José Antonio Gómez Marín-Vozpópuli
- ¡Lo que hubiera podido hacer el lápiz de Peridis dibujando un día sí y otro también a un Presidente ultraescaqueado como Sánchez!
En unas recientes declaraciones, lamentaba Peridis la pérdida de ese divertido juguete que, durante las dos legislaturas de Rajoy, tanto éxito tuvo: la famosa tumbona en la que el Presidente mecía imaginariamente su ocio perpetuo. Un imagen tan simple como afortunada contribuyó, según reflejan los estudios cualitativos, a popularizar la idea de una supuesta flojera política insuperable para el responsable último del gobierno del país, a pesar del animoso dinamismo que ofrecía, al margen de sus actividades oficiales, su reconocida afición al ejercicio físico. La instantánea de Rajoy abismado en su tumbona resultó, ciertamente, un instrumento demoledor que aún hoy cabe percibir en la opinión pública, porque bien sabemos -y Peridis el primero- que nada más rentable para la propaganda que un buen mecanismo subliminal. Tras la pupila colectiva se instaló y perdura el perfil del político ocioso que en nada se compadece con el personaje. Pero el cebo dio su avío, que es de lo que se trataba, y lo que Peridis lamenta hoy quizá no es más que la añoranza de aquella injusta carnada que el peatón medio se tragó contribuyendo a un injustificado desprestigio de aquel prócer.
llama la atención que el paisanaje que comulgó y comulga a ciegas con la degradatoria metáfora de Peridis que tanto segó la hierba bajo los pies a Rajoy no barrunte siquiera el taimado engaño que, bien administrado, supone el silencio crítico
No sé si Peridis lo habrá pensado o no, pero la verdad es que, a lo largo de este temible ferragosto, hubiera venido al pelo esa viñeta diaria para retratar a un Sánchez eternizado en La Mareta mientras media España ardía por los cuatro costados, y que ha tenido el cuajo de largarse a Andorra para colmatar sus ocios vacacionales. “Al amigo, el culo, y al enemigo, por el culo”, recomendó, o se le atribuye, Romanones, si se me permite reproducir tan cínica pero expresiva grosería que parece acreditar el pragmatismo de no pocos medios aferrados al poder.
Se comprende, por supuesto, el ánimo escapista de Sánchez al que aguarda un más que amenazante otoño, pero llama la atención que el paisanaje que comulgó y comulga a ciegas con la degradatoria metáfora de Peridis que tanto segó la hierba bajo los pies a Rajoy no barrunte siquiera el taimado engaño que, bien administrado, supone el silencio crítico. ¡Lo que hubiera podido hacer el lápiz de Peridis dibujando un día sí y otro también a un Presidente ultraescaqueado como Sánchez! Pero lo cierto es que no hay imparcialidad que valga, en un país que celebra la denuncia lanzada contra la presidenta Ayuso por alojarse unos días en una residencia oficial mientras ni una voz se alza para criticar el uso y abuso que Sánchez y los suyos hacen de un palacete real administrado por Patrimonio Nacional.
Van ya para un mes las vacaciones de Sánchez, ahora prolongadas en Andorra, mientras decenas de incendios continúan asolando esa que llaman “España vaciada” y a la que, entre lágrimas y creciente fervor pòpular, sólo se asoma el Rey como simbólico e inerme Jefe del Estado. ¡Qué viñeta se está perdiendo Peridis, Sánchez en la tumbona homenajeado por los Marlaskas o los Almodóvares “de jornada”, el Gobierno más que medio ausente y la arruinada vida rural en caída libre! Se lamenta más que nada por el propio humorista al que no se le cayó el lápiz de la mano mientras ahondaba la zapa bajo el adversario político. Está visto que la ecuanimidad ni suele resultar fácil ni resulta tan rentable en la subasta política como la facción.