Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

Primero, el Gobierno se asegura de que el prófugo que dirige el país desde Waterloo acepte la sugerencia del mediador que le ayuda a dirigir el país desde El Salvador o, cuando se acerca, desde Ginebra, y retira la exigencia de que Pedro Sánchez se someta a una cuestión de confianza. No porque la haya recuperado, claro, que eso ya se encarga Jordi Turull de desmentirlo, sino porque ha cedido algo que por el momento se desconoce su naturaleza, aunque ya nos enteraremos pronto. No lo dude.

Eso era lo difícil, porque luego llega lo fácil y el presidente Sánchez cede ante Esquerra Republicana, que se había quedado un poco descolocada y así levanta la cabeza, y acuerda la condonación de una buena parte de la deuda catalana que supera todas las expectativas, incluso las de la propia ERC. Al final serán más de 17.000 millones de ‘borrado’. Junqueras solo pedía 15.000 millones pero, como es muy educado, ha aceptado recibir más de 17.000. Sin una queja, sin un mal gesto, oiga. Para que luego digan que no es un hombre dialogante y flexible.

Como esa inesperada cesión -ya le digo que ni Junqueras esperaba una tan grande- era susceptible de levantar ampollas en el corral autonómico, la ministra de Hacienda se ha apresurado a prometer que condonará 83.252 millones al conjunto de las autonomías, para que nadie se quede sin su bono-regalo. El Gobierno recuerda que así las CC AA se ahorrarán entre 5.000 y 7.000 millones en intereses. Lo que se le olvidó decir es que esa misma cantidad penalizará a los Presupuestos Generales del Estado.

Con ocasión del reciente viaje de Pedro Sánchez a Ucrania nos enteramos de que España dona mil millones al atribulado país. No es mucho, cuando se compara con los 83.252 que se ceden a las autonomías, pero Zelenski debe comprender que el ejercicio de la virtud de la solidaridad se enfría con la distancia.

En realidad, no sé por qué nos extrañamos. Ya nos había advertido una anterior vicepresidenta del Gobierno que «el dinero público no es de nadie», así que el primero que lo ve, lo coge y, como la ministra de Hacienda siempre está más cerca, pues siempre lo coge ella. Dividan todo este espectáculo por los 7 parlamentarios de Junts y los 7 de ERC y verá cuánto vale, o mejor, a cómo se vende el kilo de parlamentario independentista.

¿Se puede tener menos respeto por el patrimonio común de todos los españoles? Se puede, pero es muy difícil y necesita mucho entrenamiento. Creo que, por eso, el Gobierno lo practica con tanta frecuencia. Sánchez va a tener éxito en esto de terminar con el independentismo. ¿Quién en su sano juicio se querría marchar de un país que les trata tan bien?