Pablo Sebastián-Vozpópuli
- El líder de la oposición no debería reunirse con Pedro Sánchez en La Moncloa ni en ningún otro lugar para darle oxígeno
Mientras Donald Trump mantiene, en muy distintos frentes, la búsqueda de emociones fuertes para mantener viva la llama, o el fogonazo, de la caza y captura de Nicolás Maduro en la madrugada del pasado día 3 de enero, en España Pedro Sánchez continúa tomándo el pelo a todos sus socios de extrema izquierda y del nacionalismo. E incluso al PP, con sus últimas ocurrencias en los ámbitos de vivienda, financiación autonómica y política exterior. Con propuestas (eliminar el IRPF a los ricos propietarios que no suban el alquiler) que irritan a Sumar e iniciativas de financiación autonómica para mejorar a las CC.AA. más poderosas y muy especialmente a Cataluña que aumentará en 4.700 millones su recaudación, tras el pacto de Sánchez con Junqueras, el líder de ERC al que Feijóo llama ‘delincuente’ con razón.
Lo que no le impide al líder del PP acudir, el lunes 19, a La Moncloa para hablar con Sánchez -que sigue apoyando el chavismo en Venezuela-, sobre la política exterior española y el posible envío de tropas españolas a Ucrania, si se firma la paz o una tregua en la guerra, lo que es imposible de imaginar que pueda ocurrir antes de dos años.
Más lógico sería, visto el empeño de Trump por conquistar Groenlandia, que España, siguiendo la iniciativa del presidente francés Macron, se dispusiera a enviar un contingente limitado de tropas a Groenlandia para participar en unas simbólicas maniobras militares con las que varios países de la OTAN pretenderían reafirmar la presencia atlántica en la gigantesca isla del ártico. Para escenificar los aliados de que en Groenlandia hay más expectativas para su defensa, en caso de agresión, que los ‘dos trineos con perros’ pintados en un meme con el que La Casa Blanca se ha mofado de los gobiernos de Groenlandia y Dinamarca que, de momento, le han plantado cara a Trump y le han dicho que la isla no se vende.
Ni rastro de democracia
Un disparatado presidente norteamericano que juega al poker venezolano con su ‘pareja de damas’, Delcy Rodríguez y María Corina Machado, para, de esa manera, continuar teniendo el control, ‘soy el presidente en funciones de Venezuela’, dice. Y con el principal objetivo -nada de democracia- de poder controlar el negocio del petróleo venezolano. De la misma manera que en Groenlandia Trump busca controlar sus ‘tierras raras’ y no desplegar su tan cacareada ‘cúpula dorada anti misiles’, lo que le consentiría el Gobierno de Dinamarca sin entregar la propiedad y el control de la isla. Pero con Trump se sabe que es capaz de decir una cosa y al día siguiente la contraria, como ya lo tiene demostrado. Y en ello coincide con el presidente Sánchez en España (‘nunca gobernaré con Podemos, no habrá indultos a los golpistas catalanes, traeré preso a Puigdemont y nunca aprobaré una ley de amnistía’, etc).
Este es el motivo por el que Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y la oposición, no debería reunirse con Pedro Sánchez en La Moncloa ni en ningún otro lugar para dar ‘oxígeno’ y tiempo al autócrata que se niega a adelantar las elecciones como debiera. De ahí que Feijóo, con esta visita, y por mucho que despotrique contra Sánchez tras el encuentro, va a cometer otro error con el que legitima las últimas andanzas del presidente, al tiempo que favorece las expectativas de Vox y de Abascal, hoy cercanas al 20 % de votantes y al alza en todas las encuestas electorales.
