Irene González-Vozpópuli
Los resultados de las últimas elecciones en Alemania son catastróficos y realmente incomprensibles–
Hay algunas cosas del Occidente posmoderno que me ha tocado padecer como un pez fuera del agua a las que cuesta encontrar una explicación con un mínimo de lógica. Hasta en las cosas más ridículas que representan la perfecta imbecilidad europeísta es sencillo encontrarles una explicación, como el tapón pegado a las botellas de agua o las pajitas de cartón envueltas en plástico, pues en su mofa grotesca al ciudadano es visible el enorme negocio de expolio a los usuarios por el cambio climático. Sin embargo, no hay nada más absurdo, denigrante y autodestructivo como el voto mayoritario de las mujeres modernas a favor de la islamización de Europa, a la consiguiente destrucción de la civilización que nos ha proporcionado el mayor grado de libertad, dignidad y seguridad del mundo. Sólo un 17% de mujeres votó a la AfD, a diferencia de la comunidad LGTBi que votó mayoritariamente al partido conservador patriótico que no quiere que les cuelguen de grúas.
Los resultados de las últimas elecciones en Alemania son catastróficos y realmente incomprensibles para mí. Alemania sufre las consecuencias del asentamiento de la invasión migratoria proveniente de países islámicos desde hace décadas, en el caso de los turcos, y desde hace 15 años en el caso de los sirios y afganos. En los últimos dos años, además de la crisis multicultural de atentados normalizados o violaciones masivas, se ha producido la mayor desindustrialización del motor europeo que es Alemania, la fuga de empresas y de talento a Estados Unidos por el elevado coste de la energía, que no parece vaya a solucionarse en los próximos años sin acceso a gas barato.
En esta situación de destrucción alemana, una campaña electoral con varios atentados yihadistas y la obsesión de la Unión Europea en mantener una guerra en Ucrania suicida que nadie quiere, y menos los ucranianos o los alemanes que puedan ser llamados a filas —en una guerra la población civil es susceptible de ser alistada puesto que hay bajas que reemplazar. Me resulta terrorífico el hecho de que “Alternativa por Alemania” (AfD), el único partido anti islamización que trata estas cuestiones hablando a los ciudadanos como adultos haya obtenido únicamente el 20,8 % de los votos, casi diez millones de personas, en lugar de una mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario y hacer las reformas que corten de raíz la hemorragia.
A pesar de ser una subida espectacular la no victoria rotunda de la AfD es una enorme derrota civilizatoria para Europa porque no estamos ante una crisis normal
A pesar de ser una subida espectacular la no victoria rotunda de la AfD es una enorme derrota civilizatoria para Europa porque no estamos ante una crisis normal, sino en la consolidación de un proyecto descivilizatorio con migraciones masivas difícilmente reversible ahora, mucho menos dentro de unos años. Quienes celebran estos resultados de la AfD no ven que están en un muelle en llamas aplaudiendo al ver cómo ha zarpado el último bote. La casta política se puede frotar las manos creyendo que alcanzarán puestos en pocos años. “Es cuestión de tiempo”, repiten ciegos y conformistas. La realidad es que ya no hay tiempo. Alemania estaba en la prórroga de la destrucción y cada día que pasa Europa se empobrece más y alguien es atacado, o cierra su empresa y huye a EE.UU. La victoria no hay que esperarla, sino propiciarla antes de que no quede nada que salvar. La democracia multicultural se encargará de ello.
Según fuentes oficiales, como la Oficina Federal de Estadística de Alemania (Statistisches Bundesamt) en los últimos cinco años han obtenido la nacionalidad alemana alrededor de un millón de extranjeros con estimaciones conservadoras, duplicando el número de nacionalizados el año 2023 respecto al año 2020. Los tres principales países de origen de las nuevas obtenciones de pasaporte alemán son Siria, con un tercio de los nacionalizados, Turquía y Ucrania tras el conflicto. Los nacionalizados son una comunidad muy activa en el ejercicio del voto, pues se eleva a tasas superiores al 70%. Por ello en Alemania, en España y toda Europa se regalan nacionalizaciones, que son votos para desnaturalizar un censo y frustre esa espera conformista de los partidos anti inmigración.
En junio de 2024 entró en vigor en Alemania la nueva Ley de Modernización del Derecho de Ciudadanía (StARModG), que redujo el período de residencia requerido a 5 años o a 3 en algunos casos para obtener la doble nacionalidad de manera generalizada. Ni siquiera tienen que renunciar a su nacionalidad anterior. Inconcebible. Si las nacionalizaciones se han disparado en los últimos años, desde esta “ley del Estado de derecho” se elevará exponencialmente. Dentro de 4 años habrá millones de sirios o turcos con pasaporte de países islámicos votando a los partidos pro inmigración que son todos los globalistas menos la AfD. Alemania no tiene cuatro años para salvarse y quizá Europa tampoco.