Nicolás de Pedro-El Español
  • La presión de EEUU sobre Kiev alimenta la sospecha de que el acuerdo entre Trump y Putin está ya cocinado, y en unos términos difíciles de aceptar para Ucrania y para Europa.

Donald Trump está decidido a forzar un rápido alto el fuego en Ucrania. Aparentemente, a cualquier precio y a toda costa. Y de forma un tanto sorprendente (o quizás no) está poniendo toda la presión sobre Kiev y ninguna sobre Moscú, salvo una publicación en Truth (la red social de Trump) en las últimas horas amenazando a Rusia con sanciones si no se aviene a negociar.

Esto resulta sorprendente, porque es Rusia quien inició la guerra y quien puede detenerla en cualquier momento, al contrario que los ucranianos, que no pueden darse el lujo de dejar de proteger a su población.

Además, la amenaza de Trump resulta hueca. Porque combinada con el corte abrupto de la ayuda a Ucrania, tanto de suministros como de inteligencia, pone a Kiev en una posición muy delicada.

El aumento de la intensidad y la efectividad de los ataques rusos contra civiles ucranianos esta última semana es sólo un anticipo de lo que puede llegar. Con lo que no parece tanto un intento de forzar una negociación como una claudicación.

Y eso que Rusia sigue desangrándose en el campo de batalla. Y, más de tres años después de lanzar un asalto concebido para tomar Kiev en tres días, no consigue doblegar a los combatientes ucranianos.

Pero, sin duda, la situación estratégica y diplomática alrededor de la guerra ha dado un giro radical.

El televisado encontronazo en la Casa Blanca, y la sucesión de declaraciones de miembros de la Administración Trump presionando a Kiev, alimentan la sospecha de Zelenski y algunos aliados europeos de que el acuerdo entre Trump y Putin está ya cocinado. Y en unos términos que serán difíciles de aceptar tanto para Ucrania como para Europa y que, probablemente, van mucho más allá del teatro ucraniano.

El silencio oficial ruso estas últimas dos semanas es otro indicio que apunta a ese entendimiento ya cocinado entre Washington y Moscú.

La promesa de Trump de alcanzar la paz desde la fuerza («peace through strength«) comenzó a desvanecerse apenas unos días después de su espectacular triunfo electoral allá por noviembre. Bastó una llamada fallida, la pertinaz denegación del Kremlin y el lanzamiento de un misil balístico hipersónico contra Dnipro para intimidar a la nueva Administración.

Así, en su encontronazo en la Casa Blanca, Trump le espetó a Zelenski que «estás jugando con la tercera guerra mundial». Es decir, Trump, y como sabemos VanceRubio y el resto de la Administración, han comprado el marco y la narrativa de los rusos. Pura ceguera estratégica que se explica, también, por el hecho de que no haya (¿aún?) nadie en el núcleo duro de esta Administración con conocimientos y experiencia en asuntos rusos.

«Es posible que el intento de alejar a Rusia de China propicie un acercamiento de China con Europa que contribuya a la ruptura de ésta con EEUU»

Pero Trump parece férreamente convencido de que está vez el reset con el Kremlin sí va a funcionar. Y eso ayudará, de paso, a poner fin a la «amistad sin límites» entre Rusia y China.

Ya veremos, pero Moscú y Pekín han forjado un alineamiento estratégico robusto. Y China conoce perfectamente esta jugada debatida durante años por la comunidad de asuntos estratégicos estadounidense.

Así que veremos adónde conduce este intento de «Nixon a la inversa» para el que los chinos llevan preparándose bastante tiempo. De hecho, ya se apunta a la posibilidad de que se produzca un «reverso del Nixon a la inversa». Es decir, que el intento de alejar a Rusia de China propicie, fundamentalmente, un acercamiento de China con Europa que contribuya a la ruptura de ésta con EEUU.

Asimismo, tampoco está clara aún la estrategia de la nueva Administración para el Indo-Pacífico.

Los aliados tradicionales de EEUU en la región, Japón, Corea del Sur, Australia o Filipinas, contemplan con mucha inquietud lo que está sucediendo en el teatro europeo. No cabe descartar que Xi se sume al entendimiento de Putin y Trump para un reparto del mundo en «áreas de influencia» estancas. Eso supondría un golpe de muerte para Taiwán y un contexto estratégico profundamente adverso para el resto.

La India, como ya he mencionado reiteradamente en este mismo espacio, está llamada a desempeñar un papel decisivo en la configuración de un nuevo orden internacional y contempla el torbellino de las últimas semanas con cierta distancia. Sin embargo, Delhi puede quedar tan descolocada como los europeos frente a este hipotético Yalta 2.0.

«Europa pagará cara su desidia al ignorar la amenaza existencial que representaba la Rusia de Putin para el proyecto de integración europeo»

Frente a la pinza de Trump y Putin, Zelenski ha recurrido a los europeos. Y los europeos han visto aquí la oportunidad para forzar su participación en la mesa de negociación de la que han sido explícitamente excluidos por EEUU y Rusia (y, conviene no engañarse, también por su propia y persistente parsimonia estratégica).

Europa pagará ahora cara su desidia y su insistencia por ignorar la amenaza existencial que representaba la Rusia de Putin para el proyecto de integración europeo.

La reacción enérgica del Reino Unido, Francia y Alemania ha insuflado un cierto optimismo en quienes ven que está vez sí, Europa está despertando y estará a la altura del desafío. En España no hace falta más que seguir alguna de las principales tertulias de radio o TV para pulsar este incipiente optimismo.

Algunos, de forma un tanto ingenua y bisoña, apuntan a que sólo es cuestión de organizar y combinar mejor el actual gasto de Defensa de los Estados Miembros y con eso ya estaríamos cerca de la solución óptima.

Ojalá fuera tan sencillo. Pero a corto y, me temo que probablemente, medio plazo, Europa no va a ser capaz de disuadir por sí sola a Rusia y garantizar así su propia seguridad o resiliencia frente, nada menos, que al chantaje nuclear ruso. Así que vamos a atravesar un área de fuertes turbulencias sin cinturón de seguridad y con un avión no adaptado para esas circunstancias.

*** Nicolás de Pedro es experto en geopolítica y jefe de Investigación y Senior Fellow del Institute for Statecraft.