Por qué Israel tiene más interés que nadie en la caída del régimen iraní

Israel, el único país cuya existencia es amenazada por Irán, se enfrenta a la eventualidad de un ataque con misiles que volvería a desatar una dura guerra entre ambos.

Jana Beris-El Español

El régimen teocrático islamista de Irán no es sólo un problema para Israel, sino para todo el mundo.

Pero la forma en que afecta a Israel la situación en Irán tiene una particularidad muy singular. El de los ayatolás es el único caso de un país en el mundo que llama a exterminar a otro miembro de la comunidad de naciones.

Es decir, ni siquiera a cambiar su gobierno o modificar sus fronteras, sino a borrarlo de la faz de la Tierra.

Tal fue siempre el objetivo de los ayatolás de la revolución islámica, pero es la obsesión en particular del actual líder supremo Alí Jamenei. No se trata meramente de un odio enfermizo limitado al plano ideológico, sino de una meta que orienta desde hace décadas el comportamiento de Irán.

A fin de dañar lo máximo posible a Israel y hacerle la vida imposible, Irán construyó un sistema de proxies armados que actúan en su nombre y sirven a su meta. El más notorio ha sido la organización chiita libanesa Hezbolá, a la que sigue financiando a pesar de la dura crisis interna en Irán.

Según fuentes del Departamento de Estado norteamericano, durante 2025 Teherán transfirió a Hezbolá más de mil millones de dólares.

Desde hace años transfiere también auténticas fortunas a la organización terrorista palestina Hamás en Gaza, armando y manteniendo además a los hutíes en Yemen y las milicias chiitas proiraníes en Irak.

El grueso de sus fuerzas está no obstante invertido en el programa nuclear. Irán siempre ha desmentido que esté encaminado al desarrollo de armas atómicas, pero Israel no tiene ninguna duda sobre ello, con base en pruebas halladas en el terreno y llevadas a Israel por el Mossad.

Ante esta combinación entre la ideología de odio de los ayatolás y sus planes concretos contra su vecino, Israel es el país del mundo más interesado en el fin del régimen islamista de Irán.

Esto no significa, sin embargo, que esté planeando intervenir.

Por un lado, son varios los analistas de los servicios de seguridad de Israel que señalan que lo ideal es que la insurgencia contra el régimen resulte exitosa en virtud del esfuerzo desde dentro, no por intervención extranjera.

Pero, además, el mensaje oficial de Israel, que Benjamin Netanyahu ha recalcado pública y reiteradamente, es que si Irán le ataca, Israel responderá con fuerza.

Un planteamiento que da a entender claramente que Israel no tiene interés en tomar la iniciativa.

«La pregunta es cuándo los esfuerzos iraníes por reconstruir su industria misilística y su programa nuclear llegarán a un punto en el que Israel asuma que no puede esperar más»

Según medios locales de fuentes fidedignas, Netanyahu hizo llegar a Irán a través de Rusia un mensaje claro. Si no nos atacáis, nosotros no lanzaremos otra guerra.

Habría que agregar «por ahora».

La pregunta es cuándo los esfuerzos iraníes por reconstruir su industria misilística y su programa nuclear llegarán a un punto en el que Israel asuma que no puede esperar más.

Todo esto, en un contexto de protestas cada vez más fuertes y amplias en Irán contra el régimen, cobra un sentido especial.

Incluso antes de que sea posible vaticinar la caída del régimen teocrático, hay algo que ya es seguro: el nerviosismo de los ayatolás. Lo que aumenta el riesgo de decisiones equivocadas.

Un punto clave en esta situación son las múltiples y crecientes advertencias públicas al régimen iraní por parte de Donald Trump respecto al nexo directo entre la represión violenta y una muy probable intervención militar norteamericana.

Este pronunciamiento se sumó a la percepción que siempre tuvo la República Islámica respecto a Estados Unidos: que busca constantemente derribar al régimen.

Lo cual, en realidad, no siempre fue cierto a nivel práctico, aunque ideológicamente Estados Unidos se oponga completamente al régimen iraní.

En medio de este complejo mosaico, el riesgo principal es para Israel.

Y no por el entorno general ya conocido (ser el único país cuya existencia misma es amenazada por Irán), sino por algo más concreto a corto plazo. La eventualidad de un ataque con misiles balísticos que volvería a desatar una dura guerra entre ambas partes.

Irán ya ha dicho que si Estados Unidos le ataca, responderá atacando a Israel.

Uno de los problemas claves en la situación actual, es que una guerra puede estallar aunque ninguna de las partes tengan interés en ella. «Error de cálculo», lo llaman también.

«Esa puede ser claramente una razón por la que sí se llegue a una guerra, aunque realmente nadie tiene interés. Que se calcule mal, que cada uno piense que el otro quiere atacar y para adelantarse, al interpretarlo mal, se lance un golpe del que después se pueden arrepentir», opina Raz Zimmet, director del programa de Irán y el Eje Chiita en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional en Tel Aviv.

Beni Sabti, experto en Irán en el mismo instituto, nacido en ese país, considera que en la difícil situación actual sería ilógico que Teherán decida lanzarse a una aventura militar contra Israel.

«Está claro que no aprendieron nada de los golpes que recibieron en junio», sostiene.

Prácticamente todos los expertos en el tema iraní que he entrevistado a lo largo de los años sostienen que el régimen de los ayatolás es extremista, pero no demente. Tiene su propia racionalidad.

El problema es que en ella pueda influir la paranoia y el odio visceral a Israel.

*** Jana Beris es periodista.