Félix Madero-Vozpópuli

En su catecismo no estaban los verbos robar, malversar, desvalijar y su versión más atrevida, saquear y atracar las arcas públicas

Hubo un tiempo -ingenuo de mí- que creía que lo normal en un dirigente de izquierdas era su escrupulosidad y respeto por el dinero que no es suyo, y que ha de administrar porque así se lo han pedido los ciudadanos que le han dado el poder de hacerlo. Como un verdadero incauto, estaba convencido de que esa gente tenía los bolsillos de cristal, y que en su catecismo no estaban los verbos robar, malversar, desvalijar y su versión más atrevida, saquear y atracar las arcas públicas. En mi defensa tengo que todo aquello lo creía cuando aún no me dejaban votar, que yo tuve que esperar a los 21 años.

Sí, algunos lectores me darán la razón: hubo un tiempo en el que aquello de la regeneración política, la reforma de la administración y el gusto por el trabajo bien hecho resultaba, si no creíble, al menos sugerente.  Hace muchos años entrevisté a un socialista que fue durante unos meses presidente de Castilla La Mancha, Jesús Fuente Lázaro se llamaba. Se acababa de celebrar un congreso federal. En una entrevista le pregunté qué era ser socialista en aquel momento: «Hacer lo posible para que la gente sea feliz». No sé si me lo creí, pero sí que titulé mi información por ahí. Hoy pienso en ello y siento vergüenza por las dos partes, por el que preguntaba y por el que respondía. Por cierto, a Jesús Fuentes lo quitó de la circulación Alfonso Guerra, que tenía que pagar favores a José Bono, el mismo que graciosamente facilitó la absorción del Psp por el Psoe. Viejas y rancias batallas que puede que recuerden algunos los lectores.

Hubo que esperar poco para descubrir que ni tenían los bolsillos de cristal ni el Psoe estaba para traer la felicidad. Digamos que, emulando los saltos de las casillas del juego de la oca y el tiro porque me toca, los casos de corrupción se fueron encadenando hasta llegar a los de hoy. Antes, una señora catedrática muy moderna, que hoy es la presidenta del Consejo de Estado,  dijo aquello de que el dinero público no es de nadie. El disparate en un país serio habría inhabilitado a alguien que se dedica a la política y dice una barbaridad así,  pero a ella la hicieron tiempo después vicepresidenta del Gobierno. España y yo somos así, señora.

El actual gobernador de Banco de España, cuando era ministro, se gastó 116.000 euros en un viaje a EEUU. Algo debe de tener la cartera de la cosa Digital, porque ese gasto lo hizo José Luis Escrivá siendo titular de lo mismo que es hoy López

Claro, desde esa creencia se han permitido, y siguen permitiéndose, decenas de disparates, y así hay quien gasta con el dinero que no es de nadie lo que jamás gastaría con el suyo.

Les cuento todo esto después de enterarme que el ministro Óscar López se gastó 17.000 euros en un billete a Nueva York en su primer viaje como ministro en septiembre del año pasado. Cuando leí la noticia pensé que en unas horas él mismo López desmentiría semejante despilfarro. No ha sucedido, por lo que he de entender que lo publicado es cierto. Y que no sólo se gastó ese dinero, es que viajó con tres personas más, la secretaria de Estado de Función Pública, la directora de Gabinete y su jefa de prensa. Total: cerca de 60.000 euros en billetes. Demostrado: el dinero público sigue sin ser de nadie. Y les cuento esto después de escuchar por la radio que el actual gobernador de Banco de España, cuando era ministro, se gastó 116.000 euros en un viaje a EEUU. Algo debe de tener la cartera de la cosa Digital, porque ese gasto lo hizo José Luis Escrivá siendo titular de lo mismo que es hoy López.

Ignoro los resultados de los viajes de ministros digitales; ignoro, también, por qué a Óscar López le acompañaron tres personas y cuáles fueron sus trabajos y gestiones en Nueva York. Sé, eso sí,  que es un disparate que se gaste así el dinero de los españoles. Algo no funciona cuando se entremezclan los debates sobre el SMI que cobran millones de personas en este país con despilfarros como los que les traigo.

El ministro López es un profesional de la política, de hecho a eso se ha dedicado siempre. Ha llegado a ser un ejemplo de versatilidad paradigmático. Ha sido secretario de los socialistas en Castilla y León, lo es ahora de los socialistas madrileños, presidente de Paradores y jefe de Gabinete de Sánchez, para terminar de ministro, seguramente su aspiración más íntima. Vale para todo.

Millones de españoles tiene un problema con el acceso a la vivienda, pero la vicepresidenta segunda, la del no a la Otan, la que tiene ataques de urticaria con el gasto militar, tiene resuelta su solución habitacional a cargo de los españoles. Ella y otros y otras

Ahora son estos viajes. Ayer la utilización de empresas del Estado -de los españoles, vaya- para colocar a la amiguita de Ábalos cuando de facto era número dos del Psoe y del Gobierno. Es esto, y la costumbre de algunos ministros -de ahora y antes, del Psoe y del Pp-, de ocupar viviendas del Estado por el hecho de ser ministros. Los metros de la vivienda de Yolanda Díaz son lo de menos, lo sustancial es que habiendo ministros y ministras que viven en sus domicilios se entiende mal que haya quien abuse de esta manera. Millones de españoles tiene un problema con el acceso a la vivienda, pero la vicepresidenta segunda, la del no a la Otan, la que tiene ataques de urticaria con el gasto militar, tiene resuelta su solución habitacional a cargo de los españoles. Ella y otros y otras. ¿Por qué hay que pagar la vivienda a una ministra? ¿No tiene un sueldo decente al que jamás aspirarán el 90 por ciento de los ciudadanos de este país?

 

Definitivamente predicar y dar trigo son cosas distintas. Es imposible volver a creer en la llamada clase política sin que haya asumido que están dónde están para hacer un servicio y no para disfrutar de privilegios. Sea a ras de tierra, con una vivienda de más de 400 metros cuadrados, o a diez mil pies de altura con un billete de miles de euros que paga, como siempre, el contribuyente.

Calma, amigos, calma. Hace cientos de años, Ovidio, un poeta romano, escribió en Las metamorfosis que la gota perfora la piedra, no por la fuerza, sino por caer sin parar. Dudo que lo entienda quien debe entenderlo.

Y mañana empieza la campaña de la renta. Gota a gota.