- Las arañas llaman «retención» a los secuestros y detenciones ilegales, sin instrucción de causa, sin referencia del paradero de víctimas que permanecen encerradas en «ningún sitio», sufriendo torturas de pesadilla
Hay regímenes que practican el asesinato de opositores y las cacerías callejeras de manifestantes. Lugares donde el Gobierno dirige el terrorismo contra el pueblo sometido. Naciones cuyas elecciones (en caso de celebrarse) son estafas. Cuentan en el mundo libre con diplomáticos y zascandiles, comprados de distintas maneras, que avalan los más obscenos pucherazos y, puestos ante la verdad, arrojan tinta de calamar. Ciertos regímenes infames donde la vida no vale nada (pero no como en la canción de Pablo Milanés, sino de verdad) sufren la maldición de los recursos. Su enorme riqueza natural, lejos de ser una ventaja, obstaculiza su desarrollo y crecimiento, adormece iniciativas e innovación, se convierte en botín de propios y extraños. Propios y extraños de naturaleza puramente extractiva gestionando riquezas inagotables. Mantienen gobiernos títere o gobiernan directamente con una agenda de rebatiña. Ello también imposibilita las condiciones no económicas del desarrollo: el respeto a los contratos, la igualdad ante la ley, una Justicia independiente, registros públicos fiables y demás ramas de la seguridad jurídica.
Esas dictaduras monstruosas (de gatillo fácil y tortura segura para el disidente que se libra de lo primero) tienen sus necesidades en el plano de la comunidad internacional. Primero forman un círculo de protección mutua entre Estados criminales, donde el terrorismo de Estado se cultiva sin trabas. Alcanzan acuerdos en diferentes áreas que se pueden hacer públicos, y otros cuya existencia se colige del devenir de las acciones de cada cual. La más obvia confluencia de intereses de Estados sacamantecas y señoríos de la guerra, enloquecidos por la vía religiosa, es la que han venido manteniendo Venezuela, Irán, China y Rusia, más los famosos tentáculos en Oriente Medio, como Hezbolá, Hamás, Hutíes, etc.
Sus inconcebibles brutalidades, sus crímenes de lesa humanidad, su terrorismo dentro y fuera de sus fronteras, su política de radicalización de los musulmanes residentes en democracias occidentales, su rol en el negocio del narcotráfico, o, en el caso iraní, el desarrollo de tecnología nuclear capaz de alcanzar el uso bélico son otras tantas bofetadas y patadas al código moral básico de los países democráticos. Lo que la gente como nosotros considera inadmisible se ha prolongado y prolongado en el tiempo. Hay dos razones principales: 1) La movilización en el mundo libre del canalla favorable a las tiranías; resulta de la superación de la masa crítica de musulmanes, es decir, la cantidad a partir de la cual la cuota islamista puede hacer mucho ruido, llamar la atención de los medios, atentar y amenazar. 2) La actuación de aquellos diplomáticos y zascandiles al servicio de los intereses de las tiranías. Estas arañas incluyen expresidentes, ministros de Exteriores, altos cargos de organizaciones internacionales. Tejen telas discursivas que tapan las atrocidades. Los medios reproducen sus bellas palabras de desactivación moral, tomadas del derecho internacional. Las arañas practican asimismo una repugnante propaganda, pues llaman «retención» a los secuestros y detenciones ilegales, sin instrucción de causa, sin referencia del paradero de víctimas que permanecen encerradas en «ningún sitio», sufriendo torturas de pesadilla.