Mikel Buesa-La Razón
- Una proporción significativa de los egresados en los centros universitarios han salido de ellos con un bajo nivel formativo
Según los burócratas de Bruselas, en España «el mercado de trabajo no puede absorber al elevado número de titulados universitarios» –el 53 por ciento de los jóvenes, diez puntos más que el promedio de la UE– y ello da lugar a que haya una alta tasa de sobrecualificación –la mayor de Europa–, de manera que más de un tercio de ellos ocupan puestos de trabajo que requerirían un menor nivel de formación. Esto afecta a los graduados en ciencias sociales, humanidades y artes, aunque no a los ingenieros y tecnólogos. Tal diagnóstico está, en mi opinión, equivocado, pues al único criterio que atiende es el del diploma del que disponen los afectados, sin tener en cuenta que en nuestro país la educación universitaria ha experimentado una importante caída en la exigencia de conocimientos a los alumnos durante el último cuarto de siglo, coincidiendo con la casi simultánea implantación de la ESO en el nivel básico y del «Plan Bolonia» en el superior. Del menor rigor en los saberes requeridos para aprobar las asignaturas en las universidades tenemos muchos testimonios de profesores, publicados en prensa, aunque nunca sistematizados en compilaciones diseñadas al efecto. Sin embargo, ello no obsta para que dispongamos de indicadores que lo evidencian. De entrada, cabe mencionar los resultados de las pruebas de acceso a la universidad con porcentajes de éxito superiores al 95 por ciento cuando hace medio siglo apenas superaban el 60 por ciento. Pero es que, además, de acuerdo con los resultados de las evaluaciones publicadas por la OCDE, más de cuatro de cada diez de nuestros universitarios adolecen de unas bajas competencias digitales; un tercio de ellos muestran un bajo nivel de comprensión lectora y otro tanto ocurre en cuanto a los conocimientos de matemáticas; en fin, tres cuartas partes no han recibido formación alguna en comunicación oral. En resumen, una proporción significativa de los egresados en los centros universitarios han salido de ellos con un bajo nivel formativo. Por eso no es extraño que acaben trabajando en tareas para las que no se requiere su titulación. Nuestro problema no es la sobrecualificación laboral sino la carencia de rigor en la enseñanza superior.