La teoría de la ‘moderación’
Sánchez se equivocó poniendo a Vox como se principal adversario porque lo ha convertido en destacada tercera fuerza política nacional (y en muchos territorios en segunda fuerza por delante del PSOE, del que recibe casi un 5% de votos). Sánchez le va a robar a Feijóo la foto en La Moncloa tras sentarlo en el mismo sillón en el que el presidente sentó a Junqueras días atrás. Todo ello, mientras Sánchez prepara unos decretos ‘omnibus’ para ver si cuelan su propuesta de los alquileres en favor de los ricos -como denuncia Sumar-, la financiación autonómica desigual para las CC.AA. más poderosas y, de paso, la actualización de pensiones para que un PP acomplejado no se le pueda escapar.
Un Feijóo que mantiene la teoría de la ‘moderación’ para llegar al poder lo que, por otra parte, levanta serias dudas sobre si, una vez en Moncloa, será capaz de Implementar un vuelco contundente y una rectificación a fondo de todos los desmanes que ha impuesto Sánchez en la política y las instituciones de este país. De ahí que sean muchos los ciudadanos y votantes del PP que consideran que el ‘voto útil’ contra el sanchismo es Vox, en la certeza de que Abascal no admitirá ninguna concesión a la herencia de Sánchez y a sus pactos con los nacionalistas y la extrema izquierda. A los que Vox causará un importante daño electoral si logra alcanzar los 60 escaños, impidiendo que el PSOE pueda renovar sus pactos Frankenstein de gobernabilidad.
El Trump que no cesa
Mientras el chavismo continúa gobernado Venezuela de la mano de Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello, los lugartenientes de Maduro, Trump no cesa en lanzar nuevos desafíos como su empeño en comprar a Dinamarca -que ha dicho ‘no’- la isla de Groenlandia. Y al mismo tiempo amenaza a Cuba, Colombia y México y exige el control del Canal de Panamá, mientras le da un ultimátum al régimen teocrático y criminal de Iran, animando a los iraníes rebeldes -sin armas e indefensos- a derribar el gobierno de Ali Jamenei, que ha sembrado de miles de muertos las calles de principales ciudades iraníes mientras Trump les dice que ‘la ayuda ya está en camino’.
Y a no perder de vista la reciente iniciativa de Trump de lanzar a la fiscalía americana de lo penal contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powel, al que pretende encarcelar porque se niega a obedecer sus órdenes en política monetaria. Lo que causó duras críticas en USA, incluso entre los senadores republicanos, y un duro e incierto impacto en las finanzas de EE.UU. y en las Bolsas internacionales. Confirmando todo ello la deriva autoritaria y autocrática de Trump que, ahora hace cinco años, se inició con el asalto al Capitolio por parte de unos vándalos a los que Trump jaleó (y luego indultó) para impedir, con ello, que el Congreso no validara la elección presidencial de Joe Biden. El ex presidente USA del que Trump no para de mofarse con infantiles actuaciones impropias de un Jefe de Estado de tan importante país.
Un neoimperialista al margen de cualquier norma o legislación internacional, al que no se atreven a hacerle frente ni las instituciones y la naciones de la Unión Europea, ni sus aliados de la OTAN a los que Trump trata con notable desprecio y con la complicidad callada del secretario general atlántico, Mark Rutte. Una crisis que se proyecta sobre la pretendida invasión de Groenlandia por parte de Trump que va a poner a prueba a las principales naciones de la UE y de la OTAN. Mientras en Moscú Vladimir Putin se relame gustoso (como el gato que acaricia en su televisión) ante la posible ruptura de la OTAN que le facilitaría su victoria en Ucrania. Y todo ello cuando China medita la caza de Taiwán como una respuesta a un intento de Trump de boicotear las exportaciones ‘decisivas’ del petróleo iraní al gobierno de Pekín.
Y así parecen estar las cosas al día de hoy en España, la escena europea que nos concierne y en el ámbito internacional. Aunque todo esto podría cambiar en cuestión de días y en cualquier momento a nada que a este Trump pretencioso y enloquecido se le cruce un cable, y en vez de hacerle una ‘peineta’, como le hizo a un trabajador que le acusó de tapar a Epstein, decida poner en marcha una nueva y desbocada operación militar.