Bieito Rubido-El Debate
- Un escándalo abre la puerta al siguiente y así se alcanza el efecto narcotizante que se deriva de la sobreinformación. De ella se está aprovechando el peor gobernante de los últimos doscientos años
Vivimos un tiempo de estrés informativo. No hay tiempo para la pausa. Un escándalo abre la puerta para el siguiente y así se alcanza el efecto narcotizante que se deriva de la sobreinformación. De ella se está aprovechando el peor gobernante de los últimos doscientos años, Pedro Sánchez, un hombre sin rumbo y sin más proyecto que mantenerse a cualquier precio en el poder, aunque ello suponga que España se va por el desagüe.
Ahora la atención se centra en los incendios. Las crisis nos desbordan, unas superan a las otras. No nos da tiempo a digerirlas, a aprender de ellas. En medio de cada emergencia, se ha impuesto con Sánchez la confrontación de las administraciones. En medio de las llamas, el muro también funciona: es lo único con lo que el fuego no puede. Continúa incólume, en firme, media España contra la otra media, porque esa es la estrategia del único presidente que gobierna a pesar de haber perdido las elecciones.
Ahí arranca toda la anomalía política que ahora padecemos, de la incapacidad de Sánchez Pérez para aceptar la derrota. Perdió en dos ocasiones ante Rajoy y se instaló en el «no es no» hasta que entró por la puerta de atrás de una moción de censura manipulada. Es marca de la casa Sánchez, tras encontrar la urna llena de papeletas detrás de una cortina en Ferraz. Eso ya debería inhabilitarlo dentro del propio PSOE, pero vivimos tiempos de decadencia democrática y todo parece valer.
Aun así, creo que el lector no debería olvidar la gestión del volcán de La Palma, donde Sánchez y su ministro Torres –ahora en la cuerda floja y bajo la lupa de la UCO– dejaron la asignatura pendiente de devolver viviendas a los afectados por la lava y que todavía viven en barracones… y vamos para cuatro años. Como tampoco deberíamos echar en saco roto la gestión de la covid, donde dejaron celebrar el 8-M, convertido en bomba contagiosa, y se dedicaron a robar con los contratos de mascarillas mientras abandonaron la gobernanza en las autonomías cuando lo vieron complicado.
Que no llegue la desmemoria al apagón tercermundista del abril pasado, donde ya se sabe que los culpables fueron ellos por su instrumentalización doctrinaria de la energía. Y qué decir del comportamiento de Sánchez en la dana de Valencia, con más de doscientos muertos, donde una frase le perseguirá hasta el fin de sus días: «Si necesitan ayuda, que la pidan».
Y ahora… los incendios. Siempre instrumentalizando el dolor, siempre politizando las crisis, siempre enfrentándonos, siempre queriendo buscar un rédito político.
Ayer, Luis Ventoso no le auguraba una gran ancianidad a Zapatero, creo que tampoco Sánchez disfrutará de la serenidad de la senectud, aunque le dé las vueltas que quiera al cambio climático. El problema es él. No lo olvidéis.