Editorial-El Correo
- El acuerdo entre la UE y Mercosur constituye una oportunidad comercial única para España
Los jefes de gobierno de la UE y Mercosur firmaron el sábado uno de los acuerdos más relevantes de la historia económica reciente. El Mercado Común del Sur fue fundado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y posteriormente creció con la incorporación de Venezuela –cuya membresía fue suspendida después– y Bolivia como miembros plenos, así como otros siete ‘Estados asociados’. El acuerdo con la UE, logrado después de 26 años de negociaciones y acelerado a la vista de la guerra arancelaria de Trump, supone la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo, que estará integrada por 31 países que representan la cuarta parte del PIB mundial.
No es sólo un pacto comercial: es una decisión geopolítica y estratégica de primer nivel. El acuerdo reivindica un orden multilateral basado en reglas y en el comercio libre. Gracias a la reducción de los aranceles, muchos sectores se verán beneficiados –como el textil, la automoción, la maquinaria, la industria farmacéutica y la química–; sectores que encuentran en Europa un terreno agotado y ante los cuales se abre un mercado con 720 millones de consumidores, hasta ahora difícilmente franqueable. En efecto, se prevé que el 92% de los intercambios comerciales queden libres de aranceles en 15 años, las exportaciones crezcan en un 40% y se creen casi medio millón de nuevos puestos de trabajo. Además, Europa podrá acceder a nuevas fuentes de materias primas esenciales, que los países de Mercosur poseen en abundancia. El potencial para las empresas españolas es particularmente significativo, dado que éstas acumulan experiencia en estos mercados y tienen gran capacidad de adaptación a ellos.
Aun con todo, el éxito del acuerdo dependerá de muchas variables. Para que las oportunidades alcancen al conjunto del tejido empresarial, será necesario que se impulsen mecanismos eficaces para la internacionalización y se garantice la competencia efectiva en el mercado. En este sentido, es preciso tomar en serio las críticas del sector primario al acuerdo; a su juicio, aquél queda expuesto a empresas extranjeras que ahora podrán exportar a la región sin cumplir las mismas exigencias sanitarias, ambientales y de bienestar animal. En todo caso, no cabe duda de que se trata de una oportunidad histórica para la UE y una defensa acertada de los valores europeos frente a un orden mundial en crisis.