ni reproche alguno que hacer. Aun no siendo candidato, sobre De Gea están aplicando las técnicas de destrucción del rival por motivos ajenos a sus deberes en la actividad profesional o pública.

Pedro Sánchez, pacato, moralista, se dice incómodo cuando lo ve jugar: y eso que cuando juega es cuando De Gea va vestido. Íñigo Errejón, como un curita del soviet, alude a los «asuntos turbios» de De Gea que lo invalidan para ser un héroe deportivo de la patria. El cinismo de Errejón es más indignante, porque a quien da un patatús es el titular de una beca turbia, el dirigente de un partido con una financiación turbia y con unas complicidades extranjeras turbias, turbiedades todas más inquietantes que las amigas que pueda tener un muchacho de veintitantos años.

La izquierda, que en estos casos histeriquea (modismo argentino) y se comporta como el piquete de mujeres contra el vicio que se apostaba a la puerta del «saloon», ha conseguido, a lo largo de los tiempos, atribuirse una patente moral para vigilar y corregir las conductas de las personas sin por ello dejar de pasar por «tolerante» y «plural». Menos mal que no es puritana porque, de lo contrario, ya nos habrían enviado a De Gea a escribir en una mazmorra la «Balada de la cárcel de Reading», como Wilde, otro a quien negaron la soberanía de su picha.

DAVID GISTAU – ABC – 21/06/16