- Es de suponer que el público sabrá estar por encima de las peleítas de siglas, que hacen las delicias de Sánchez, y acudirá a protestar en demanda de elecciones
Raro es ya el fin de semana en que el centro de Madrid no queda bloqueado por una carrera popular, o varias (una pena que no corran por los verdores de la Casa de Campo, en vez de secuestrar la vía pública, lo cual permitiría ir en el coche al súper a hacer la compra del fin de semana sin volver cargando bolsas como un burro). Los veo pasar desde la acera y a veces son miles y miles de personas. Transcurren los minutos y no cesa de fluir el río de corredores. Hay chavales, cincuentones, incluso algunos abueletes descangallados dándolo todo. Salen aunque caiga el calor a fuego, o haga un frío siberiano.
Pero la mayoría de esas personas que se movilizan de buena mañana para correr por una causa viven totalmente ajenas a un gravísimo problema que sufre hoy su país, y es que en la práctica España no tiene Gobierno. No mueven un dedo para denunciar esta inaudita situación -tres años sin presupuestos y un sarpullido de corrupción en el corazón de los ministerios jamás visto-, ni marcharían por la calle para quejarse de ello.
Habla bastante mal de los españoles que con todos los abusos que ha cometido Sánchez y con su clara pulsión autoritaria, en realidad nunca se ha visto una manifestación de protesta de un tamaño memorable. Mentiras constantes, apropiación del poder sin ganar las elecciones y mediante una alianza con los enemigos declarados de España, enchufismo de sus familiares, corrupción con mordidas incluso a costa del material sanitario, sus dos manos derechas visitando la cárcel… Pero los españoles parecen aceptar de manera pastueña este cenagal, ¡y un 30 % incluso le votaría otra vez si hubiese elecciones mañana!
La situación es de tal degradación que lo normal sería que la gente saliese a la calle a exigir unos comicios inmediatos, que es lo obligado en una democracia cuando el Gobierno pierde su mayoría parlamentaria y está cortocircuitado por los escándalos. Por eso ha hecho bien Feijóo en convocar una manifestación abierta a todos este domingo en Madrid, aunque lo haga al estilo segurolas, eligiendo el Templo de Debod, un espacio relativamente pequeño, que delata dudas sobre la propia capacidad de convocatoria. Lo suyo era ir a la Castellana a lo largo, para que se pudiese apreciar bien la dimensión de la marcha.
Por su parte, Vox ha convocado otra protesta cerca de la sede del PSOE, a solo 600 metros de la de Feijóo. Estamos en campaña en Extremadura y ya en precampaña, de hecho en España, así que hay que marcar distancias. La portavoz Millán ha argumentado que rechazan la manifestación abierta a todos de Génova porque es «una tomadura de pelo», dado que «PP se sienta entre semana a pactar y charlar con el PSOE como si aquí no pasase nada». Es, desde luego, una extraña forma de pacto la que tiene Feijóo con Sánchez, pues el PP lo pone a parir todos los días con una dialéctica durísima y ha votado en contra de todas las medidas importantes del PSOE en esta legislatura, incluido esta misma semana el prefacio de sus presupuestos.
El resultado es que tenemos este domingo una manifestación por parroquias, que escenificará una vez más la peleíta PP-Vox, que hace la felicidad de Sánchez y que debería ponerse en sordina mientras no se resuelva lo urgente, que es echar al proyecto de autócrata.
Imagino que el respetable público, que está hasta las meninges de Sánchez, de su altanería, su parálisis y su corrupción, sabrá fumarse estas cuitas de siglas y acudirá a la manifestación. La semana fantástica de la entrada de Ábalos y Koldo en la cárcel no merece otro colofón.