Iñaki Ezkerra-El Correo
- Hay quienes se pasan en la defensa de la institución, por la derecha y por la izquierda
A uno siempre le han llamado la atención los que se erigen en grandes defensores del Athletic de Bilbao, el Barça, la zarzuela, la radio o la fruta escarchada de los roscones de Reyes, o sea, de cosas que realmente no corren ningún peligro por más que tengan algunos virtuales e inocuos detractores. En estas fechas navideñas, proliferan los grandes defensores de la familia. Es verdad que la izquierda clásica cuestionó en su día esa institución obligando a Albert Camus a pronunciar el más contundente e irrebatible alegato: «Entre el Estado y mi madre, me quedo con mi madre». Pero esa amenaza, si alguna vez fue verosímil, hoy se ha reducido a pura retórica, como las diatribas contra la herencia y la propiedad privada. Es ya un estereotipo costumbrista de nuestra política el líder antisistema que hereda la casa de protección oficial que el franquismo les dio a sus padres y la pone a la venta para cambiarse de barrio y ascender socialmente. Es decir, que el proceso socializador se produce exactamente al revés de lo que se predica: no es el Estado el que incauta a los ciudadanos los bienes privados sino que son los ciudadanos los que privatizan los bienes estatales.
En cuanto a la institución familiar, probablemente hoy se halla más cohesionada que nunca en nuestro país pese a los que hablan de la pérdida de unos valores que quizá eran los que la ponían en peligro. Ni el alejamiento de la fe religiosa ni los divorcios ni las custodias compartidas ni los matrimonios gais o interraciales de sus miembros la ponen en peligro si hay por medio afecto y voluntad de entendimiento. Lo que realmente ataca a la familia es la intransigencia y la falta de poder adquisitivo. La España de hoy no es la de la familia disfuncional. Aquí los únicos disfuncionales son el Gobierno y un Estado que hoy se halla a la cabeza de la Unión Europea en los índices de pobreza y exclusión social, pero que, como en la crisis de 2008, encuentra el único alivio en esa solidaridad parental que moviliza a unos abuelos que ya no se parecen en nada a los de antes. Los de antes exigían cuidados mientras leían el periódico. Los de ahora aportan sus pensiones a los hijos en paro y hasta hacen de canguros de sus nietos.
No. La familia no corre ningún peligro en España. Más aún, creo que está incluso sobrevalorada y que hay quienes se pasan en su defensa por la derecha y por la izquierda. Pienso en ciertos conservadores de esencias que la consideran tan sagrada que han montado hasta dos y tres de ellas, o en la familia del presidente del Gobierno, cercada judicialmente, o en el clan de los Pujol. Pienso en el culto que han rendido a esa institución todas las mafias. Sí. La familia está bien, gracias. En algunos casos ha estado incluso demasiado bien.