Jesús Cacho-Vozpópuli

  • Zapatero y su entorno más cercano estarán buscando un agujero en el que esconderse

El sábado 3 de enero amaneció un día excelente. Pésimo en lo meteorológico, cierto, pero espléndido en lo político, incluso en lo moral, para los amantes de la libertad. Desde ayer hay un tirano menos en el mundo, ¡aleluya!, y muchas vidas que a partir de ahora podrán reemprender su camino en la patria que se vieron obligados a abandonar por la represión. Me equivoqué en un mes. Tras el despliegue del portaaviones norteamericano Gerald Ford y su flota de apoyo en el Caribe y la consulta de algunas fuentes, dejé escrito en esta columna que el régimen de Nicolás Maduro tenía fecha de caducidad a finales de noviembre pasado, y que la caída del sanguinario fanfarrón tendría graves consecuencias para España, particularmente para el Gobierno de extrema izquierda que padecemos desde junio de 2018. Rodríguez Zapatero figura en la lista de los cinco mayores enemigos de la Administración Trump en la región (lista que encabeza el propio Maduro, naturalmente, y que incluye al número dos del régimen, Diosdado Cabello, a la vicepresidenta y ministra de Hidrocarburos, Delcy Rodríguez, al ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y al ex presidente español, uno de los grandes blanqueadores de la dictadura venezolana que, a cambio, le ha hecho millonario). La caída de Maduro anticipa el final de la carrera delictiva de “el hombre más peligroso de España” según la antena de la CIA en Madrid y el comienzo del fin de Pedro Sánchez y su banda. Una vía de agua de imposible sutura se le acaba de abrir al sátrapa español. Pierden los canallas; gana la libertad.

«¡Una nueva era para Venezuela! El tirano se ha ido. Ahora, por fin, responderá por sus crímenes ante la ley», escribió ayer el subsecretario de Estado, Christopher Landau, en su cuenta de X. “Tras la detención de Maduro”, confirmaba por su parte un alto funcionario del Departamento de Estado, «mi consejo a los políticos y empresarios, españoles y de otras nacionalidades, que colaboraron y se beneficiaron de este régimen criminal es simple: preséntense ya ante la Fiscalía de EE.UU., contacten con el Departamento de Estado, asuman responsabilidades y colaboren. De lo contrario, muchos acabarán pasando largas temporadas en cárceles estadounidenses, muy distintas de las europeas. Declararse culpables y cooperar es lo mejor que pueden hacer por ustedes y por sus familias». Muchas personas, físicas y jurídicas, que hoy viven con el corazón en un puño. Muchas empresas que durante años tomaron parte en las tramas de colaboración y corrupción del régimen chavista y que hoy afrontan un futuro complicado, tanto en Venezuela como en Estados Unidos, con Telefónica probablemente encabezando la lista de las españolas, pero no la única.

Imagino que desde ayer Zapatero y su entorno más cercano estarán buscando un agujero en el que esconderse fuera del alcance de la larga mano yanqui, esfuerzo que se antoja imposible. Las declaraciones de “El Pollo” Carvajal y de otros miembros del régimen detenidos en Estados Unidos adquieren hoy una relevancia decisiva para tipos como Zapatero que ya estaban sometidos a investigación judicial, al igual que para Pablo IglesiasJuan Carlos Monedero y demás comparsas acostumbrados a celebrar con el narcoestado. Se abre por fin la posibilidad real de conocer la verdad sobre el aterrizaje de Delcy en Barajas y el contenido de sus célebres maletas, el rescate prevaricador de Plus Ultra, la financiación de la Internacional Socialista que preside Sánchez (y quizá la del propio PSOE), los negocios de los socialistas españoles con el petróleo venezolano, la conexión Pekín-Caracas que en la UE pastorea el dúo Sánchez-Zapatero y muchas cosas más. Habrá justicia, memoria y reparación, exactamente aquello que tanto ha utilizado y proclamado la izquierda criminal.

Esa misma izquierda enemiga de la libertad que ayer puso el grito en el cielo por la intervención norteamericana en Caracas. «Los Estados Unidos de Trump se están apoderando del petróleo de Venezuela violando su soberanía con una intervención militar a la antigua usanza y el atroz secuestro del presidente Maduro y su esposa», escribió en X el líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, otro de los grandes apoyos del dictador caribeño. Llama la atención el hecho de que en el otro extremo del arco parlamentario galo, la líder de RN, Marine Le Pen, también haya censurado la intervención norteamericana acogiéndose al burladero del derecho internacional. Para la líder de la derecha radical, “debe ser el pueblo soberano venezolano quien decida libremente su futuro”, como si no lo hubiera hecho ya en otras ocasiones, alguna muy reciente y clamorosa, decisiones que fueron sistemáticamente pisoteadas por el dictador. En lugar de condenar de forma inequívoca la hoja de servicios de un tirano responsable de asesinatos, tortura y represión sin límites, Marine echa mano de una falsa narrativa que solo sirve para blanquear al régimen. Le Pen es el tipo de aliado que Santiago Abascal ha elegido en Europa, en lugar del grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) que lidera la italiana Giorgia Meloni. Una más de sus contradicciones. Italia e Israel han sido los dos únicos países que han apoyado sin fisuras la iniciativa de Trump en Venezuela.

