José Alejandro Vara-Vozpópuli
- Al infernal Frankenstein, lo que no le gusta, lo borra. Lo hace desaparecer. Lo desintegra. He aquí la guerra de
Los senadores se despertaron sobresaltados. “Orense no existe”, proclamaba alguien desde el escaño. “Me duelen los oídos de oírlo”, insistió. La ministra Sara Aagesen había sumido a la comisión de lo verde en una apacible modorra. Hablaba del horror de los incendios como quien recita los ríos de Sudamérica. Con esa frialdad de musa de Bergman. Y entonces saltó Da Silva con su sentencia. “Orense no existe. Lo ha dicho treinta o cuarenta veces. Es Ourense”. Media Galicia en llamas pero a la interpelante del PSG (¿o es BNG?) sólo le inquietaba la ausencia de la imprescindible ‘u’.
A los elementos hematófagos de Frankenstein lo que no les gusta, lo borran. No existe. Estilo Stalin, pionero del photoshop, furioso retocador de instantáneas. Primero el piolet, o el paredón, o Siberia y luego los borraba de la foto. Da Silva fulminó de un plumazo a una provincia gallega. Si se pronuncia el nombre en español no existe. Algunos, como Santo Tomás, creían que no es necesario probar la existencia de Dios puesto que es evidente por sí misma. Como Orense, que quizás no necesite la ‘u’ para confirmar su realidad. La reprobada vicepresidenta se hizo un Butragueño y optó por no confrontar. En las redes se armó allgo de ruido. Se empieza diciendo que Orense no existe y terminan llamando ‘tortilla estatal’ a a tortilla española, como ese bar de Bilbao. El nacionalismo adolece de irrealidad. Lo que no le gusta lo pulveriza. O le cambia el nombre como el padre del Buscón, que reacio a lo de barbero, se hacía llamar “tundidor de mejillas y sastre de barbas”.
Una vez borrado lo molesto, y sustituido por una trola superflua, se bendice desde el Constitucional con el hisopo presto de Pumpido y la patraña queda consagrada como verdad inamovible. Así quedaría:
–Santos Cerdán no tiene nada que ver con el PSOE (dijo MJ Montero)
-El fiscal García no borró ni hizo desaparecer su móvil y si lo hizo, como fabula el Supremo, fue por imperativo del protocolo de seguridad.
–Begoña perdió su máster en una mudanza y su licenciatura en una sauna.
–Jéssica, aquella novia Ábalos, iba todos los días a la oficina, ejercía de taquimeca horizontal y fue condecorada tres veces como empleada del mes en el ministerio.
-Jamás sobrevino un gran apagón, fue un mix entre eclipse multicausal y sabotaje extragaláctico. (Variante de miss Aagesen)
-No ocurren colapsos ferroviarios permanentes sino boicots por parte de ultranostálgicos de la Renfe franquista. (Delirio recitado por Puente)
-No hubo desidia del Gobierno en la prevención y extinción de incendios forestales, ha sido un calentón de los dioses que llamaremos cambio climático. (Así Marlaska)
-No esperan cuatro de cada cinco familias las ayudas que pidieron a Sánchez por la Dana, es un bulo ideado en el Ventorro.
-Jamás trapicheó Koldo con mascarillas ni cobró coimas por contratas, sólo llevaba en el coche a Pardo de Vera del Zara al Mercadona.
–Zapatero no es el mayordomo bienpago de Maduro. Viaja a Caracas porque le encanta el bollo pelón que le prepara su princesita Delcy.
-Nada tiene que ver Albares en el aterrizaje de Huaweii en España. Su novia Jamaa de los jamases.
No debemos ser como las arañas, que sólo hilan cosas sacadas de su propio interior, advertía Francis Bacon. El onanismo. O el nacionalismo, ese monstruo aniquilador. O sea, el ourensismo.