- El Estado no dejará caer la mole pública y si hace falta cerrar universidades privadas para que se llenen las públicas lo hará, aunque los españoles quieran lo contrario
El Gobierno tiene a tiro acabar con la educación de iniciativa privada y no va a perder la ocasión de convertir las universidades españolas en madrasas, ikastolas o escuelas de inmersión.
La educación privada es la china en el zapato del socialismo radical y ahora lo tienen muy fácil para acabar con ella.
En España dejaron de nacer niños hace unas décadas. Primero se resintieron los colegios, que en cosa de unos años vieron cómo pasaban de tener cuatro o cinco líneas a tener una o dos y resultar prácticamente inviables.
Era cuestión de tiempo que esta ola llegase a las universidades españolas y que muchas de sus aulas se empezasen a vaciar.
No había que ser un lince para anticipar esta cuestión y hace tiempo que se está en ello.
Les cuento una anécdota reveladora de una actitud y una ideología.
Hace años, durante la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, vino invitado a mi universidad, que es privada, un alto cargo del Ministerio de Educación, responsable de «calidad».
Este alto cargo nos adelantó un futuro condicionado por la escasez del mercado y nos anunció que cada vez sería más difícil que nos certificasen títulos. La razón no era que la calidad de la privada fuese menor que la pública. Eso no se discutía.
El argumento era que la privada tenía que tener un carácter subsidiario. Es decir, que la pública tenía que tener prioridad sobre la privada, y que la razón de ser de la privada era sólo llegar allí donde la estatal no alcanzase.
Ese alto cargo no estaba hablando de otorgar fondos públicos, subvenciones o privilegios estatales, lo cual tendría su razón de ser.
No, simplemente estaba hablando del derecho a existir de la iniciativa privada por sí misma.
Aquello fue un aviso a navegantes y nos quedó muy claro a todos con qué nos tendríamos que enfrentar. El Estado no dejaría caer la mole pública (too big to fall) y si hacía falta cerrar nuestros grados para que se rellenasen los de la pública, lo harían, aunque la preferencia de padres y alumnos fuese la contraria.
Más de una década después lo que vemos es que, ante la escasez, y en unas condiciones muy desiguales, la universidad privada está compitiendo en el mercado de la educación mucho mejor que la pública.
Es decir, que hay familias que deciden pagar mucho más, y en la mayoría de los casos haciendo esfuerzos enormes, para que sus hijos reciban una educación privada.
No es porque la nota sea más baja, ni por el credencialismo (networking, familias conectadas y aspiración social), ni por la burbuja facha.
No.
Es por una cuestión de calidad y de confianza.
No somos chiringuitos. Lo hacemos bien y somos igual o más plurales que algunos feudos de la universidad pública. Somos más eficientes, trabajamos muchas horas, publicamos e investigamos lo mismo y no gastamos dinero público.
Además, muchas familias nos eligen libremente. Y tienen derecho a hacerlo.
Y entonces ¿por qué somos un problema?
No lo sé, sinceramente. Quizás porque algunos fanáticos desconfían de todo lo que se mueve libre bajo sus pies. O porque no creen en la sociedad civil, en la libertad de empresa y en la libertad de cátedra.
O, simplemente, porque les resultará difícil reconocer ante sus votantes que el Estado a veces genera más desigualdad e injusticia que la iniciativa privada.
A ver si van a tener que confesar que el socialismo genera desigualdad y el capitalismo, igualdad. ¡Faltaría más!
Pero la realidad es que al Gobierno le va a salir muy barato dar este paso que acaba de anunciar en contra de las universidades públicas. Ante unas aulas públicas vacías, departamentos sin alumnos y grados y másteres injustificables por falta de demanda, será muy sencillo decir que la culpa la tienen las privadas y los capitalistas de la fachosfera que están construyendo un mundo cada vez más desigual.
Es cierto que defender la universidad privada supone también denunciar que no todas las universidades son iguales. En España se está dando un fenómeno preocupante. Algunos fondos buitre han visto que aquí hay negocio, y entran en él sin escrúpulos.
Pero no crean universidades. Son sólo academias con profesores contratados por horas donde se educa rápido y mal, y donde, es cierto, los títulos no se regalan, pero sí se venden. Pero sospecho mucho que no sea esto lo que realmente preocupe al Gobierno. Lo más probable es que aproveche a tirar el agua sucia con el bebé dentro.
Así que a Sánchez se la han dejado botando. Ante un problema real, que es la baja natalidad, y ante otro muy preocupante, que es la llegada de fondos de inversión al mundo educativo, la solución liberticida era cuestión de tiempo: cerrar el grifo y estrangular la educación privada para que el Gobierno pueda tener el control de las universidades y de la educación.