En la nómina de los ofendidos por la operación, todos los enemigos de los Estados Unidos, el ya citado Mélenchon, pero naturalmente los ayatolás de Teherán, Vladimir Putin («A Venezuela se le debe garantizar el derecho a decidir su propio destino, sin intervención militar destructiva desde el exterior», ha escrito el invasor de Ucrania), y algunos idiotas españoles con firma a pie de página que ayer se pusieron exquisitos “con la violación flagrante del Derecho internacional” cuyo respeto ha permitido a dictaduras sanguinarias como la cubana mantenerse en el poder durante más de 65 años. Mención aparte merece una Unión Europea enferma de entreguismo a los sofismas de esa izquierda que la ha llevado a la mayor crisis de su historia. En efecto, su jefa de política exterior, Kaja Kallas, pidió ayer «moderación» y respeto al derecho internacional en Venezuela. Y fuera de clasificación, un Gobierno Sánchez dispuesto a hacer el ridículo hasta el último día, o tal vez a disimular su miedo, que por boca de su ministrín de Exteriores se ofreció a “mediar en el conflicto”.

Los Reyes Magos han venido este año con cierta antelación. Cierto, porque a la caída del dictador Maduro hay que añadir la respuesta creciente del pueblo iraní en la calle contra el régimen sanguinario de los Ayatolás. Visité Irán en el verano de 2014 y me sorprendió la amabilidad de una gente dispuesta a invitarte a tomar el té en su casa en cuanto lograba pegar la hebra con el visitante extranjero. Sobre todo me conmovió el ansia de libertad de un país sometido a una férrea dictadura desde la caída del Sha. Los días parecen estar contados para Alí Jamenei y su Guardia Revolucionaria Islámica, los temibles Pasdaran guardianes del régimen. Y otro tanto podría decirse de Cuba. La caída del narcoestado venezolano supone la desaparición del principal apoyo exterior del régimen que ahora comanda Díaz-Canel. Como para la España de Sánchez, la salida de Maduro del poder supone para la Cuba comunista un golpe quizás definitivo, que los hechos deberían confirmar este mismo año. Queda por saber lo ocurrido con la guardia de corps cubana que protegía la seguridad del dictador caraqueño, acostumbrado en los últimos tiempos a dormir en lugar distinto cada noche. Y el misterio que rodea la presencia de Delcy Rodríguez en Moscú. ¿Casualidad, o ha sido ella y/o su entorno la fuente que ha permitido a la elite del ejército estadounidense de los Delta Force apresar a Maduro con precisión quirúrgica y sin sufrir ni una sola baja?

Supongo que ayer fue un mal día para Sánchez, de vacaciones en Andorra con señora y séquito a pesar de la que está cayendo. El secretario de Estado Marco Rubio aseguró ayer que el Gobierno cubano debería estar «preocupado» con lo ocurrido en Caracas. Es el mensaje que el embajador norteamericano en Madrid trasladará esta semana, según las fuentes, por orden de su jefe al inquilino de la Moncloa: «Debería usted empezar a preocuparse». Al cerco judicial y a la parálisis política que le atenaza acaba de sumársele la vía de agua que para este Gobierno y su presidente en la sombra, Rodríguez Zapatero, supone la caída del grotesco tirano caraqueño. Aumentan exponencialmente las posibilidades de que este año asistamos a la definitiva desaparición también en España de un Gobierno privado de cualquier legitimidad para seguir gobernando. Tendremos elecciones en unos meses y serán decisivas para el futuro del país, no obstante lo cual resulta obligado seguir insistiendo en los peligros que encierran estos “meses de la basura”. Como ayer informaba aquí Gabriel Sanz, Sánchez prepara un encuentro inmediato con Oriol Junqueras, líder de ERC, para fijar las condiciones de la cesión definitiva del «cupo catalán» a la Generalidad a cambio del apoyo de la izquierda independentista hasta el final de la legislatura. Ello en plena campaña de las autonómicas aragonesas. A nuestro pequeño sátrapa le importa un comino la suerte electoral de la triste Pilar Alegría, como le importa un pimiento el destino final del propio partido socialista. Todo será en vano. Su tiempo se agota aceleradamente. ¡La libertad avanza; viva la libertad!