- El sondeo de El Debate apuntala una abrumadora victoria de la derecha y lanza un mensaje a PP y VOX
El sondeo que hoy publica El Debate viene a consagrar una conclusión nada inesperada: España está cansada e indignada con Pedro Sánchez y todo su montaje de pequeños partidos antisistema y nacionalistas y la victoria de la derecha es inexorable, irreversible y abrumadora.
Las únicas incógnitas son en cuanto superará la suma del PP y VOX la mayoría absoluta, garantizada según la encuesta, y cuál será el reparto de escaños exacto entre ambas opciones, condenadas a entenderse. Porque a la evidencia de una nueva victoria de los populares frente al PSOE se le añade la enorme subida de VOX, en lo que supone un mensaje claro de los ciudadanos.
Quieren entregarle a la conjunción de ambos partidos un mensaje no solo de relevo al llamado sanchismo, un sistema que borra las fronteras democráticas, institucionales y sociales de la España constitucional; sino también de reversión de la hoja de ruta destructiva que el líder socialista ha ido aplicando, por peaje de sus socios y ya por convicción populista personal.
La legítima competición entre el PP y VOX no puede superar en intensidad a lo que les une y al rechazo conjunto a Sánchez, ni tampoco colaborar en la burda presentación de esa alianza como un peligro para España: el problema en estos años ha sido y es la extrema izquierda, no ese fantasma imaginario de la ultraderecha con el que simplemente se ha querido blanquear la naturaleza nefanda de los pactos de un perdedor con grupúsculos antisistema, sin otra cohesión ni interés que un lamentable intercambio de poder y favores.
Que en este contexto el CIS haya difundido un estudio que otorga la victoria al PSOE, con una manipulación obscena con la que se quiere inducir el voto en una parte de la opinión pública, demuestra que Sánchez se resistirá a celebrar unos comicios en un clima de sosiego y que agitará las peores banderas y usará los recursos públicos para intentar revocar lo inevitable: otra derrota histórica, como casi todas en su caso, sin margen de apaño por el impúdico proceso de compraventa de votos.
El PP puede estar razonablemente satisfecho de la tendencia de los sondeos, pero también inquieto por la magnitud exacta de su victoria, que le aleja de la posibilidad de gobernar en solitario. Y VOX debe estar muy satisfecho de su resultado demoscópico, pero no debe olvidar quién en su rival y quién su aliado natural, facilitando un cambio en España que no será sencillo ni pacífico ni en el caso de que ambas formaciones rocen los 200 escaños.
Porque el sanchismo seguirá, muy probablemente, incluso cuando Sánchez sea desalojado de La Moncloa y se reinvente a sí mismo como secretario general del PSOE, posible jefe de la Oposición y autoproclamado icono global de la lucha contra las fuerzas reaccionarias, que para él son todas las occidentales más que los populismos caribeños o los integrismos orientales.
Y esa hipótesis incluye agitar la próxima legislatura, empiece cuando empiece, seguir fracturando la convivencia y hacer irrespirable la democracia. PP y VOX deben hacen primero su trabajo, en las urnas, pero ya podrían ir pensando cómo gestionar el día después. Con seguridad, no será nada cómodo.