- Sucede que Pere Navarro le ha cogido gusto al mando. Ha entrado en un modo de sargento cuando nos informa de lo que debemos hacer. Mire, Navarro, si se pone en este plan descubrirá que muchos no le aguantamos órdenes y tonito autoritario a nadie
Veo al jefe del tráfico muy bravucón. Sospecho que Pere Navarro tendrá que dar un día explicaciones por la paliza de la baliza. No vaya a ser que detrás de las más absurdas y coactivas decisiones gubernamentales haya un negocio. Vamos, negocio lo hay en todo, y bien está, salvo que beneficie a cargos públicos, o prime a los amiguetes transformistas, que hoy son especialistas en material sanitario y mañana en dispositivos de seguridad. O sea, que no son nada. Por no tener, algunas empresas beneficiarias no tienen ni empleados. Cuando la pandemia, los carroñeros brotaron por doquier. A falta de catástrofes capaces de dejar en suspenso la normativa de contratación pública, etapas de dolor donde hacen su agosto los buitres con amigos bien colocados, hay que improvisar.
De ahí la paliza de la baliza y el juego de cubiletes que se traen. Nos vendieron unas que ya no valen, y las que sí valen oficialmente no cumplen con su cometido. De hecho, empeoran la seguridad. Para entenderlo no hace falta ser un genio. Basta con ser un conductor, con o sin experiencia, y fijarse en la lucecita, que parece hecha para que no te vean. Por no mencionar el peligro que conlleva para personas con marcapasos. Todo esto es sabido, si lo comento es solo para enfatizar lo arrogante que hay que ser, Navarro, para machacarnos con inutilidades. Vosotros sois socialistas y nosotros no hemos nacido ayer, no te sorprenda que me ponga en lo peor. Una manera de aguantaros sin deprimirnos es recordar: piensa mal y te quedarás corto.
Sucede que Pere Navarro le ha cogido gusto al mando. Ha entrado en un modo de sargento cuando nos informa de lo que debemos hacer. Mire, Navarro, si se pone en este plan descubrirá que muchos no le aguantamos órdenes y tonito autoritario a nadie. Y va a ser una lástima que, a la edad que tiene, el jefe del tráfico se vaya a despedir dejando el ambiente envenenado, sin que nadie recuerde los méritos que le asisten. Porque le asisten: con él se redujo de manera muy notable la mortalidad por accidentes. ¿Por qué lo estropea?
Porque se ha puesto woke. Le colocan un micrófono delante y dice cosas como estas: «El objetivo de todos es acabar con los combustibles fósiles. Punto». Y no, tío, no es el objetivo de todos. Y el punto te lo metes… en el bolsillo mientras tengas un cargo como el que pronto se te va a acabar. O lanza: «Al centro de la ciudad no vas con eléctrico ni con diésel ni con gasolina: vas a ir con transporte público y, si tienes prisa, en taxi, Uber o Cabify. No nos equivoquemos». Que no, tronco. Si te pones así, al centro de la ciudad voy a ir como me dé la gana. Y el que se equivoca eres tú cuando rompes a hablar como los ingenieros sociales de Davos, ingeniero. O como un ‘Ursulo’ Von der Leyen wannabe. Relájate.