Ordinalidad vs solidaridad

El Correo-

  • Si el Estado gasta en cada comunidad autónoma lo mismo que recauda, no podrá redistribuir ni favorecer a las más desasistidas

Desde la última vez que se vieron, allá por el 22 de mayo de 2019, han pasado casi 2.500 días. Quedaron en hablar pero, desde entonces, no han tenido tiempo para concretar el deseo. Sin embargo, ayer solo necesitaron poco mas de una hora para alcanzar un muy espinoso acuerdo, una señal inequívoca de que el pastel estaba más previamente cocinado que una pizza ultracongelada. El resultado se presenta como justo, equitativo y bueno para todos, pero la definición falla estrepitosamente y se derrumba al primer empujón. ¿Por qué razón entonces se ha negociado solo con ERC, que representa un porcentaje muy pequeño, en términos cuantitativos de los votos en el Congreso?, ¿por qué razón no se discutió en la conferencia que reúne a los presidentes de todas las CCAA, evitando así las suspicacias, las interpretaciones torcidas y los malos rollos habituales?, ¿por qué razón ‘sudan sangre’ para explicarlo los líderes del PSOE desplazados desde el Consejo de ministros a las distintas regiones, para enfrentarse a las próximas contiendas electorales? Se presenta también como un acuerdo bilateral y, a la vez, multilateral. Es decir, sirve para todos, pero no cuenta con el acuerdo de nadie, ni siquiera con el de Junts que ya ha avanzado su oposición.

No sabemos cómo de bueno es para los demás, pero sí sabemos que a Cataluña le reportará la no despreciable cantidad de 4.700 millones de euros. Si es una cuestión de dinero, ya sabemos que no habrá problema, pues Pedro Sánchez está dispuesto a entregar la cantidad que le pidan –y dos huevos fritos de propina–, con tal de mantenerse en la Moncloa un solo día más.

Pero ¡ojo!, que aún faltan cosas. Primero, hay que cumplir con la propia ERC y terminar el acuerdo. Segundo, hay que convencer a Junts que ha asegurado que quiere escapar del corsé de la Ley de Financiación de las Comunidades Autonómicas y que todo lo que no sea un Concierto ‘a la vasca’ le parece un fraude intolerable. Y ha detallado que es eso de un Concierto, cocinado ‘a la vasca’: traspaso total del la recaudación del IRPF, plazos claros para el traspaso del resto de impuestos IVA incluido, compromisos firmes de inversión en Cataluña, establecimiento unilateral de un cupo solidario y reconocimiento del principio de ordinalidad. Y para el final, hay que asegurarse que ningún ejemplar del ‘rebaño de mansos’ que sostiene al gobierno se aleje de la manada y retorne al aprisco de la cordura el día en que tal engendro se vote en el Congreso.

Este principio de la ordinalidad se convierte así en la clave de bóveda del sistema. Consiste en que las CCAA se ordenan por el monto de sus ingresos a la caja del común del Estado –¡pobre caja común del Estado! ¿Qué quedará de ella un día después?– y deberán mantener el mismo orden a la hora de recibir dinero del Estado. En una primera lectura puede que le parezca correcto, incluso justo, pero haga un repaso ahora poniendo más atención. Piense en que si el Estado gasta en cada CC AA lo mismo que recauda, no podrá redistribuir ni favorecer a las CC AA más desasistidas. Piense, sobre todo, en que las CC AA no pagan impuestos, los que pagan son sus ciudadanos y que si hay CC AA que ingresan más que otras es porque tienen más y mejores empresas, más y más adinerados ciudadanos que otras. Piense, si lo necesita, en donde se queda el principio de solidaridad y el concepto de redistribución. Recapacite en cómo se puede vender semejante anatema a un electorado de izquierdas, para quien la solidaridad es un valor supremo y la igualdad un principio básico universal.

En caso de extrema necesidad, piense en lo que sucedería si aplicásemos ese principio de ordinalidad al terreno personal y las listas de espera para trasplantarse un riñón –ponga aquí el ejemplo que usted quiera–, se ordenasen no por necesidad, ni por gravedad objetiva, sino por la declaración de la renta individual. ¿Lo aceptaría usted sin rechistar?, ¿permitiría que le adelantasen en una cola y se subiesen antes al metro los que pagan más impuestos que usted?

¿A que visto así la cosa tiene menos gracia?