Miquel Giménez-Vozpópuli

  • Y lo cierto es que este 2026 no pinta bien. En el terreno nacional tenemos a un Sánchez atrincherado en Moncloa y dispuesto a ceder ante sus socios con tal de n

En estas fiestas te encuentras a mucha gente que te preguntan “Tú que estás en eso del periodismo y las tertulias ¿qué tal pinta el año nuevo? Como si uno fuera el Oráculo de Delfos. Creo que he decepcionado a muchos porque invariablemente contesto con un lacónico “No tengo ni puñetera idea”. Lo malo es que no acaban de creérselo. Piensan que uno guarda información en Suiza para evitar miradas indiscretas. Nada más lejos de la realidad. O sí. Pero ejercitar la prospectiva en política se ha convertido en algo similar a lo que hacían los augures romanos: destripaban un pollo, hurgaban en sus entrañas y según lo que veían decían esto o aquello.

Como no me apetece andar destripando pollos, tengo que contentarme con mi instinto. Y lo cierto es que este 2026 no pinta bien. En el terreno nacional tenemos a un Sánchez atrincherado en Moncloa y dispuesto a ceder ante sus socios con tal de no perder apoyos. Lo último es el referéndum de independencia que estaría ofreciéndole a Puigdemont. A Sánchez le esperan varios juicios que le afectan mucho, el de su señora, verbigracia, y si sumamos a esto la convocatoria de autonómicas donde el PP puede salir reforzado y el PSOE prácticamente borrado del mapa, al monclovita le deben entrar sudores fríos.

En el terreno internacional la cosa está reguleras. Trump, en su guerra contra la narco dictadura de Maduro, puede acabar pringando a Zapatero; en el frente del Este, lo de Ucrania vive en un impasse, porque ni Putin ni Trump ni Europa desean una escalada en el conflicto.

Zelensky está más solo que una gamba en medio del Sahara; en el territorio comunitario los “Atropellos” junto a los “Casos aislados” de violaciones, asesinatos a golpe de machete, robos, violencia urbana y demás son el pan nuestro de cada día sin que los estados miembros acaben de desesperanzarse e imponer la ley, porque sin ella no puede haber democracia; en África se masacra a los cristianos con total impunidad sin que nadie se haga eco de tamaño genocidio y, por descontado, sin que las Gretas de turno monten su numerito promocional; Israel sigue solo, aguantando como puede a unos vecinos que tienen en común su odio hacia el pueblo judío, su negacionismo hacia todo lo que represente civilización, libertad y progreso, y sus creencias atávicas más propias de las mazmorras medievales.

De economía prefiero no hablar, porque todos tenemos bolsillos y sabemos lo que hay o deja de haber en ellos, que siempre es menos que más. Todo eso irá in crescendo, con lo cual la borrasca que se cierne sobre Occidente es tremenda y en nuestras manos está protegernos de la misma o dejar que nos arrastre hasta ahogarnos. Quizá no sea un artículo de fin de año muy esperanzador, pero recuerden: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Feliz Año Nuevo, a pesar de todo.