Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- Miembros del Gobierno de Sánchez y buena parte de sus aliados Frankenstein siguen fieles a Maduro
El mundo cambia, ellos no. Recientemente el Gobierno concedía por decreto la nacionalidad a 171 descendientes de miembros de las Brigadas Internacionales que combatieron en la Guerra Civil. No hay que profundizar mucho en las motivaciones de la decisión para toparse con una izquierda que ha convertido la manipulación de la Historia en arma política. Ocultan que los brigadistas fueron reclutados siguiendo instrucciones de Stalin y servían a fines geopolíticos de la sanguinaria dictadura soviética. Objetivo: convertir España en una república comunista satélite de la Unión Soviética. Decisiones del Ejecutivo como esta retratan una izquierda que está destruyendo los valores de cohesión nacional de la Transición.
Izquierdistas de misa diaria que te venden sin sonrojarse que Delcy está soltando presos políticos por presiones de Zapatero. Los mismos de las manifestaciones convertidas en apoyo a la dictadura chavista. Se pudo ver en Madrid, donde, como diría Borges, con esa lógica peculiar que da el odio, llamaron “fachapobre” a un desterrado venezolano -él sí, víctima de una dictadura- que intentaba explicarles que estaban apoyando a un torturador. O en Valladolid, cuando los manifestantes contestaron a venezolanos que les pedían explicaciones “volved a vuestro país”. Pero ninguna tan representativa del rojerío fanatizado como la convocada en Bilbao por Sortu-Bildu, donde homenajearon, por serlo, a la hermana de Diosdado Cabello, el torturador más sanguinario. Los fieles de ETA habían convocado “por la paz y la autodeterminación de los pueblos”. Tú ya me entiendes.
El tono de esta insufrible izquierda lo marcaron Monedero e Iglesias. El primero, al comparar a Nicolás Maduro con Nelson Mandela; el segundo, cuando calificó como “golpista” a la líder de la resistencia democrática María Corina Machado. En ese barrizal chapotea el Partido Socialista. Al lado de Podemos, que ha exigido la salida de la Otan y la ruptura de relaciones con Estados Unidos, ¡nada menos! O de la vicepresidenta comunista Yolanda Díaz que, para que nadie se engañe, afirmó en su día “en Venezuela triunfó la paz, triunfó Maduro”, contra la evidencia internacional de las actas reunidas por la oposición democrática (82%) y la victoria arrolladora de Edmundo González (65%). O de Rufián, que exige restituir en “sus funciones” al dictador torturador. Ninguna novedad para un Gobierno al que todas las cancillerías identifican como aliado fiel del chavismo, a la vez que destroza la imagen de España en Iberoamérica. En ese contexto, Sánchez se ha ofrecido como mediador. ¿Es un chiste?
Sánchez aspira a mediador
Con estos antecedentes se presentó en la cumbre de París del día de Reyes, autoproclamándose líder de una cruzada contra Trump. Carlos Cué es un periodista de El País muy útil para informarse de qué mensajes emite Moncloa sobre tal o cual cuestión. Sánchez quiere que le veamos como quien “arma un frente anti Trump y trata de reactivar a los progresistas”, además de advertir que está “molesto con Macron y otros por su tibieza”. Ya en la cumbre, como es habitual, nadie le hizo puñetero caso. Los líderes de la Alianza Atlántica le ven como quien acaba de firmar un manifiesto con el Grupo de Puebla en apoyo de la dictadura venezolana, en contradicción con los países de la UE que se posicionaron con nitidez en el Consejo de Seguridad condenándola.
En la cumbre se comprometió a enviar soldados a Ucrania, pero los aliados saben que lo hace con la oposición de parte de su Gobierno, sin respaldo del Parlamento y ninguna comunicación con Núñez Feijóo. Es decir, sin competencias para hacerlo. No puede librarse de la imagen de rehén de izquierdistas anclados en viejas obsesiones anti USA y anti Otan. Todos saben que la casilla de España de ayuda militar a Zelensky en 2025 está a cero, cuando los demás han debido multiplicarla para compensar la retirada de EEUU (Instituto Kiel). Así que, mucha verborrea fuera, pero ignorado en la reunión. Como al ofrecerse a liderar la defensa de Groenlandia, al tiempo que se niega a cumplir el acuerdo de aumento de gasto militar. ¡Farolero! Pero, lo que más importa es saber a qué vienen tantos aspavientos. Intenta, a la desesperada, lograr que los electores aparten la atención de sus pactos, ahora con Oriol Junqueras, para “desnacionalizar” España, para destruirla.