- De momento Ábalos ya ha enseñado la patita señalando a Begoña, ‘cherchez la femme’, en el rescate de Air Europa y apuntó a su padre y suegro de Sánchez como financiador de las primarias con el dinero de sus saunas –prostíbulos–, asunto que casa mal con presumir de Gobierno progresista y feminista
Ábalos en prisión junto a Koldo, días después de que Cerdán saliera, tras cinco meses dentro, simbolizan la decadencia política y moral del sanchismo y de sus fundadores, la banda del Peugeot. Cuatro tipos ávidos de poder y ‘yonkis’ del dinero que con Sánchez al frente se hicieron, mediante unas primarias bajo sospecha, con la dirección del PSOE y después con el Gobierno de España tras una forzada moción de censura, negociada sin límites ni escrúpulos, utilizando votos de sangre como los de Otegui.
Se podría hablar de justicia poética porque quienes presentaron la moción de censura para regenerar la democracia y acabar con la corrupción del PP, siete años después, han sido víctimas de su propia corrupción. Cuando Rajoy interpelaba a Ábalos, «¿acaso son ustedes Teresa de Calcuta?», y le añadía premonitoriamente: «mire, la corrupción, como sabe muy bien usted, porque la tiene muy cerca, no conoce barrios, ni banderas ni doctrinas. Qué le voy a contar yo a usted que no sepa. Para venir a dar lecciones hay que estar en condiciones de darlas, si no mejor callarse». Ábalos no podía imaginarse que años después Rajoy estaría cómodamente instalado en su Registro y él entre rejas.
Es una ironía del destino haber conseguido el gobierno enarbolando una impostada bandera contra la corrupción para acabar siendo víctima de tu propia corrupta ambición de poder y dinero.
Pero si Ábalos llegó al ministerio con mayor presupuesto y capacidad de inversiones es porque previamente Sánchez le había entregado el poder orgánico del PSOE y el privilegio de su máxima confianza y amistad para presentar la moción de censura que les llevaría a la Moncloa. Por eso, tantos años de vivencias compartidas y confidencias, algunas inconfesables, hace que resulte inverosímil e inaceptable que el ‘número uno’ pretenda eludir su responsabilidad en este escándalo, escudándose en su desconocimiento o ignorancia sobre las actividades corruptas de las personas a las que otorgó su máxima confianza colocándolas en cargos de privilegio en el partido y en el Gobierno desde los que urdieron la trama de mordidas y comisiones a cambio de adjudicaciones; ya fueran de material sanitario durante la pandemia o de obras públicas.
Sólo queda Sánchez por entrar en prisión de la ‘banda de los cuatro’ y a nadie le extrañaría que tratándose del presidente de Gobierno de las primeras veces fuera el primero también en hacerlo algún día. Va a depender del grado de despecho y rencor que soportan Ábalos y Koldo hacia quien fue su jefe y benefactor político hasta que soltó lastre con el exministro y tildó de anecdótica su relación con quien definió como «ese gigante de la militancia socialista en Navarra».
Dependerá de ese resentimiento hacia Sánchez, de las pruebas que tengan en su contra y de las ganas de colaborar con la investigación judicial a cambio de ver rebajadas unas peticiones fiscales de cárcel que les sitúan ante un horizonte penal deprimente. El precio o beneficio de cantar y tirar de la manta pueden verlo reflejado en Aldama.
En sus manos está ayudar a finiquitar el sanchismo y redimir en parte sus delitos, denunciando si Sánchez conocía el muladar en el que se movieron y si se aprovechó directa e indirectamente de esa actividad delictiva.
De momento Ábalos ya ha enseñado la patita señalando a Begoña, cherchez la femme, en el rescate de Air Europa y apuntó a su padre y suegro de Sánchez como financiador de las primarias con el dinero de sus saunas –prostíbulos–, asunto que casa mal con presumir de Gobierno progresista y feminista. A partir de aquí solo cabe esperar que lo siguiente sea determinante para que Sánchez no pueda seguir atrincherado en la Moncloa y sus socios dejen de lado su vergonzante hipocresía obligándole a poner fin a esta legislatura políticamente agotada y ética y moralmente reprobable.