Pablo Sebastián-Opinión

Sánchez ve en esta crisis arancelaria una buena oportunidad de darse importancia y ocultar sus problemas

La quiebra de Lehman Brothers en la crisis financiera de 2008 provocó una oleada de pánico en Wall Street. Los primeros inversores neoyorquinos se lanzaron a comprar oro como un valor de refugio ante la incertidumbre creada. Algo parecido a lo que ahora está ocurriendo con el oro y con motivo de la inestabilidad creada por la guerra comercial de los aranceles desatada por un Donald Trump mentiroso («Europa lleva 50 años estafándonos») y a la vez demagogo, que subió al estrado desde el que desató la tormenta arancelaria a un empleado de la industria automovilística de Detroit al que luego le regaló una gorra.

A los europeos Trump -al que parece que va a abandonar Elon Musk– nos ha adjudicado aranceles del 20%. Y estamos a la espera de una respuesta similar de la Comisión Europea donde la tibia Úrsula Van der Leyen habla de ‘negociar’, lo que no servirá de nada si antes no anuncia una dura respuesta europea en línea con la que propone Sánchez, que ve en esta crisis arancelaria una buena oportunidad de darse importancia y ocultar sus problemas de inestabilidad política, también debería comunicar a USA en sintonía con la UE.

Un Sánchez que, siguiendo su lema de ‘hacer de la necesidad virtud’, acaba de anunciar ayudas económicas a los sectores más afectados en España por los nuevos aranceles de Trump por valor de 14.000 millones de euros mientras lanzaba una soflama progresista y muy optimista (‘tenemos una economía robusta’, afirmó) proponiendo una apertura hacia otros mercados como Mercosur y, probablemente, hacia China. Un país al que Sánchez no mencionó y que visitará en los próximos días.

Las palabras del presidente del Gobierno han sido criticadas tanto por Abascal –que se ha negado a reprochar a Trump los aranceles contra España (como sí lo ha hecho Meloni en Italia)- como por Feijóo quien, criticando a Trump, ha insistido en negociar. Otras voces autorizadas como la del ex vicepresidente europeo Josep Borrell pidió a la presidencia de la Comisión de la UE, como parte de la respuesta a Trump, una muy importante subida de los impuestos europeos a las empresas tecnológicas de los EE.UU. que operan en la UE.

Asistimos a una guerra comercial planetaria donde la UE y China tienen mucho que decir y que empieza a tener sus consecuencias políticas e ideológicas

A sabiendas de que Trump ha lanzado al mundo, más que un misil arancelario, un bumerán financiero que hará crecer en su país la inflación y empujará los Estados Unidos hacia un tiempo de recesión que se extenderá por todo el planeta con distintos niveles de intensidad. Un efecto que ya lo adelantan las caídas en cascada de las Bolsas internacionales, que se extiende por los mercados de capitales donde están inmersos grandes fondos americanos de inversión presentes en empresas y las economías europeas (España incluida) ahora castigadas por Trump.

Asistimos a una guerra comercial planetaria donde la UE y China tienen mucho que decir y que empieza a tener sus consecuencias políticas e ideológicas. Por ejemplo, la extrema derecha internacional, ahora en boga bajo el liderazgo de Trump, sufrirá un importante deterioro dado que algunos sectores muy populares y conservadores, como la agricultura, sufrirán pérdidas que repercutirán en su espacio electoral.

Véase el caso de la condena a Marine Le Pen, que la excluye de las futuras presidenciales de 2027, en un país en el que buena parte de su electorado viene del mundo rural galo, muy castigado ahora por los aranceles de Trump. El presidente norteamericano acaba de ofrecerle su apoyo a la líder francesa, en la compañía de Orban, Salvini, Abascal y ¡Putin!.

Otro tanto ocurrirá en la extrema izquierda anti europea, en línea de la que en nuestro país apuntala al gobierno de Sánchez, porque está claro que en la vigente tesitura España no tiene más remedio que apoyarse en la UE a la que repudian tanto en Podemos cómo en Sumar. Ambos partidos, para colmo, están enfrentados entre sí en ‘justa’ venganza de Iglesias contra Díaz porque excluyó a Irene Montero de las listas electorales de Sumar en los comicios de 2023.

Si el jefe dle Gobierno rompe definitivamente con Prisa, podría verse obligado al adelanto electoral, en caso de que el diario El Pais iniciara una serie de portadas con el siguiente titular: ‘Urge el adelanto de las elecciones generales’

No conviene perder de vista la apasionante batalla accionarial por el control del Grupo Prisa -de momento aún sanchista- que va ganando el franco armenio Joseph Oughourlian y que está a punto de aterrizar en los tribunales. Se ha convertido ya en ‘la espada de Damocles’ que pende sobre la cabeza de un Sánchez quien, de momento, resiste en el poder (sin los PGE de 2025 y una estable mayoría en el Parlamento), con las ayudas de la extrema izquierda y de los nacionalistas catalanes. Si el jefe dle Gobierno rompe definitivamente con Prisa, podría verse obligado al adelanto electoral, en caso de que el diario El Pais iniciara una serie de portadas con el siguiente titular: ‘Urge el adelanto de las elecciones generales’.

Begoña Gómez y las universidades

El Gobierno, paralelamente, ha lanzado una campaña contra las universidades privadas (en las que Sánchez y varios de sus ministros estudiaron) y cuando tenemos a su esposa Begoña Gómez imputada por los presuntos delitos detectados en su cátedra, sin licenciatura, de la UCM, ni alumnos suficientes en sus másteres tras ‘pasar el cazo’ por varias empresas del Ibex que fabricaron un software del que, al parecer, ella se apropió tras utilizar, al mismo tiempo, una asesora de Moncloa en su negocio particular.

Cuando Sánchez presume de su nuevo eslogan .‘España no está en venta, pero nuestros productos sí’- puede que en la Puerta del Sol de Madrid veamos proliferar a hombres anuncio con sus carteles, en pecho y espalda, donde se anuncia ‘compro oro’, e ilustrados con una fotografía de Donald Trump. Tampoco sería de extrañar que el dirigente de alguna de las grandes empresas públicas españolas exhiba también otro cartel con el título de ‘Compro Prisa’, para intentar evitar lo que a Sánchez le pudiera suceder