Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Sí, Irán es una teocracia. Pero creo que no es exagerado decir que también Venezuela lo era. Una teocracia de ateos donde la cúpula se veían a sí mismo como dioses por encima del mal y encarnando lo que ellos entienden que es el bien. Es decir, el bien personal

Mi mujer lleva años intentando convencerme para que hagamos un viaje a Irán, a ver la plaza de Isfahán. Según ha leído ella, la más bonita del mundo. Servidor lleva muchos años resistiéndose por muchas razones. Entre otras por no querer correr el riesgo de tener un visado iraní en mi pasaporte que me haga indeseable en algunos países de los que más me importan. Yo no quiero cerrarme puertas.

Vivimos tiempos en que la política internacional vuelve a captar el interés de nuestra opinión pública. Los acontecimientos de Venezuela o de Irán abren los periódicos y los informativos de todas las emisoras de radio y televisión. Son dos países muy diferentes, aunque no dos regímenes tan distintos. Sí, Irán es una teocracia. Pero creo que no es exagerado decir que también Venezuela lo era. Una teocracia de ateos donde la cúpula se veían a sí mismo como dioses por encima del mal y encarnando lo que ellos entienden que es el bien. Es decir, el bien personal.

Fíjense si estos dos regímenes tienen tanto en común que ambos han sido grandes patrocinadores de la ultraizquierda en España. Y hablo de patrocinar en los términos de la segunda acepción de ese verbo según el Diccionario de la Real Academia Española: «Apoyar o financiar una actividad, normalmente con fines publicitarios». Es bien sabido que Venezuela ha dado amplio apoyo a Podemos y sus versiones varias a lo largo de los años, incluyendo becas y subvenciones para acudir allí a recibir formación revolucionaria. Y también que Pablo Iglesias ha tenido una televisión financiada por Irán. A estos retroprogres les importa muy poco que las mujeres estén sometidas en Irán, que mueran por descubrirse la cabeza o los homosexuales sean colgados desde grúas. Solamente defienden la homosexualidad en España, donde conviene promoverla lo más posible. Eso sí, una sociedad tan libertaria en materia de homosexualidad como es la del Estado de Israel, no amerita el más mínimo elogio por parte de nuestra extrema izquierda. Está visto que para ellos no somos todos iguales ante la ley. Y eso de los Derechos Humanos ha pasado a ser un discurso que cada vez más atribuyen a una supuesta extrema derecha. Y como tal inaceptable sólo por ser enunciado. Y está claro que a nuestra ultraizquierda le va francamente mal. Les falta sostén económico.

Ya sabemos lo que ha ocurrido en Venezuela y estamos contemplando con asombro una nueva revuelta popular a gran escala en Irán. Ha habido otras tres en el último lustro, pero esta parece estar arrastrando multitudes nunca vistas. Acuérdense del DRAE: se patrocina con fines publicitarios. Y es por eso que Irán y sus acólitos en los medios de comunicación españoles –más de los que uno pueda imaginar– llevan días intentando hacer calar el bulo de que esta revuelta está promovida por Israel y Estados Unidos. Intentan negar así algo difícilmente discutible: que la revuelta surgió el 28 de diciembre en los mercados de Teherán (incluido el Gran Bazar) a raíz del colapso económico y la devaluación de la moneda, antes de extenderse por todo el país. El comerciante, que vive de lo que vende, es el último en querer promover revueltas que le obliguen a cerrar su fuente de ingresos. Si lo hacen es por desesperación. No por influencia de terceros países.

Pero la dictadura todavía tiene un punto importante a su favor: la división de la oposición. Ver estos días los comunicados del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní arremetiendo contra el Príncipe Reza Ciro Pahlavi, heredero del último Shah Mohamed Reza Pahlavi es la mejor garantía de la continuidad de la teocracia asesina. Yo no sé si el Príncipe tiene muchos o pocos seguidores. Lo que sé es que, en comparación con esta teocracia, un país encabezado por él sería un paraíso. Yo sólo he tenido una conversación con el Príncipe. Fue el 1 de diciembre de 2002 en Madrid, con motivo del 40 cumpleaños del Príncipe Kardam de Bulgaria, que en gloria esté. Hacía ya 23 años del derrocamiento del Shah, y 22 de su muerte. Ahora hace más de 23 años de aquella conversación. Me pareció un hombre instruido, con visión política y voluntad de servir. Que casi un cuarto de siglo después esté dispuesto a abandonar su cómoda vida en Estados Unidos y meterse en el maremagno de la política iraní, como mínimo, amerita un respeto. Dudo mucho que consiga jugar un papel relevante, pero no dudo de que a Irán le iría mucho mejor si le dieran esa oportunidad.

E igual yo podría por fin llevar a mi mujer a ver la plaza de Isfahán.