
Ayer a mediodía hora española llamé a nuestro querido Ramón Arcusa para pedirle que escribiera el comentario de hoy para la Argos, petición a la que accedió con la amabilidad que suele. Él conoce com casi nadie a Julio Iglesias, 19 años de convivencia. Helo aquí:
A veces, las apariencias engañan y lo que vemos a simple vista no refleja la realidad completa. Incluso existen muchas cosas que no se pueden explicar. Porejemplo, lo que ocurre en el interior de una alcoba con la puerta cerrada donde al parecer unas tienen más credibilidad que otros.
Me han pedido que escriba sobre el tema de Julio Iglesias y la denuncia que unas supuestas empleadas han formalizado a través de una enigmática asociación Women’s Links Worlwide, de corte feminista radical como avanzan orgullosamente en su ‘quiénes somos’.
Lo primero que voy a significar es que he estado trabajando con Julio casi 19 años seguidos como compositor, productor, arreglista musical, y, después ocasionalmente, cuando me lo ha pedido. Conozco bien a Julio. He convivido con él en sus casas, en hoteles e incluso en alguna vacación juntos, y pasado
interminables horas trabajando en estudios de grabación. Sus casas no son ‘casas de horrores’ como en TVE se han apresurado a adjetivar, sino unas bellísimas mansiones con media docena de perros, cuatro gatos, cinco adolescentes y mucha gente trabajando para que todo funcione, como es de suponer. Y donde reina la paz de un orden, que Julio propone y dispone. El trato de Julio con las mujeres que se le han acercado, admirado, rodeado, querido, ha sido siempre cordial, amigable y respetuoso: efusivo si me apuran.
Lo diré de una vez: no me cabe en la cabeza que Julio haya podido abusar sexualmente de ninguna mujer. Si ha habido algo, ha tenido que ser con previo consentimiento. Y la razón es, porque nunca lo ha necesitado, pero, sobre todo, porque no es su estilo. El relato de esa investigación (que, por lo leído, y si han tardado dos años en terminarla, podríamos decir sin lugar a equivocarnos que,
en esdiario, o son vagos o ineficientes, ya que podían haberla escrito perfectamente en un par de tardes de café), ese relato de las demandantes, repito, no se compadece, no se corresponde con el Julio que yo conozco. Para nada.
Pocas veces hemos visto en España a todas las cadenas de televisión a la vez, devorando detalles a fin de llenar sus horas y espacios con esta noticia y sus circunstancias. Ciertamente era golosa mediáticamente dada la importancia del demandado. Los buscadores de contenidos han escudriñado hasta el fondo el
baúl de la intimidad de Julio en busca de cualquier cosa, cualquier indicio por nimio que fuera, que confirmase lo que ya habían decidido de antemano erigiéndose en jueces: que Julio era culpable. Eso, a pesar de blasonar over and over su querencia por la manida presunción de inocencia, para que no se diga, claro.
Yo he manifestado en casi todas mis apariciones que, de acuerdo con Agatha Christie, el primer sospechoso de un asesinato es el que resulta beneficiado de ello. En este caso (asesinato moral y profesional), existirían dos claros beneficiarios: en primer lugar, el Gobierno, que con ello consigue que la atención y difusión de sus trapacerías pase a un segundo plano, y, el nada desdeñable y suculento puñado de dólares de indemnización si las demandantes consiguieran su objetivo.
Justamente, Teresa Giménez Barbat, escritora, exdiputada en Bruselas y cofundadora de Ciudadanos y yo, hemos terminado de escribir un libro de conversaciones (no aptas para progres), que hemos titulado ‘No lo compres, no te va a gustar,’ donde nos metemos en todos los charcos sociales con la esperanza de que lo menos elegante que nos llamen sea facha. Lo digo porque allí, tratamos en varios capítulos de poner negro sobre blanco con ‘la insoportable murga feminista’ (© Josu de Miguel), y donde explicamos que en el mundo woke también existen los hombres, también a veces maltratados, y que
están en teoría protegidos por la Ley de Igualdad, aunque haya casos que no siempre lo parezca. Y lo que quiero significar con eso es que hemos de creer en la presunción de inocencia del demandado con la misma inocente posibilidad de que haya sido un montaje más o menos organizado con intenciones espurias, cosa que la Justicia tendrá que desentrañar y sentenciar.
No sabemos cómo terminará esto, pero lo que sí queda claro es que han herido gravemente la carrera y la honorabilidad de Julio Iglesias. El estropicioes enorme, inconmensurable, dada la grandísima popularidad en todo el mundo de nuestro cantante más internacional. Le queda, pase lo que pase, el consuelo de los millones de adhesiones, que, aunque bienvenidas, no paliarán el destrozo
ocasionado no importa ya cual sea la sentencia.
Y permitan que repita mi comienzo: el relato de esta investigación, no se compadece con el Julio real que muchos conocemos y admiramos.