- No es discutible que estamos ante una banda de hábitos mafiosos, pero Ábalos y Koldo están protegidos de las cabezas de cerdo precisamente por estar en la cárcel; tendrían riesgo en libertad. Algunos desearían enviárselas y Sánchez estaría entre los potenciales remitentes
La mafia amenaza de muerte a los traidores y, sobre todo a los soplones, colocando en sus casas, a menudo en sus camas, sanguinolentas cabezas de cerdo, a veces de caballo. No es de película o de literatura negra; es real. Hace pocos años se conocieron dos casos en Italia. Saverio Stichhi Damiani, presidente de la Unión Deportiva Lecce, recibió dos cabezas de cerdo, una en su casa y otra en su bufete de abogado, y el sacerdote calabrés Ennio Stamile encontró en su despacho parroquial la cabeza recién cortada de un cerdo. Habían chocado con la mafia y los capos les advertían.
Dos de los mayores capos proxenetas en España, sin prevenirse montando supuestas saunas, fueron el rumano Ioan Clamparu, ‘Cabeza de Cerdo’, detenido en 2012, juzgado y condenado a 30 años, y su compatriota, lugarteniente y sucesor en el negocio Marian Tudorache, ‘Becu’, detenido en 2018. La prostitución en nuestro país vive un cierto limbo legal, por lo que la prensa europea llegó a considerarnos ‘nuevo burdel de Europa’.
La prostitución ha sido tema literario desde hace siglos. Cervantes habla de la prostitución en el Quijote y en El licenciado Vidriera, y Quevedo lo trata en Los sueños y en Hora de todos, y aparece en páginas de nuestra mejor literatura –Moratín, Galdós, Baroja, Cela, Vargas Llosa, entre tantos– principalmente en los siglos XIX y XX. La primera novela española contra la prostitución recibió fuertes presiones mediáticas: María Magdalena, de Matilde Cherner, que firmó con el seudónimo ‘Rafael Luna’, adelantando un tema que luego trataría Galdós.
Todo esto viene a cuento no de la literatura puteril ni de un proxeneta concreto, y hay muchos con parné y consideración respetable, sino de dos notorios consumidores de prostitución reducidos hoy a ‘vis a vis’ íntimos. Ábalos y Koldo han ingresado en la cárcel VIP de Soto del Real, hasta 1959 Chozas de la Sierra; cambió su nombre a iniciativa del vecindario con el apoyo del arzobispo don Casimiro Morcillo, nacido en el pueblo.
Quienes han pasado por la experiencia carcelaria cuentan que verse entre rejas alerta el entendimiento y promueve la exposición de verdades que se tenían en reserva. Víctor Aldama es un ejemplo cercano. Los medios caseros le tildaban ayer mismo de poco fiable, pero todo lo que iba anunciando lo confirmaba la UCO, para el sanchismo, en su deriva, «policía patriótica»; cumple eficazmente como Policía Judicial.
No es discutible que estamos ante una banda de hábitos mafiosos, pero Ábalos y Koldo están protegidos de las cabezas de cerdo precisamente por estar en la cárcel; tendrían riesgo en libertad. Algunos desearían enviárselas y Sánchez estaría entre los potenciales remitentes. Las últimas evidencias han afectado físicamente al presidente; aparece demacrado; ni sus maquilladores logran evitarlo. Todo en él era maquillaje. Excluida la recepción de cabezas de cerdo, queda expedito el cante de los encarcelados.
Tanto Ábalos como Koldo empiezan a cantar. Residentes en celdas de diez metros cuadrados no serán precisamente felices ante las declaraciones de Sánchez: «mi relación con Koldo era anecdótica», y de Marisu Montero: «Ábalos no tiene nada que ver con el partido ni con el Gobierno». Por no citar las memeces de Patxi o de Óscar López. Para los encarcelados serán una traición a su entrega y a su silencio. Colaborando con la Justicia estarán en situación de conseguir beneficios en las extensas condenas que solicita la Fiscalía Anticorrupción. Sacrificarse en la hoguera del martirio por Sánchez no creo que esté en sus cálculos. Sánchez ha engañado y traicionado a todos. Ellos lo saben mejor que nadie.
Hay otros ministros en la lista de espera del Tribunal Supremo vía UCO, y confiar en pasos jurisdiccionales posteriores no resultará garantía para quienes ya padecen. Además, la resistencia de Sánchez en Moncloa tendrá su límite. Lo perciben ya hasta los palmeros del sanchismo parlamentario. ¿Qué será de ellos? ¿Cómo se presentarán en sus circunscripciones?
Aferrarse al poder suele terminar mal. Sánchez me recuerda a Bettino Craxi; huyó a Túnez, condenado a 27 años por corrupción, y con el centenario PSI disuelto. Y había seguido una política alejada del extremismo izquierdista, y con mayorías. No sé si el líder socialista italiano llegaría a recibir una cabeza de cerdo.