Manuel Marín-Vozpópuli

  • Son conceptos que al sanchismo les suelen chirriar. Como que no. No es la transparencia lo que avala precisamente la trayectoria de Sánchez.

Con la tesis doctoral empezó todo, que diría Piqué. La tesis doctoral con la que Pedro Sánchez se convirtió en todo un doctor en Economía por la Universidad Camilo José Cela de Madrid se titulaba ‘Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012)’. El que fuera doctorando presentó su investigación, y la defendió, ante un tribunal en noviembre de 2012. Ahora, pasado el tiempo y comprobado qué es el sanchismo y hasta dónde está dispuesto a traicionarse a sí mismo haciendo exactamente lo contrario de lo que prometía cuando era líder de la oposición, lo menos relevante es si el tribunal de su tesis estaba compuesto por una mesa camilla de amigos más dependientes que independientes, o si estaba plagiada, como acreditó ABC con un exhaustivo análisis párrafo a párrafo. Sánchez es un economista doctor, o un doctor economista, tanto da. Necesitaba un revestimiento de dignidad académica y el resultado fue ese. Apto cum laude y a otra cosa.

Hoy Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, y acaba de anunciar la creación de un ‘fondo soberano’ para impulsar el crecimiento y la transformación de la economía española. Todo ello, sin siquiera intentar la aprobación de los Presupuestos Generales, la ley anual más importante de cualquier legislatura. Más allá de que tenga visos de convertirse en el primer presidente del Gobierno incapaz de aprobar unas cuentas públicas en cuatro años de legislatura, una anomalía que nuestro sistema consiente de forma inexplicable, el fondo soberano tiene un solo objetivo: articular la fórmula jurídica —legal y legítima, por otro lado— que le permita intervenir en consejos de administración de multinacionales, tomar sillones en grandes empresas estratégicas, y un control total de su actividad desde La Moncloa. Poner y quitar peones. Influir. Decidir. Y cobrar. Y todo ello, con 10.500 millones de fondos europeos que no habría podido ejecutar ni justificar de ningún otro modo.

La maniobra es sencilla. Bajo un instrumento de ingeniería económica, Sánchez pretende multiplicar su intervencionismo en las finanzas españolas a través del ICO, como una suerte de SEPI ‘bis’, bajo la respetable carátula de un ‘fondo soberano’ y la ejemplaridad de Noruega como antecedente. Habrá que esperar a conocer la letra pequeña de semejante anuncio para conocer si realmente se constituirá de un modo idéntico al de Noruega, cuyo ‘fondo soberano’ está sometido a mil controles, funciona bajo unas estrictas normas de gobernanza y, naturalmente, con absoluta transparencia. Y esos son conceptos que al sanchismo les suelen chirriar. Como que no. No es la transparencia lo que avala precisamente la trayectoria de Sánchez. Pero ahí está el innovador… con su tesis ‘Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012)’.

Un fondo soberano es una herramienta muy útil para garantizar inversiones. Pero dependiendo de cómo se regule, esos 10.500 millones de euros, más los 120.000 adicionales que Sánchez pretende sumar como inversión, pueden convertirse pronto en la coartada —avalada con el dinero europeo y la reafirmación de la Comisión— para que el Gobierno se adueñe de ámbitos estratégicos de las comunicaciones, la construcción, las infraestructuras o la defensa. Todo apunta a ello. Una herramienta útil y una excusa biensonante edulcorada con palabras agradables… para seguir asaltando consejos de administración e injerirse en cada recoveco de la actividad económica estratégica. Sin más. Y quizás, el penúltimo intento de ‘colocar’ a afines en posiciones estratégicas para cuando haya que convocar elecciones, no vaya a ser que el PSOE pueda quedar en precario.

Era premonitoria la tal tesis doctoral. La ‘diplomacia económica española’ era esto. Como lo es rellenar el BOE toda esta semana con convocatorias de empleo público para decenas y decenas de cargos en ayuntamientos y entidades con las que ir recolocando a militantes y simpatizantes ante la previsión de una debacle electoral continuada entre 2026 y 2027. O como lo es idear una financiación autonómica a la que se oponen todas las autonomías, excepto Cataluña (5.700 millones de balde, más otros 1.000 de fondos europeos como bonus), dando forma a algo que no solo no figuraba en el programa electoral del PSOE, sino diseñando un modelo a la carta para Cataluña al que además se opuso frontalmente María Jesús Montero cuando era consejera de Hacienda de Andalucía. De una María Jesús a otra María Jesús solo distan el estado de necesidad y una chirigota. ‘Tó pa mí’.

Naturalmente que Sánchez sabía lo que hacer con el dinero de todos. Mucho mejor que Ábalos, Cerdán, Koldo, Begoña Gómez, su asesora o su hermano David. Sólo había que esperar a que vinieran mal dadas, reservar en un cajón bajo llave 10.500 millones de euros, y diseñar la excusa ideal para suplantar una parte de los Presupuestos del Estado, y de paso hacer acopio de una guardia pretoriana de leales en consejos de administración para escenificar quién manda aquí de verdad, y para qué se atornilla a La Moncloa hasta 2027. Es la nueva seña de identidad de una economía basada en el cortijismo expansivo y los bolsillos forrados. Creímos que iba de política, de estrategias, de supervivencia, de democracia… Y qué va. Todo era cuestión de dinero. De crear el verdadero escudo social para cuando el sanchismo tenga que disolverse. ¿Qué podría salir mal? ¡Es la ordinalidad, imbécil!